Resulta estimulante disfrutar de una banda exactamente en su momento de ebullición y que no te lo cuenten un tiempo después. Que para Melange lo vaya a seguir siendo no lo ponemos en duda, nada apunta a ello y podría decirse que esto acaba de empezar, pero lo único que podemos asegurar es que anoche en Joy Eslava lo fue. Y eso ya no se lo quita nadie. La mezcla de rock setentero, psicodelia y folk del grupo había cautivado a muchos con un debut homónimo publicado en 2016, algo que se terminaba de confirmar con Viento bravo, autoeditado vía Discos Tere y Beyond Beyond Is Beyond Records y favorito de la redacción madrileña de MondoSonoro en su repaso a lo mejor del año.

¿Sería la Joy Eslava demasiado para ellos a estas alturas? Podríamos pensar en un primer momento. Y aunque no estuvo cerca el aforo completo, y a riesgo de resultar blando, cabe valorar al público cualitativa y no cuantitativamente. Podría decirse que fue uno de esos conciertos en los que estábamos todos, más los que lo pretendieron pero no pudieron escaparse un jueves. Repleto además de músicos de la escena madrileña y alrededores, caso de Maika Makovski, Los Bengala, Aurora & The Betrayers o The Government. Un dato que va más allá de la anécdota, y es que Melange es de esos grupos que consiguen que te gires a mirar, por lo ensimismada que sea tu existencia el resto del tiempo.

Abría el concierto un veterano del underground como Javier Colis, tremendo lujo para Melange, agradecidos y confesos admiradores de un artista entregado desde siempre a la experimentación. Solo con su guitarra, grabándose en directo para añadir varias capas a su sonido, Colis repasaba su repertorio en solitario en un breve concierto, con temas como Espiral e incluso alguna novedad como Oh, dioses. Cumpliéndose horarios, en Joy Eslava quizá no quede otra pero siempre es de agradecer, llegaba el gran momento y saltaba al escenario el grupo formado por Miguel Rosón (guitarra), Daniel Fernández (bajo), Sergio y Adrián Ceballos (guitarra y batería) y Mario Zamora (sintes y órgano).

Sin grandes alardes, cero escenografía y ningún espectáculo más allá de sus propias canciones, el quinteto ofrece al mismo tiempo una presencia entre cercana y auténtica. No pretendida pero totalmente convincente. Sin mayor preámbulo, sonaba ya La cosecha, uno de sus temas más reconocibles, comenzando por todo lo alto un concierto del que no se recuerdan las partes soporíferas en las que a veces caen bandas del estilo, predominantemente instrumentales y con tendencia a tocar para ellos mismos. Melange ha dado con un equilibrio entre la complejidad y su naturaleza de grupo accesible, despertando la curiosidad de un público heterogéneo. Las primeras filas eran reflejo de ello. Desde el musiquero exigente, de conocimiento enciclopédico y amante del folk y variantes, al heavy clásico pero de mente abierta, seducido por los aires de progresivo de la banda. También profanos nada acostumbrados a este tipo de música, que tras el concierto reconocían lo evidente.

Un concierto que avanzaba en el repaso a su primer disco doble y al celebrado Viento bravo, del que extraían canciones como Oxi, introducida por un Sergio Ceballos entusiasmado pero algo contenido, en una de esas noches en las que te encantaría liarla pero te lo piensas dos veces, o ya en la parte final canciones como Armas preparadas y, por supuesto, Solera, de su debut, por si aún quedaba alguien por allí no convencido de su estado de gracia. Mención especial a otro Ceballos, Adrián, con una destreza definitivamente única a la batería. Así, a la salida se vendían las 2 últimas copias de su último disco y nos marchábamos con el corazón contento, conscientes de haber estado en el momento ideal.