Hay que admitir el status que ha adquirido la banda de Atlanta al comprobar el gran poder de convocatoria alcanzado entre los acólitos del metal y el rock. De hecho su salto de Relapse a una multinacional como Warner habla de su nueva condición de rock-stars. Solo bastaba con observar la descomunal hilera que contorneaba la sala de la ribera del Manzanares para darse cuenta que han mutado en una banda apta para el gran público. Toda una paradoja si uno se atiene a lo díscola que resulta a veces su intrincada propuesta. Y es que si en un principio, la actuación se iba a realizar en la céntrica discoteca Joy Eslava, la apabullante demanda obligó a cambiar de emplazamiento ante las lógicas limitaciones del aforo.
Camisetas a diez euros con la portada de “The Hunter”, el álbum que presentaban ante la audiencia, y latas de cerveza bien frías en los alrededores de la entrada, constituían buenos reclamos antes de enfrentarse a unos teloneros de lujo como eran Red Fang. Su stoner-rock de alto voltaje solo se vio lastrado por el minutaje, apenas media hora rácana de actuación, y por las obvias limitaciones de potencia sonora en detrimento de los cabezas de cartel. Aun así la actitud y la entrega vieron compensadas la balanza a su favor. Los sonidos orquestales que precedían a “Dry Bone Valley” anticiparon la épica con la que iniciaron su incursión Mastodon. Uno de sus números más líricos sirvió para prender la mecha de un concierto que fue adquiriendo mayor nitidez en un sonido bastante apagado y opaco en su primera mitad. La gravedad de “Black Tongue” dio paso a “Cristal Skull”, con esas percusiones lo-fi en su inicio y una posterior cabalgada heavy-metal en toda regla. Siguieron con “I Am Ahab”, una de las canciones insignia de “Leviathan”, el álbum en el que homenajeaban la figura literaria creada por Hermann Melville, la ballena blanca Moby Dick. Los aires iniciáticos de math-rock de “Capillarian Crest” mostraron una de las mejores bazas progresivas de los de Georgia. Habría que destacar los impactantes juegos de luces que se movían en todas las direcciones del escenario jugando con una gama de colores cálida que basculaba entre el azul, el verde y el rojo. “Colony Of Birchmen” retrotraía a una psicodelia con tintes grunge, que volvió a encender el piloto progresivo con “Megalodon”, otro claro exponente del buen hacer instrumental de los norteamericanos. “Thickening” viró a los ambientes densos y pantanosos que se disiparon con la furia melódica de “Blasteroid”, con unas melodías dignas de los mejores Foo Fighters y un entramado instrumental cargado de quiebros rítmicos para quitarse el sombrero. “Sleeping Giant” volvió a los derroteros de un rock sinfónico con cierto deje a los primeros King Crimson o Gentle Giant. “Ghost Of Karelia” rebajó la intensidad del metrónomo para envolver la pista con aires crípticos. “All The Heavy Lighting” recuperó el indomable desparpajo y las esencias puramente roqueras del cuarteto. A partir de ese momento el sonido se asentó y adquirió una mejor definición y empaque. “Spectrelight” subió las cotas de ferocidad con elementos similares al de ese metal nórdico que tan bien ensamblan The Haunted. Los riffs proto-heavys de “Curl Of The Burl” remitían a la oscuridad de los primeros Black Sabbath, y cualquiera que cerrara los ojos diría que estuviera delante de los de Ozzy Ousborne y Tony Iommi. “Bedazzled Fingernails” dejó al descubierto la imaginería que les hizo acreedores de militar en un sello como Relapse, junto a titanes progresivos como Don Caballero o Dysrhythmia. La inquina volvió de la mano de la agresiva y epatante “Circle Of Cysquatch”, que no cedió en intensidad de la mano de “Aqua Dementia”, sinuosa como una escurridiza serpiente. No faltaron en la cita temas emblemáticos de la talla de “Crack The Skye”, con ese inicio caballeresco digno de una saga de la Edad Media, o “Iron Tusk”, una de sus creaciones más reconocibles. Por no hablar de los endiablados dibujos de guitarra de “Where Strides The Behemoth”, donde se aprecia mejor el impacto que ha supuesto el death-metal en los de Georgia. Cerraron la noche la triada de “March Of The Fire Ants”, la sinfónica “Blood And Thunder” y “Creature Lives”. El balance no pudo ser más alentador: lleno hasta la bandera y respetable entregado hasta la médula, y que no cesaba de corear sus temas más populares. En resumen, una noche de rock sin concesiones.