Paradojas de la vida. La plana mayor del Seattle de principios de los noventa sonaba atronadoramente en la nueva (y flamante) sala Azkena Gasteiz de Vitoria minutos antes del concierto, y los allí presentes no podíamos sino sentir cierta nostalgia por el capítulo de un libro totalmente cerrado en la historia del rock. ¿Totalmente? No es del todo cierto. Si bien parece que los Screaming Trees han pasado a mejor vida, lo cierto es que Mark Lanegan (con su impecable carrera en solitario) es un corredor de fondo, uno de los pocos artistas capaces de sobrevivir a esta maraña de indefinición musical y fugacidad con que la industria castiga a quien no sea capaz de mantener su trono. ¿Quién necesita eso? Adornado por un sonido sencillamente inmejorable, el taciturno y permanentemente serio Lanegan salió a escena como Jake La Motta, agitando al viento unos golpes invisibles, nervioso pero a matar. Y es ahí donde surgió una de las voces definitivas del rock de los últimos diez años, forjada a través del tabaco, los escenarios y su obsesión por los cantautores oscuros, con un repertorio casi perfecto: “Pendulum”, “Because Of This”, “No Easy Action”, “Don´t Forget Me”, “Field Song” (estas tres de su último álbum homónimo), junto a las escalofriantes versiones del impresionante “I´ll Take Care Of You” destacando la citada, además de “Creeping Coastline Of Lights”. Todo ello en una breve pero intensa hora que voló la cabeza de los allí presentes, con una banda en estado de gracia que oscilaba entre arrebatos eléctricos y una calma tensa liderada por el habitual Mike Johnson. Entonces ocurrió: Mark Lanegan esbozó una media sonrisa (!) al comprobar a una audiencia volcada con él, por lo qué ofreció hasta tres bises, coronados por una poderosa versión de Screaming Trees, “Gospel Plow” (¡por fin!), durante los que, más que nunca, vibramos con los maravillosos efectos del tabaco sobre el talento y la integridad. Jamás pudimos disfrutar de Jim Morrison, Tim Hardin o Nick Drake en persona, pero podremos jurar a nuestros nietos mientras se destrozan los ojos con la Playstation 5 que una vez Mark Lanegan nos dejó en estado trance. Cosas del abuelo.