El algodón de taquilla no engaña: Marilyn Manson ya se han subido al trono de los vanagloriados por el marketing más fiero y perspicaz. Sí, justo ahí, donde habitan Oasis (duele, ¿eh?), Blur, o, ¿lo digo?, Spice Girls. Exactamente los mismos ingredientes:niñas y niños histéricos al servicio de los primeros brotes de rebeldía adolescente balbuceando a lo largo y ancho de un recinto abarrotado (más lleno que cuando lo de Blur); teatralidad circense fundamentada en una puesta de escena, lo reconozco, magnífica,encargada de hacer rentable el precio de entrada; y, cómo no, una nefasta banda sonora de fondo para aclarar que aquéllo, pese a todo,seguía siendo un concierto de música. Quedan para el recuerdo el numerito dictatorial de la tarima (lo mejor de la función), las falsas pero impactantes auto lesiones del reverendo (?!) y un par de furibundos picotazos que le dieron al sufrido pero millonario Manson cuando los restos del vino que acababa de engullir hicieron contacto con el micro. Para el olvido, la infame versión de Sweet Dreams» (incluso la adaptación de Nas tiene más ingenio) y un aborrecible hilo musical que siguen intentando colarnos como el más extremo y corrosivo de la década, pero que se queda en una vulgar colección de temas a medio camino del heavy cutrón y el hard-rock pastelero camuflados entre aderezos de rock industrial de Corte Inglés. Helmet sonaron horrible, y pese a todo, fueron la única banda de la noche que aportó dignidad a un listado de temas (espléndida Just Another Victim») que echó en falta la inclusión de Meantime». En esta gira, siguen fuera de contexto. Como Pist. On, a quienes la máscara de la modernidad vía Pantera no les sirve de nada a la hora de intentar disimular su fijación heavy-ochentera. Va, dejémoslo en entretenido.