Se avecina una noche curiosa previa a festivo y nosotros nos acercamos al Mareak Jaialdia en el Kafe Antzokia de Bermeo, donde planeamos ver tres bandas singulares: Aries, Los Amantes y Black Market Karma para cerrar. Los que no somos muy de la secta del positivismo miramos con cierto recelo cuando se nos habla del pop más lúdico, pero pronto nos sentimos como en casa al entrar en la sala y hacemos tiempo tras la incursión de rigor en el bar de enfrente, que hace las veces de sala de espera.

La primera en salir a escena es Aries (foto encabezado), nombre que engloba la aventura en solitario de Isabel Fernández Reviriego, miembro de la extinguida banda getxotarra Electrobikinis. Como curiosidad cabe comentar que Isabel es hermana de Virginia Fernández, batería de una de nuestras bandas predilectas, Last Fair Deal, desde que les viéramos junto con Sex Museum en Bilbao allá por el 2014 y quien también ha tenido su parte de aportación en este nuevo proyecto.

Cuando se dispone tras su mesa de operaciones, nos preocupa el impacto que pueda tener verse en la comprobación de que se está asistiendo a un evento en el que la palabra “minimalista” adquiere su máxima expresión. El público es escasísimo. Pero Aries se desquita, ella es autosuficiente. Empiezan a retumbar los graves en nuestro interior y enseguida encandila al público. Me apuntan que suena como Grimes y es cierto, desarrolla un pop colorista con sonidos electrónicos, ambientado con la proyección de imágenes evocadoras que nos acompañan todo el viaje. Hay que apuntar que se le podía haber dado mejor sonido, más teniendo en cuenta que estábamos en una sala que muchos envidiarían y sin embargo su voz se perdía entre el ruido.

Acaba Aries y resulta que ya nos hemos dado cuenta de que este encuentro será especial, flotamos un poquito y nos dejamos abrazar por el calor que invade poco a poco el ambiente. Desde ahora puedo decir que Los Amantes van a ser el delicioso descubrimiento de la noche. Aparecen en forma de trío liderado por la voz de Patricia Escoin, a quien se la reconoce por haber estado embarcada en Lula y Los Romeos.

Empiezan a tocar sin rodeos, ejercitan un estilo power pop claramente influenciado por, entre otros, el sonido garaje. Gran parte de la actuación se centrará en el repertorio de su disco “Open 24 hours”. Suena “Rojo y azul”, las canciones fluyen y empezamos señalando cómo nos gusta la cantante, ataviada con una Telecaster y dominando el escenario, se nota la experiencia acumulada con anterioridad. Cuando suena “Asesinos conocidos” su voz recuerda a The Soviettes y toda la ola riot grrrl. Hay algo originalmente ramoniano en ella que nos enamora. Nos señalan que el bajista acude como sustituto del miembro permanente de la banda, suena con fuerza y nos alegramos de la elección, ¡cómo nos gustan!

En “Cien años” cantan que quieren ser dueños del tiempo, aún no es tarde. No quieren cambiar, ni envejecer, ni que las cosas se extingan. Nos sentimos un poco así esta noche. La pasión del batería se contagia de forma inevitable, nos encanta ver que hay gente que cree en lo que hace, que le es indiferente golpear ante treinta o treinta mil, ¡pues sí que nos gustan!
Como ocurre tantas veces, se juntan una noche inesperada, un grupo con entusiasmo y, ya sabemos que hemos ganado. Los castellonenses nos dicen que han tenido algún percance en la carretera hacia Zaragoza, que qué afortunados han sido, pero no hay mal que por bien no venga, esta noche tienen un puñado de nuevos fans esperando que vuelvan de nuevo.

Con Black Market Karma (foto inferior) tienes dos opciones, o te zambulles en el trance, o intentas sobrevivir entre sudores fríos a canciones de más de siete minutos en un recital de lo que alguno antes lo ha definido como el insondable mundo de la música etérea. Los de Londres combinan una amalgama de estilos musicales en los que confluye el pop psicodélico, el dream pop y otras lisérgicas variaciones.

La puesta en escena ya es curiosa, una barrera de guitarras muy raras, tres en total y una Vox de 12 cuerdas (dónde vas sin guitarra), el batería a un lado contemplando a los demás y un equipo de amplis entre los que vemos un Vox ac-30 y otros vetustos especímenes. Los británicos nos miran curiosos y nosotros a ellos, la ‘pelliza’ del cantante era difícil de entender.

En directo suenan diferentes y con más fuerza que en disco, aun así, pueden resultar densos y repetitivos. Con ocho discos publicados desde el 2012, son un bicho raro en el mercado actual dominado por la producción de singles, por lo que nos preguntamos si pecan de cierta incontinencia musical donde no buscan un sonido original o poco manido, sino que nada se desecha.

De entre el extenso material con el que cuentan, suenan temas positivos como la nueva “Urchin”, “Coming Down and about” o “Igloo” que nos suben hacia arriba, otros como “Jokerjam”, “Semper Fi” o “Skullgroover” que mantienen balanceante al público, acercándonos al estilo neo-hippie de los First Communion Afterparty, o al pop de los más conocidos The Jesus and Mary Chain. La gente permanece enganchada al ritmo hipnótico de la banda y se mantiene fiel incluso en los bises. En definitiva, un grupo curioso para una noche curiosa de la que salimos un poquito más sabios y una sensación complacencia en el cuerpo.