Lo que hace tan bueno a Marc Ribot no es su asombrosa expresividad como solista, su personalísima técnica o sus múltiples universos musicales. Lo mejor del guitarrista es que encaja perfectamente en cada uno de los muy diferentes proyectos en los que participa, y lo hace sin comprometer un milímetro de su personalidad. Ribot siempre es, antes que nada, él mismo, toque lo que toque: jazz, punk, pop, folk, rock, soul, ambient, blues, klezmer, funk… Lo toca todo, aunque en el fondo siempre toca lo mismo, es decir, “el puto Marc Ribot a la guitarra”. Ese es su estilo principal, un infeccioso e imparable carácter que actúa como un poliédrico banco de niebla, envolviendo todo lo que se le pone por delante.

El pasado martes el guitarrista aterrizó en Bilbao con Ceramic Dog, una de sus tres bandas activas más importantes junto a su trío con Henry Grimes y Chad Taylor y los más recientes Young Philadelphians, con los que ha pasado unas cuantas veces por nuestro país en el último año (crónica concierto Donostia 2015). Mientras que su trío con Grimes y Taylor mira más directamente al free-jazz y los Young Philadelphians es su carta de amor al funk y el legendario sonido de Philadelphia, Ceramic Dog es un trío que aúna cierta estética y carácter punk con una enorme herencia de la rupturista escena del downtown de Nueva York en los 80, de la que el propio Ribot fue protagonista junto a los Lounge Lizards, John Zorn y muchos otros.

Su concierto en Bilbao fue precisamente una versión actualizada de gran parte de los preceptos rupturistas que se cocinaron en locales como la Knitting Factory y el CBGB durante aquella década, uniendo suciedad con libertad, contundencia, intensidad y un elocuente sentido del discurso instrumental.

Ceramic Dog es el juguete de Ribot y juega con él como le apetece, escupiendo letras nihilistas y liberando sus improvisaciones sobre la aplastante maquinaria del trío, inmejorablemente impulsada por la batería del acojonante Ches Smith, que tiene en esta banda un contrapunto perfecto a sus sugerentes proyectos junto a Mat Maneri y Craig Taborn, el pianista Matt Mitchell o los laberínticos Snakeoil de Tim Berne.

Echando la vista atrás, hay que decir que el concierto de Bilbao sonó algo menos explosivo y beligerante que en lo que escuchamos cuando el grupo se estrenó hace 8 años, pero Ceramic Dog sigue siendo un excitante torbellino de estímulos acústicos en el que confluyen muchas músicas para resultar en una sola: la de Ribot. La de “el puto Marc Ribot a la guitarra”, y nada más que esa.

014-marc-ribots-ceramic-dog-25x16-por-dena-flows