La suya fue una batalla perdida desde el principio. Primero tuvieron que lidiar con los pusilánimes del shoegazing, y después con el infantilismo brit-pop. En ambos casos, The Godfathers perdieron. Pero su sonido correoso, basado a partes iguales en el rhythm & blues (vía pub rock) y la actitud punk, mantiene la pegada a pesar del tiempo transcurrido y los baches del camino.

Volvían para celebrar treinta años de trayectoria, y aunque de la formación original solo queden los hermanos Peter (voz) y Chris Coyne (bajo) y desde 1995 solo hayan editado un disco, “Jukebox Fury” (2013), tanto la banda como el público eran conscientes de que no importa tanto el futuro (avanzaron dos anecdóticos temas de su nuevo álbum) como el pasado. Y con el pacto sellado por ambas partes, fue fácil que la noche discurriera por cauces satisfactorios.

Es cierto que ya no son los de antes y que su repertorio tiene altibajos, pero también que “I Want Everything”, “Cause I Said So”, “If I Only Had Time”, “She Gives Me Love” y, por supuesto, “Birth, School, Work, Death”, todavía son clásicos infalibles. Por eso los tocaron todos, recibiendo una excelente respuesta por parte de los numerosos asistentes. Los guitarristas Mauro Venegas (The Rocks, Jonny Cola & The A-Grades) y Steve Crittall (The Innocents, The Name), así como el batería Tim James, cumplen su papel a la perfección, y aunque en el tramo final del concierto un fallo en el equipo estropeó el sonido, todo el mundo regresó a casa con una sonrisa en la cara, con la convicción de que no será la última vez que les veamos por la ciudad.