Seguro que has asistido alguna vez a algún concierto de esos en losque el público se hace un solo músculo, y vibra uniformementeal ritmo de la banda de turno. Cuando ocurre eso, sin duda, es que el grupoha conseguido conectar con su audiencia, pero además es que el públicoestá respondiendo todo lo bien que se le puede pedir. Eso, lo consiguieronLuna con la primera media hora de concierto. Perfecto… pero el conciertotuvo dos medias horas. Dean Wareham, Sean Eden y la pareja de calvos más imponentes delindie-rock, salieron a ganar, y ganaron, con un repertorio casi exclusivamentecentrado en “Pup Tent” y “Penthouse”. El problema, esque Wareham a pesar de ser querido por los (y sobre todo las) asistenteshasta decir basta, no tenía muy buen cuerpo, y la perfecciónformal con la que empezaron fue quedándole cada vez más lejos.Sean tuvo que desparramar su simpatía a prueba de bombas para desviarla atención de un Dean al que se le notaba que ya había hechotodo lo que quería y podía hacer aquella noche: intentar traerel espíritu de Tom Verlaine al centro de Madrid, y conseguirlo; utilizaruna exposición de pedales de colorines y un wah-wah vacilónlleno de matices; devolver la pelota a los que ya no creen que una guitarrapueda ser expresiva; o tocar temas banales y convertirlos en obras de arte. Lástima que en la segunda media hora diese tiempo para encender uncigarrillo, recordar que habían dejado en casa su lado oscuro, vera Sean aún nervioso sustituyendo a Sterling Morrison en “23Minutes in Brussels”, o sacando mucho más partido de la partemás conocida de su repertorio, sobre todo cuando tenían atodo el público entregado (menos a un borderline, que se empeñabaen comparar a gritos a Wareham con Bono). En los bises no es que se hiciesen de rogar, es que Dean ya se habíadado cuenta de que no había terminado tan bien como empezó,así que, a título anecdótico, sólo queda comentarque cerraron el concierto con una versión más que correctade “Everybody´s Talking”. Por lo menos, hubo quien no se dio cuentadel bajón y salió de El Sol con cara de completa felicidad.Probablemente, ni siquiera atendió a los altavoces, que se pusierona escupir “Marquee Moon”, un corte de mangas indecente, un pequeñohomenaje. Como en el concierto, hubo posibilidad de embelesarse y de cabrearsepor la misma cantidad de razones.