Si una cosa quedó clara ayer por la noche en el coqueto Teatro de l’Aliança del Poble Nou de Barcelona, es que Low venían a presentar su disco. Hasta un total de siete de las once canciones que componen “The Invisible Way”, cayeron a lo largo de los noventa minutos de un concierto sosegado, a ratos intenso, aunque siempre íntimo y delicado, con ese toque minimalista marca de la casa en el que la atmósfera se sobrepone por encima del ruido.

Así, los de Duluth, iniciaron su viaje con el mismo tema con el que abren su último trabajo, una preciosa “Plastic Cup” a modo de aperitivo de lo que estaba por llegar, aunque tras “On My Own” fue con esa maravilla con aroma a blues añejo que es “Holy Ghost”, en el que Mimi Parker parece transmutarse en Dayna Kurtz, cuando se produjo el primer destello de grandeza de un concierto que gozó de gran empaque, aunque sin demasiado colorido. Un bolo bien compensado a la hora de alternarse la dotada voz de Alan Sparhawk con la de Mimi Parker, mientras Steve Garrington pasaba del teclado al bajo en función de si la canción requería de más detalle o de una mayor solidez rockera. Momentos como el estruendo guitarrero que Alan provocó con un “Monkey” que nos despertó del encantamiento hipnótico al que nos habían sometido. Y es que si algo le faltó al concierto de Low fue un poco más de intensidad y nervio que rompiera el ambiente narcótico que se impone también en su último álbum. Más temas como ese “Pissing” de “The Great Destroyer”, que con un inicio muy tenue a dos voces va ganando en intensidad y acaba en lo más alto. Y así, tras despedirse con “I Hear… Goodnight”, salí del teatro con la sensación de haber visto un buen concierto, pero algo falto de que ese detector de emociones musicales, que tengo localizado en mi vello corporal, se hubiera erizado en más ocasiones. Low tienen cancionero para ello, pero esa deriva delicada que, por adulta, en ocasiones resulta algo aséptica impidió el pleno.