Parece mentira que después de tantos años se sigan oyendo los mismos reproches tras un concierto de Los Planetas. Estos son los dos que se llevan la palma:
1-. A Jota no se le ha entendido nada.
2-. Me he aburrido un poco, esperaba más.

Se podría hacer un vídeo de Pantomima Full con este tipo de comentarios, una suerte de best of de los tópicos que rodean al grupo granadino. A estas alturas a algunos no les entra en la cabeza que Los Planetas siempre hacen de Los Planetas, que su estilo es innegociable y que si han llegado a la cima es, precisamente, por no traicionar su ideario. Concesiones, las justitas. Pese a quien pese son un grupo de fiar, donde todo está medido al milímetro -las transiciones entre canción y canción, la elección de los bises- y el repertorio se abre como un abanico hasta formar un círculo: pasan de la madeja de ruido y embrujo inicial (ahí encajó como un guante la nueva “Seguiriya de los 107 faunos”), al repaso de algunos de sus ya viejos emblemas (“David y Claudia”, “José y yo”, “Segundo premio”) y al final vuelven a sumergirse en la espesura albayzinera de “Señora de las alturas”.

La versión actual de Los Planetas es generosa y, dentro de lo que cabe, bastante agradecida. Casi dos horas de show en el que se repasan 25 años de trayectoria y las etiquetas (noise, shoegaze, rock, pop indie, flamenco) se difuminan de tal manera que sería injusto encapsular al grupo en un género concreto. Desde la asombrosa reinvención de La Leyenda del Espacio (2007) han construido su propio panteón post-indie al que le han dado una formidable continuidad en Zona Temporalmente Autónoma (2017). Sonaron hasta ocho temas del nuevo disco, algunos con mejor fortuna que otros, pero con “Islamabad” como nuevo himno inapelable. Emoción en la cumbre.

La canción que levantó de una vez por todas al público de sus asientos fue “Santos que yo te pinte”. Jota dejó su guitarra, se echó las manos a la espalda y cantó con arrojo unos de sus versos más intensos: “Puedes buscar por tierra, puedes buscar por aire / que como yo te he querido no va a quererte nadie”. Cuando se dio a conocer en Unidad de Desplazamiento (2000), parecía una gran canción en un gran disco. Ahora puede que sea LA CANCIÓN. En cambio, a “Un buen día” le pasa un poco lo contrario y su frescura costumbrista ha quedado bastante acartonada con el paso de los años. Una composición tan inofensiva no pega demasiado en un grupo extremista como Los Planetas. Cuando llegó la famosa estrofa blanca, Jota cambió a Eric por Pedro San Martín, el bajista de La Buena Vida que falleció en un accidente de coche en 2011.

Por supuesto, les podrás criticar esto y lo otro (“Alegrías del incendió” sonó atropellada, “Rey sombra” no pinta nada, el teclado se comía algunos temas, la pantalla no pasó de escupir una imagen en rojo, etc.) y te podrán dejar un regusto agridulce porque no han tocado tu canción favorita. Vale. Pero que el grupo más ingobernable de los 90 esté en forma sí que es un gol realmente increíble. Los haters, al Patio de los leones.