Desde hace unos años México se ha convertido en una especie de ansiado El Dorado para los grupos españoles. Sin embargo, son muchos los que intentan labrarse una carrera que cree cierta repercusión popular, pero pocos lo que consiguen que los números cuadren a la hora de cruzar ese insalvale charco de costes que conlleva el desplazamiento. Paralelamente al intento ibérico, los grupos argentinos llevan años sembrando con la misma intención, pero con resultados mucho más envidiables y contundentes. Solo hay que ceñirse al impactante aforo del Foro Sol, para darse cuenta de que la fórmula de un grupo como Los Auténticos Decadentes es simplemente arrolladora en el país azteca. Y lo es gracias a una propuesta festiva y desacomplejada, en ocasiones romanticona, pero siempre dispuesta al chascarrillo popular más evidente. De esa guisa, y con motivo de la celebración de su treinta aniversario como banda, se enfrentaban a un directo de más de dos horas, y a un recinto que congregaba a unas setenta mil personas con un montaje escénico propio de un grupo grande, muy grande.

Cuesta imaginar algo así en nuestro país. No se me ocurre ninguna banda, que no sea de la órbita anglosajona como Muse, U2 o Coldplay, capaz de congregar a tanta gente tan predispuesta a corear las canciones con una pasión de la que aquí carecemos. Y es que ya desde primera hora de la tarde, la riada humana mayoritariamente joven se dejaba notar en los aledaños del circuito de velocidad que acogia el concierto, donde todo reulta de lo más pintoresco visto con los ojos de un desubicado europeo. El insalvable tráfico para llegar a la zona, la gran cantidad de puestos de comida callejera o los ya clásicos tenderetes de camisetas piratas, dibujan un espectáculo del que vale la pena empaparse y consiste, en sí mismo, de toda una experiencia única e irrepetible.

Una vez ubicados ya en el interior del colosal recinto, se palpa en el ambiente la expectación que genera el evento. Una energía que se va a desbordar desde ya con la actuación del grupo invitado, los también argentinos Los Caligaris. Poco importa que el sonido sea algo deficiente o que la banda no acabe de alcanzar el nivel acostumbrado, el público sigue empeñado en convertir todo lo que toca en fiesta y no deja ni un segundo de corear cada una de las canciones. Y lo cierto es que la elección de Los Caligaris para caldear el ambiente resulta de lo más lógico. No en vano son una especie de hermanos pequeños de los Decadentes, con los que comparten algo más que mimbres festivos similares, en una propuesta a la que le añaden una coartada circense consistente en en ofrecer desde malabares a saltos acrobáticos y coartada clown.

El momento de la verdad llega, sin embargo, cuando Los Auténticos Decadentes se hacen dueños del escenario. Si bien al principio suenan algo embarullados, poco a poco el sonido de la banda se irá asentando para desplegar ese gran show de fiesta y baile que han preparado. De hecho una de las características de los argentinos es su capacidad para parecer varios grupos en uno solo, como si sufrieran una especie de disfunción de personalidad múltiple en función de quién se haga cargo del micro. No es lo mismo que el cantante sea Cucho, Moska, Jorge “Perro viejo” Serrano o incluso su guitarra Demarco. Si Cucho y Moska representan el lado más canalla, Serrano ejerce el contrapunto más sereno y romántico de la banda con su aspecto de intelectual algo desubicado. Por eso al principio es Moska, pero sobre todo Cucho, los que empiezan con un primer set de cinco canciones que finaliza con “Los Piratas”, para que sea luego Jorge Serrano el que coja el relevo para entonar temas como “Corazón” o “Viviré por siempre”. Tras este segundo set de canciones, es el guitarrista Demarco el que se convierte en protagonista al micro con temas como “Sin pedir nada” o “El gran señor”. Todo muy correcto, medido y ordenado en lo que se antoja un exhaustivo repaso a sus treinta años de carrera. También Moska, uno de los percusionistas de la banda, tendrá la oportunidad de hacerse dueño del micro en temas como “Lejos de ti”, mientras la labor del otro percusionista, Gastón “Francés” Bernardou, merece ser destacada por su papel algo bufonesco que consiste en pasearse constantemente por el escenario, animando al público a participar de la fiesta, mientras agita sus características rastas rubias que se han convertido en una especie de emblema de la banda.

Rubén de La Pegatina junto a Los Decadentes

Ya hacia la mitad del show empiezan a sucederse los músicos invitados para celebrar convenientemente rodeados y por todo lo alto este aniversario. Así el primero en salir es Francisco del grupo argentino Cruzando el Charco que participa de “Raquel”, mientras la batería y los dos percusionistas se elevan por encima del público hasta alcanzar los ocho metros de altura. También participarán de la fiesta otros grupos amigos como Turf en “La prima lejana” o Los Caligaris que volverán a pisar el escenario para tocar junto a sus mentores “840”. Pero es, tras ofrecernos dos temas de corte skatalítico como “Beatle” o “Skabio”, cuando se produce uno de los momentos más memorables de la velada. Es aparecer el saxofonista Spare de los míticos Maldita Vecindad para entonar su “Pachuco“ y que la gente se vuelva loca. En el fondo resulta un bonito homenaje al país que tan bien ha acogido a los Decadentes, aunque nos recuerden que la primera vez que tocaron hace ya más de dos décadas tan solo fueran 25 personas a verlos. Mucho han cambiado las cosas desde entonces, en esta especie de milagro musical que firmaría cualquier otro grupo. Sin ir más lejos lo harían sin dudarlo los siguientes protagonistas de la velada que se han deplazado desde Barcelona para participar de la fiesta. Es el momento de que Adrià y Rubén de La Pegatina salgan al escenario para entonar uno de los temas emblemáticos de los argentinos como es “Gente que no” y, aunque resulta un suspiro en medio de un show tan largo, ambos son conscientes de lo importante que es no parar de tener presencia en México si en el futuro su banda quiere aspirar a lograr algo parecido.

Nos acercamos al final de la traca y es con “Somos” cuando se produce uno de los momentos más esperados de la noche. El público no ha bajado la guardia ni un instante y ahora ya roza un delirio que se incrementa con “La Guitarra”, otro de los temas más emblemáticos de los argentinos. Para los bises la banda han reservado “Loco” y un “Y la banda sigue” para el que se rodean de todos los artistas invitados que han participado de la velada y que culminará con un castillo de fuegos de artificio que marcará el fin de la jornada. Casi dos horas y media sin descanso en las que Los Auténticos Decadentes han dejado su marca, logrando que la gente regrese a sus quehaceres cotidianos con una amplia sonrisa de satisfacción, alegría y baile. No hay aspiraciones de corte trascendente, solo hay ganas de hacer que la gente disfrute y eso no cabe duda de que lo han conseguido.