Hay quien sostiene que Damien Rice sufrió algo parecido a Sansón, cuando Dalida le cortó la melena, el día que fue abandonado por Lisa Hannigan. Es una posibilidad con cierto porcentaje aritmético. Hoy la ya treintañera irlandesa ostenta una carrera consolidada con tres álbumes, varios premios, colaboraciones ilustres (de Richard Hawley a Herbie Hancock) y una popularidad in crescendo. La otrora musa deviene ahora compostura de hada, sobre todo cuando despliega sus alas sobre el harmonium, capaz de hechizar el bosque más inanimado.

Kafe Antzokia nos proporciona el placer en una noche de jueves primaveral. Y le pone a sus pies un auditorio de cerca de doscientos devotos sentados y felices con lo que ve y escucha. Ataviada con un largo vestido oscuro, discretamente moteado, muy a juego con todo su entorno físico y metafísico, Lisa preside un quinteto tan mesurado como su atuendo exterior. Todo calculado para que reluzca su fantástica voz, llena de registros y requiebros, de altos y bajos. Cálida y persistente. Penetrante cuando se requiere.

El pelo largo y suelto. Ha abandonado las trenzas y el recogido, así como las versiones de Nina Simone, Roy Orbison o Joni Mitchell de antaño. Tampoco ese “Oh, you pretty thing” de Bowie que acaba de editar, pero sí la publicada “Prayer for the dying” de Patsy Cline. Son diecisiete canciones de sus tres elepés, prevaleciendo “At swim” que cae casi entero. Es folk, no folk irlandés exactamente, aunque quede raíz celta, con arreglos de ahora, que difieren lo justo de los de antes, para acercarse al pop suave, sin precipitarse al arroyo del mainstream. Prevalece cierto poso de misterio y tristeza que no casa con lo obvio, aunque asequible a cualquier sensibilidad abierta.

A mitad del concierto se queda sola con su mandolina, o con su ukelele, o con aquel harmonium que habíamos acordado agita con magia y determinación. Antes y después una banda a base de batería, contrabajo, teclas y guitarras. Para el bis tres sutilezas, “Anahorish”, adaptación a capella de un poema del Nobel Seasmus Heaney, acompañada sólo por las voces del dúo Saint Sister, más otra relectura sin instrumentación, pero ya con la banda al completo en escena, de su medio hit “Fall”, y una despedida con la intensa “A sail”.

Precisamente fueron Saint Sister (foto inferior) quienes abrieron la velada. Las invitadas de Hannigan son dos irlandesas, Gemma Doherty y Morgan MacIntyre, que se cascan media hora de “atmosfolk”, dicen ellas, con arpa y un pequeño teclado, que nos evocan a unas CocoRosie anestesiadas. Curiosamente su tema más popular se llama “Madrid”; desde luego no parece la canción que relate la última agitación corrupta de la capital del Reino.