Tras un verano de festivales y sobredosis indie, necesitábamos luz de otoño y un alma nueva. El soul de Leon Bridges era el antídoto perfecto para que la noche madrileña encauzara el rumbo y nos quitáramos el salitre en un Manzanares, que más que nunca, se acercaba a La Riviera antojándose Mississippi. Y es que había mucha expectación (aforo completo) por comprobar cómo este alumno aventajado de Sam Cooke y Otis Redding defendía en directo “Coming Home”, unos de los discos del año. Y apareció entre las sombras y nos deslumbró en cada movimiento.

Con tan sólo 26 años, desprende swing y verdad por cada poro de su piel, música en estado puro que deja cicatrices en la memoria. Con “Smooth Sailin” todos despegamos los pies del suelo, y en “Lisa Sawyer”, dedicada a su madre, se mecen hasta las míticas palmeras de la sala. Pasión y honestidad que transmite con una naturalidad que desborda y que está al alcance de muy pocos. Con guitarra en mano o bailando, acompañado de una banda de primera, en la que destaca el saxo serpenteante y los coros y contoneos de Brittni Jessie, hace que canciones como “Coming Home “, “Better Man” o “River”, clásicos instantáneos, nos calen hasta los huesos. Estuvimos en su primer concierto en España y ya esperamos el siguiente.

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