Ayer en el Antzoki de Bilbao no cabía un alfiler, un sold out que viene a demostrar el despunte que ha pegado León Benavente en los últimos tiempos y sobre todo, gracias a su último LP. Con este trabajo, publicado el curso pasado y titulado simplemente “2”, el grupo de Abraham Boba, Eduardo Baos, Luis Rodríguez y César Verdú ha recibido el aplauso unánime de la crítica especializada, que les ha situado como uno de los mejores grupos estatales de la década (gozan de un prestigio del que poco grupos pueden presumir) y de un público cada vez en mayor número que abarrota las salas donde actuan, cómo es el caso de Bilbao . Sin duda el ambiente era electrizante antes del concierto.

Los teloneros, Cavaliere, que cuentan con un siempre estelar Álvaro Segovia a la guitarra y voz, derrocharon virtuosismo y son sin duda un exquisito ejemplo de power trio. Hicieron moverse al personal que ya abarrotaba la sala y que estuvo muy atento a su set, que fue implecable.

Hay pocos grupos que tengan los bemoles de empezar su concierto con el single estrella del último trabajo, pero es exactamente lo que hicieron León Benavente. “Tipo D” sonó como una apisonadora y levantó al público del suelo, que ya no volvió a pisar hasta finalizado el concierto. “California”, “La Ribera”, “El rey Ricardo”, una memorable “Ánimo, valiente”, “Gloria”, la maravillosa “Estado provisional” o la autobiográfica “habitación 615” (sobres sus vivencias en su gira mejicana) reventaron la sala con un Abraham Boba totalmente entregado a la causa que no paró de saltar, bailar, zarandearse con el pie de micro, subir y bajar escaleras e incluso, ya al final, bajar a la platea donde no dudo en votar con los presentes, lo que llevó la euforia al personal y supuso, probablemente, el momento álgido de la noche.

Los bises, con “Década”, “Sol” y “Ser brigada” (esta última con Álvaro Segovia como segundo guitarra de lujo) confirmaron que Bilbao está entregada a la causa Benavente y Benavente sólo mira hacia arriba.