Aunque pueda sonar bastante tópico. Después de ver cómo The National devoraron a mordiscos la pasada noche el MAD Live!. Hay que reconocer que la madurez se ha ganado un tanto bastante grande en su eterna batalla contra la carne fresca. El recién bautizado Barclaycard Center abandonaba su formato “ring” por un día, para acoger un encuentro que se estrenó con la luz del sol sobre nuestras cabezas, y terminó mandando a la gente a celebrar Halloween, con o sin disfraz incluido.

Con semejante concentración de líderes para el final de la noche, el primer bloque del festival lo tuvo bastante difícil. Podríamos calificar estos primeros conciertos como actos de calentamiento donde el público encontraba definitivamente su ubicación en el recinto, se compraban unas cuantas cañas y los usaban de banda sonora. Los primeros en aparecer fueron Jack Knife y tras ellos llegaron Belako. La responsabilidad de ambos grupos por estrenar el evento estuvo respaldada por sus colectivos de fans, que hasta decidieron llevar camisetas groupies. El siguiente paso lo dieron The Orwells. Los americanos no terminaron de convencer al público y es que la actitud chulesca, y el excesivo ego de su líder, eclipsó la puesta en escena de una banda que por otro lado carecía de compenetración sobre el escenario. En definitiva, el público acabó más pendiente a la camiseta de lentejuelas de Mario Cuomo que de las guitarras. Y hablando de curiosas vestimentas, también encontramos algún que otro disfraz interesante entre el público. La gente tenía ganas de fiesta, y había que dársela como fuera.

Con el panorama ya calentito les tocó salir a Grises, aunque aún se notaba una fuerte ausencia de asistentes que comenzaron a llegar poco después. Grises fueron una de las bandas mimadas de la escena nacional de este año. Y les colocaron la etiqueta de aportar el toque de la casa a un festival de estas dimensiones. El crecimiento del grupo hizo presencia sobre las tablas, al igual que el cambio sonoro que han ido adoptando. Pero, seamos sinceros, a estas alturas el público esperaba como locos que Mando Diao saltaran a la escena. Aunque, quizá luego terminaran arrepintiéndose. Los suecos fueron la primera apuesta potente de la noche, pero el giro que han experimentado con su último álbum les pasó factura. De blanco impoluto, los chicos gobernados por Björn Dixgard salieron con las pilas cargadas y acabaron despechados, dando un espectáculo tan festivo como caótico.

Los temas de “Aelita” no conectaron con el público. La ausencia del espíritu garagero de años pasados, y la contaminación a base de sintetizadores, provocó que pocas veces se levantara la audiencia para vitorearles. Y es que hasta los clásicos tenían incorporado un rollito Daft Punk que echaba para atrás. “Gloria” pudo salvarse ligeramente de la criba, pero la relentización y arreglos de “Dance With Somebody” acabaron con ella. Además, se marcaron uno de los momentos más bizarros de la historia festivalera. “Hoy vamos a hacer algo que no hemos hecho nunca, porque amamos vuestra lengua aunque no la comprendamos. Vamos a cantar en español”. Y prepárate, porque en ese momento apareció Zahara en el escenario para hacer una versión españolita, y podríamos decir que algo innecesaria, de “Sweet Wet Dreams”. Zahara y Mando Diao, la extraña pareja.

Pasando página, y con la cabeza como un bombo, el público comenzaba a sentir ya la presencia de The Kooks en el recinto. Cuando de repente salieron Cycle a la batalla. Las ausencias volvieron a ser bastante notorias y es que colocarte como precedente de las dos bandas más esperadas del festival no podía ser del todo positivo. Sobre las tablas, una China Patino a modo de diablesa sexy que tenía bastantes cosas que decir, contra unos compañeros de viaje a los que le pesan los años. Aún así, nunca está de mal rememorar nuestras clásicas salidas nocturnas con temas como “Apple Tree” o el coreadísimo “Confusion!!!”. Volviendo a sacar el lado más petardo de los artistas. En esta ocasión hay que reconocer que el equipo de bailarines que formaron parte de la escenificación, nos dejó un poco en estado de shock. Pero bueno, al menos consiguieron que las ganas de fiesta fueran en continuo aumento.

Había que solucionar la noche y los chicos llegaban armados de hits. The Kooks abrieron con “Around Town”, y es que el “Listen” tuvo bastante presencia en el encuentro. Divertidos, pero algo contenidos, el grupo buscó la perfecta ejecución frente al desenfreno. Aunque, a veces estas cosas se agradecen porque te dejan saborear la buena música. Gracias a dios, el sonido de The Kooks sigue intacto y el lado funky de la banda le hace crecer. Como todos sabemos, The Kooks son un grupo de singles y por esa misma razón verles en directo es asegurarte encontrarte con algún que otro temazo que suplanta los problemas de decadencia de sus álbumes de estudio. “Junk of the Heart”, “Naïve”, “Always Where I Need To Be”… No lo niegues, te las sabes todas. Luke Pritchard es un buen líder, tiene ese punto bonachón que hace que te caiga bien aunque no quieras y sabe enganchar a la gente para que se entreguen al máximo. La apuesta de la banda no estuvo mal, la gente disfrutó del espectáculo, pero faltaron ciertas dosis de energía y desmelenarse un poquito. ¡Que se note la juventud hombre!

Y es que cuando hablábamos de una lección de madurez nos referíamos a lo que viene a continuación. The National cerraron esta primera edición del festival por la puerta grande. No es solo que tengan un repertorio impresionante, sino que son una de las mejores bandas que te puedes encontrar en el panorama actual. La victoria fue, como era de esperar, para el “High Violet” y el “Trouble Will Find Me”. Matt Berninger comenzó la noche con “Don’t Swallow the Cap” como si fuera todo un caballero y terminó sumergido en un círculo vicioso de caos y desenfreno. El setlist fue en in crescendo, con varios puntos fuertes que culminaron con una fantástica colaboración de Sufjan Stevens en “Ada”. Tuvo tiempo para hacer referencia a sus hijos, y a la noche de Halloween, antes de interpretar “Pink Rabbits” y con “England” el público eclosionó por completo. Matt Berninger es el espectáculo, no necesita apoyarse en ninguna escenografía compleja para que no puedas separar los ojos ni una sola vez del concierto.

Primero llegó una tremenda obsesión con el sonido del micrófono que acabó a golpes con el mismo cada dos por tres, hasta que lo destrozó en “Mr. November”. Mas tarde decidió, que lo mejor que podía hacer era meterse entre el público a tocar con ellos unos cuantos temas. Y, claramente, eso es lo que hizo. Cuando Berninger alcanzó su punto álgido no había ser humano que lo parara y podías esperar cualquier cosa del líder. “I Need My Girl” firmó como uno de los temas más queridos por los asistentes y “Graceless” no quedó tan bien como se esperaba por los problemas de audio de los que hemos hecho referencia. Aun así, el toque definitivo, y de cierre, fue la interpretación de “Vanderlyle Crybaby Geeks” en acústico, sin ningún micrófono conectado, donde el público era la voz cantante y se te erizaban los pelos de la emoción. Emoción que cortó en seco al meterse una de las banderas del público, que le regalaron, en el paquete. Pero bueno, el espíritu rockero es lo que tiene señores. Si había alguna duda sobre si The National eran los más indicados para cerrar el encuentro, creemos que está totalmente despejada. No solo fueron los más indicados, sino que salvaron el festival por completo.