Como todos los años, desde hace más de quince, el rockero neoyorquino Elliott Murphy acude a primeros de enero a su cita con el público bilbaíno y este, como cada año, le premia con un sold out y un entusiasmo digno de estudio; una hora antes del evento había bastante gente haciendo cola en la Sala BBK, extraña imagen en un Bilbao desértico en un desapacible domingo. No obstante, ese entusiasmo no se desbordó hasta la parte final del show manteniéndose en respetable en silencio y atento al desarrollo del mismo.

Elegantemente vestido, con americana de terciopelo rojo, chaleco y ese eterno sombrero que esconde un pañuelo de pirata, apareció en escena Elliott Murphy, secundado por su guitarrista Olivier Durand, conformando un dúo ya clásico que desgrana con acústicas el repertorio del primero. Comenzó el pase con “Last of the Rock Stars” en versión lenta y con Elliott a la armónica, esa que adquirió en un lejano 1971 y que desde entonces le acompaña, descubriéndonos una nueva visión de su gran clásico. Junto con este sonaron varios temas clásicos del repertorio del neoyorquino afincado en París pero también aprovechó para presentar temas nuevos como “You´ll Come Back To Me” que fue el segundo del set o “Sweet Honky Tonk” de su último trabajo publicado. Pero lo que venía a escuchar el público era canciones como “I Want to Talk To You”, “Take Your Love Away”, una emocionante “On Elvis Presley’s Birthday”, su mini hit “A Touch of Kindness”, la folkie “Come On Louann” sustituyendo el acordeón del original por una curiosa mini guitarra o “You Never Know What You’re In For”. También hubo un momento especial en el que Elliott Murphy y Durand recordaron a Dylan, cuyo Nobel ha sido lo único bueno de un desastroso 2016, interpretando una delicada “Don´t Think Twice it´s Allright” y una irreconocible y muy personal “It´s All Over Now, Baby Blue”.

Todos estos temas fueron recibidos con ovaciones y aplausos por el público e incluso con silbidos de aprobación tras las exhibiciones guitarrísticas del escudero Olivier que se nos antojó más comedido en ese aspecto respecto a anteriores visitas. El publico permaneció sentado en sus butacas hasta la parte final de concierto en la que con las luces encendidas y animado por el propio Elliott se puso en pie para recibir una nueva versión, esta vez ceñida al original, de su clásico “Last of the Rock Stars” e incluso parte del mismo dio unos tímidos saltos en el inserto del estándar “Shout” de los Isley Brothers que incluyo a mitad del tema. Con el público en pie continuó el concierto con los bises: el tema de Bowie “Heroes” coreado por parte del público, el inédito “Chelsea Boots” dedicado a las botas que calzaba el guitarra francés, el tema que compuso inspirado en la ría de Bilbao en una visita al botxo, “Green River”, y para acabar, en formato desenchufado y acercándose a la platea el góspel “Worried Man Blues”, incluyendo un divertido truco de guitarristas.

Casi dos horas de un concierto que satisfizo al público que acude año tras año a la cita con Murphy y a buen seguro convenció a los pocos que se estrenaban en estas lides, porque por encima de todo están las canciones y el neoyorquino de esas tiene muchas y muy buenas. Nos vemos el año que viene.