Va rodando la programación del flamante Centro Botín y poco a poco parece ir dando muestras de su verdadero potencial y sentido de ser. Un centro de arte contemporáneo – al menos como yo lo entiendo- debe ser testigo y cicerone de su tiempo y tratar de programar y acercar al público tendencias y muestras de arte moderno en todas sus facetas y vertientes, más allá del público masivo y modas prefabricadas estudiadas al milímetro. Siempre un paso por delante. Escultura, pintura, video, música…

La presencia de Boris Divider en mi opinión cumple bastante bien esta premisa básica de todo centro de referencia que se precie. Cabeza de león del panorama digital, fue todo un lujo poder contar en la ciudad contar una sesión live de la música y de la videocreación de Boris Sáez. Asistimos a un show en directo tremendamente complejo y multisensorial para lo cual fueron de agradecer las explicaciones que dio el artista antes de comenzar un espectáculo en el que el apartado musical se solapa e interpreta digitalmente a través de visuales en tiempo real con la mediación de un software muy complejo y en el que hay un gran trabajo de programación de fondo.

Al oído y a la vista se le añade el apartado táctil con una salida de sonido que golpea literalmente cada centímetro de piel. Glitch a glitch, beat tras beat, Boris consigue realmente atraparte en su tela de araña audiovisual: errores informáticos, ruido blanco, electro, minimal, techno de Detroit…. Oscuro y complejo, pudimos entrar en un caleidoscopio real, en las propias tripas de una máquina perfectamente engrasada que te atrapa en un mar de atmósferas y ritmos contundentes.

No es de extrañar que este espectáculo exclusivo, multidisciplinar y siempre vivo y mutante haya girado por todo el mundo despertando interés y admiración en todas partes por las que ha pasado. Una hora que se pasó volando –literal- a varios metros sobre el suelo. La banda sonora perfecta para la pieza más bella de todo el recipiente: el pachinko diseñado por Renzo Piano que nos esperaba nada más salir del auditorio del Centro Botín. Siempre en movimiento a base de pequeñas piezas que lo recorren.