La primera edición de Lapuebla Rock Fest se muestra al público con un elenco de bandas como cabezas de cartel que bien podían haberse conformado como platos fuertes de un festival de hace unos cuantos años. El recinto, no excesivamente grande pero con un potente escenario, fue suficiente para acoger al número de gente que se congregó en el lugar. En cuanto al cartel del sábado cabe decir que se vaticinaba una jornada de lo más heterogénea en cuanto a estilos musicales se refiere.

La tarde dio comienzo con la banda local Anabasa, metal noventero euskaldun, que por momentos nos recordó a grupos como Ekon, ofrecieron temas con mucha energía y velocidad. Con un solo álbum homónimo publicado en 2013, siempre es de agradecer que los organizadores de estos festivales guarden un hueco y faciliten la plataforma para dar voz a los noveles, una oportunidad que estos chavales aprovecharon poniéndole muchas ganas a pesar de que a las seis y media de la tarde el público andaba todavía rezagado.

Entre concierto y concierto tuvimos que esperar varios minutos para que las bandas pudieran realizar sus pruebas de sonido, el entretenimiento durante este tiempo corrió a cargo del Dj Guirimbi Rock, que acompañó nuestra cata de caldos con temazos de Motorhead, Kiss, Ramones, etc.

El contrapunto lo dio Kometa que se encontraban terminando su última gira. Su propuesta musical nos recuerda al camino iniciado por otras bandas ya conocidas de estilo similar como Kauta, Dinero o Lauroba por mencionar algunos nombres. De inspiración foránea y con reminiscencias del pop-rock euskaldun, su presencia da cuenta de la variedad musical que pudimos encontrar a lo largo del día. Abrieron con el tema “Eskutik heldu”, un mensaje de acercamiento que también lanzaron al público en varias ocasiones. Destacable también la pericia en el manejo del delay por parte del guitarrista, generador del sonido característico de la banda. No podía faltar la pegadiza “Ihesi”. Dedicaron “Noches de cristal” al drama de los refugiados y terminaron con “La Lucha”, “Todo y nada”, “Grabitatea” todas de su último disco para cerrar con la poética “Momentuaren zai”.

La siguiente vuelta de tuerca llegó con Silenciados, un grupo próximo a lo que se denominó como rock urbano y que por sus formas nos recuerda a la escuela de Extremoduro. Los componentes salieron con energía y se encontraron con un buen número de adeptos dispuestos a corear sus canciones. Nos dijeron adiós hacia las 21:30 con “Con el humo dibujando calaveras” ante un público muy nutrido para dicha hora.

Ya casi entrada la noche los jabalís de Porco Bravo extendían su llamada a la piara. Algún componente de la misma, habiendo asistido al espectáculo, afirmaba que lo de los Porco no es normal y, está claro que lo nuestro tampoco. Baste con señalar el firme propósito expresado por alguna fan de irse a dormir abrazada a la sufrida bengala que el cantante Manu había lanzado al aire durante el concierto.

Y es que la cara de El grito de Edvard Munch es la que se les queda a los que asisten por primera vez a un concierto de Porco Bravo, algo que sufrí en carne propia y pude presenciar en numerosas ocasiones, incluyendo la cita de Lapuebla. No se si será la crudeza con que muestran las emociones cotidianas, la socarronería de sus componentes o qué, pero no hay duda de que el Porco rezuma autenticidad y eso se transmite. Durante más de una hora pudimos disfrutar de las provocadoras “Motel”, “Lasciva”, “Donante”, la inusual “El cazador” y otras canciones como “Puto Amor”, y “Eléctrica Actitud” del álbum para mí más rockero de los que tiene el grupo, el “Grooo!!!” a las que se sumaría la original “La Piara”. También sonaron “Mienten”, “Lemmy”, “Animal”, “Nunca pasa nada y otras muchas, de manos de este grupo que se muestra cada vez más rotundo en los grandes escenarios pero a los que sin duda, si eres fan, tienes como must verlos en la proximidad de una sala. Algunos agradeceríamos la inclusión de otras a estas alturas, rarezas, como “Sin ti” o “Se acaba” aunque quizá para eso deberíamos ir a un monográfico y acabaríamos antes.

En cuanto a la parafernalia (bengala, quema de periódico, grapas, tabla) toda ella estuvo presente, ahora bien, en el Porco lo musical y la actitud exceden con creces la anécdota, y es que cuando un dedo apunta al cielo, el tonto -con perdón- mira al dedo. Al respecto, no podría citar ninguna otra banda en el actual panorama musical que ofrezca un show a la altura de los Porco Bravo. Su frontman, cruce genético entre un Hank Von Helvete más atlético y un Iggy Pop acelerado, aborda al público sin concesiones, mientras que de los riffs y las progresiones de acordes nos llega la fría brisa del rock escandinavo.

El quinteto dedicó “Corre” y “Brindaremos Juntos” al guitarrista Pulpo, compañero y miembro de la banda recientemente fallecido, cuyo recuerdo sigue estremeciendo en cada mención a quienes lo conocieron y quienes todavía lo ven bailar al ritmo del “Dune Buggy”.

El concierto con mayor proliferación de gente fue sin duda el de Soziedad Alkoholika, presentaron varias canciones de su nuevo disco “Sistema Antisocial” con lanzamiento este mismo año y donde siguen demostrando que en los tiempos que corren, donde parece que quien habla tiene miedo de decir, todavía hay gente que es capaz de exponer las cosas claras.

Sonaron las nuevas “Alienado”, “Causas Podridas” y “Sistema Antiocial” para empezar. Las letras combativas de S.A. no pierden vigencia a pesar del paso de los años y podemos confirmar que existe ya un repertorio que forma parte de nuestra historia vital, canciones como “Palomas”, “Ratas”, “Piedra contra Tijera”, “Pauso Bat”, “Cuando Nada, Vale Nada”, “Motxalo!” y “Nos vimos en Berlin” son algunas de ellas, que sonaron una tras otra como una apisonadora ante el gentío que coreaba entregado.

Su batería Alfred Berengena, viene sustituyendo a Roberto Castresana a quien muchos fans tenían un gran cariño y echan en falta después de que tuviera que abandonar la banda por el padecimiento de problemas en el hombro, son éstas unas lesiones que resultan devastadoras en el caso de los músicos. Por su parte, Alfred demuestra ser un virtuoso en su campo y ha permitido que la banda siga rodando con la misma energía.

Finalizado el concierto de S.A. en un momento de desconcierto nos vimos amenizados (¿o amenazados?) por la voz de ultratumba del Dj Guirimbi que se encontraba a la derecha del escenario pinchando Sepultura, Pantera, Slayer (all in al air-guitar y a punto de sacar a relucir nuestras Yumas) y la confusión del sonido de las trompetas proveniente del escenario donde se encontraba probando el grupo E.T.S.

E.T.S. lejos de ser una banda para la concienciación de los jóvenes ante las enfermedades de transmisión sexual, se presentan con unas siglas que hacen referencia a En Tol Sarmiento. Ofrecieron diversión al público joven que se apelotonaba en las primeras filas, acuciado por el frío de la estepa alavesa.

Por último, el retraso en el programa del festival (E.T.S. ya empezaban con casi una hora de retraso sobre el horario oficial) y la obligación de conducir casi dos horas nos dejaron sin ver a unos Reincidentes que siempre han cosechado simpatía en esta zona y quienes a juzgar por la cantidad de conciertos que están dando siguen manteniendo un público fiel.

En definitiva, la satisfacción entre los que asistieron a la fiesta y las buenas opiniones recogidas por parte de los que también estuvieron el viernes (salvo por el infortunio de la cancelación de Kaotiko por problemas de voz de su cantante), dejan patente que la fórmula funciona y que los grupos con más tradición siguen llenando las expectativas de sus seguidores.