A las nueve en punto se abrían las puertas de la Jimmy Jazz y la gente empezó a poblar las primeras filas. Estaba todo vendido y nadie se quería perder la fiesta que organiza La M.O.D.A. en cada una de sus actuaciones. La sensación de calma antes de la batalla rodeaba al personal como el humo de invadía el recinto. Luz tenue y la mirada fija en el escenario cuando aun no había nada que ver. Se esperaba algo grande.

Tras escuchar un tema del gran Johnny Cash, influencia directa de la banda como deja claro el tatuaje que lleva David en su brazo derecho, los de Burgos salieron preparados para tocar sin tregua un total de veintiocho canciones, ni más ni menos. Bloque ganador para abrir con temas como “Mil demonios”, La inmensidad” y “Una canción para no decirte te quiero”, todas ellas pertenecientes a su último disco “Salvavida (de las balas perdidas)” (2017). Desde el minuto uno los gestos de complicidad y las sonrisas se dejaban ver entre el público y los músicos.

Cortes como “Amoxicilina”, “Suelo gris”, “Los locos son ellos” o “La cuerda floja” fueron espoleando a la banda hacia cotas más altas, actitud y ganas innegables. Y es que La M.O.D.A. se mueve de maravilla entre las dos aguas que fluyen alrededor de su propuesta. Las conexiones con el folk más clásico y las claras influencias con el punk y hardcore. Influencias que no esconden, solo hace falta ver su telón de fondo en el escenario, con el icónico esqueleto tocando el acordeón, un guiño directo a Social Distortion o recordar el titulo de su disco “The shape of folk to come” (2012).

Momento álgido cuando empezó a sonar “PRMVR” y las manos del publico se alzaron mientras David se desgañitaba cantando “eskuak estu lotuta baina gure ahotsa beti libre” colaboración de Gorka Urbizu para este tema en su disco “La primavera del invierno” (2015).

La banda mostraba su agradecimiento por tener una sala llena delante de ellos, según sus palabras, hace poco tiempo estaban tocando para diez personas. Siguieron con “Vasos vacíos”, uno de los primeros temas que compusieron, y “La vieja banda” canción que les recuerda a los comienzos, a su local de ensayo. David se quedó solo en el escenario y pidió silencio para interpretar la emocionante “Campo amarillo” homenaje a la tierra que culminó con toda la banda abrazada cantando juntos, “Los campos castellanos arden fácil en verano…” la sala se quedó muda, algo enorme.

Tras el obligado parón, volvieron para despedirse con “Nómadas”, “Gasoline” y como no podía ser de otra forma, cerrar la noche con “Héroes del sábado”. Agradecimientos a toda la crew, a la gente de Gasteiz y también a todas las personas que hicieron kilómetros para estar allí. “¿Dónde están los que pueden parar el mundo solo con mirar?”, esa noche entre todos consiguieron pararlo, al menos durante dos horas.