Casi dos años desde que tuvimos noticia de la primera entrega de lo que sería el cuarto y último álbum por el momento de Ana Fernández-Villaverde al frente de La Bien Querida se cerraron en un Joy Eslava a reventar. Con la formación al completo, volvía a la sala en la que ganó el concurso de maquetas de esta casa hace unos cuantos años para cerrar la gira de “Predeterminación, nocturnidad y alevosía” (Elefant Records, 2015). Pintándolo todo de plata desde el vuelo de su vestido y tan sólo con una guitarra acústica, comenzó como había prometido, con un tema nuevo.

Ya con la banda en el escenario (David Rodríguez en las guitarras, brillante en el final progresivo de “Arenas movedizas”) y el siempre eficaz Frank Rudow a los sintetizadores, las potentes bases oscuras de “A veces ni eso” dieron paso a temas como “Música contemporánea”, “Alta tensión” o “Vueltas”, en los que la electrónica era protagonista junto a unas guitarras ásperas que contrastaban con la dulce voz de Ana. Brazos en alto, cantante y público conectaron desde el primer momento, especialmente épica en los cinco minutos de ese pequeño hit que es “Muero de amor” y en “Hoy”, una de las mejores interpretaciones de la noche.

Hubo espacio para momentos más reposados como “Corpus Christi” o “Disimulando”, casi al final del concierto. “Poderes extraños” cerraba la sesión antes de los bises, que se inauguraron con toda la sala cantando el cumpleaños y Ana con un ramo de rosas que había recibido por su cumpleaños. Un concierto emotivo, que puso el broche de oro a uno de los mejores trabajos de La Bien Querida.