Hace apenas un año, en diversos medios, los voceros de la estupidez lanzaban a los cuatro vientos una máxima que acabaron por creerse: el rap español moría en manos del trap. No había vuelta atrás, decían, Sin argumentos, sin pensarlo dos veces, en un arrebato de modernidad mal entendida. A ellos me gustaría haberles visto en alguno de los dos sold outs de Javier Ibarra, más conocido como Kase.O. Allí, topándose de morros con un clásico que todavía rima con cabeza y con corazón, pasándose por el forro a quien le plante cara. Allí, entre aficionados talluditos y una juventud que ha llegado a Ibarra a partir del respeto que le profesan otros artistas actuales. Allí, entre montones de chicas (Kase.O las hizo gritar en varios momentos para darles visibilidad) y chicos. Allí, entre gente que había visto a Violadores del Verso o a Jazz Magnetism en repetidas ocasiones y gente que nunca antes se había enfrentado a un directo del aragonés. Seguramente así hubieran sido conscientes de su propia estupidez.

Porque la grandeza de Kase.O a día de hoy es que, en cada uno de sus conciertos, combina elevadas dosis de profesionalidad con un admirable tanto por ciento de riesgo, algo que sin duda es resultado de la experiencia y de la necesidad de no contentarse con ser lo que fue años atrás. El rapero aragonés se mueve como los grandes sobre las tablas, rapea con esa frescura y personalidad que siempre le han caracterizado, bromea, charla con la audiencia cuando le apetece e incluso se marca alguna que otra graciosa coreografía para quitarle hierro al fondo de sus nuevas canciones, las de “El círculo”. Aunque, por encima de todo, lo que hace es mostrarse con toda la sinceridad y verdad que le resulta posible. Kase.O manda sobre el mismo escenario en el que Javier Ibarra suelta sus miserias y sus inquietudes entre dos grandes círculos de luz. Sin olvidarse de alguna que otra de sus bravuconerias, claro. Que no falten. Por eso repasa prácticamente la totalidad de “El círculo”, sin evitar los momentos más calmados y que, en otros casos, podrían lastrar la actuación. Se enfrenta con la misma entrega cuando brinca con “Esto no para” que cuando se menea parsimoniosamente con “Guapo tarde”. Y el público le respalda en todo momento. Nadie se baja del barco del aragonés, suenen ritmos hardcore o cante torpemente “Mazas y catapultas”.

Pero hay más todavía. Kase.O se permite compartir protagonismo no solamente con el siempre efectivo R de Rumba, sino también con el mucho más joven El Momo, a quien permite moverse con total soltura por el escenario, protagonizar a capellas o tomar la palabra sin remilgos. Porque a nadie debe temer Kase.O cuando sabe que difícilmente haya quien pueda eclipsarle aquí y ahora. Por eso y porque el rap zaragozano siempre ha tenido mucho de família. De ahí que, de tanto en tanto, aparecieran por ahí invitados especiales como su colaborador Xhelazz, el mallorquín Hermano L, quien salió a reproducir su aportación a “Pavos reales” o unos Violadores del Verso que se reunieron al completo para darle a “Vivir para contarlo”, llevando la sala a su máxima ebullición. De su banda de toda la vida también recuperó “Pura droga sin cortar” o “Ninguna chavala tiene dueño”, al margen de “Javat y Kamel” (su aportación al primer trabajo en solitario de R de Rumba). Nos sorprendió incluso echando mano de “Chúpala”, aquel hit deslenguado que se marcó con Dogma Crew años atrás.

Con todo ello, Kase.O se reivindicó a si mismo y nos recordó que lo dificil no es llegar a la cima, sino mantenerse en ella en plena forma. Y él, obviamente, lo ha conseguido en estos tiempos tan revueltos.