Con “Quema, quema, quema” (2015), el segundo largo de Kanaku Y El Tigre, lograron el aplauso de la crítica y llamaron la atención del público gracias a unas melodías y unas letras que se mueven entre la nostalgia y el buen rollo. Con este clima favorable, tan solo faltaba su presentación en directo. Finalmente, el pasado miércoles, casi un año después de su lanzamiento, se llevó a cabo el concierto en el Café Berlín de Madrid, unos días de después de su estreno en el Primavera Sound.

Los encargados de abrir la noche fueron Club Del Río. Sobre el escenario, los madrileños desplegaron su música alegre y despreocupada de raíces latinas, “música pancha”, tal y como lo definen ellos. Este grupo de amigos se comportaron como tal en un día de fiesta y, liderados por su cantante, capaz de comerse el escenario, provocaron los primeros movimientos entre el público. Canciones como “Es natural”, “Ídolos” o “Como forma de vida”, todas incluidas en su LP “Monzón” (2014) dotaron al Café Berlín de una atmósfera que invitaba a disfrutar en cuerpo y alma. “Un placer estar con vuestros espíritus”, proclamaba el grupo antes de abandonar el escenario.

Veinte minutos después Nico Saba, voz y letrista de Kanaku Y El Tigre, salía al escenario con copa en mano junto al resto de la banda. El trío de origen peruano mostró tablas desde el primer minuto. “Caracoles” y “El fuego, el tigre y avestruz” pusieron en marcha el concierto con esas melodías propicias para la banda sonora de un nostálgico bebedor en la barra de bar que les caracteriza. Unas bromas sobre la cordura y la sensación de perderla cada mañana introdujeron “Nunca me perdí”, la primera aparición de su último trabajo.

Canciones como “Bicicleta” o “Hacerte venir” se iban sucediendo una tras otras tan solo interrumpidas por las improvisadas conversaciones entre Nico y Marcial Rey (percusión) y un brindis “por todos vosotros” que dedicó el cantante. “Bubuzelas” y su estribillo “Fuiste mala compañía” comenzó a encender una euforia entre el público que llegó a su clímax con “Si te mueres mañana”, canción con la que la sala comenzó a vibrar y propició la comunión entre el respetable y el grupo cantando al unísono, como si de una sola voz se tratase. Una euforia que guió la traca final, culminando con una versión acelerada y movida de “Tu verano, mi invierno” y con el vaso en mano ya vacío.