Esta noche, la sala Square es un CBCG extraño. Demolition RollDolls, tres cuerpos desnudos vacilones que esconden lo justo bajo cintaadhesiva y toritos de plástico, souvenir for you, mister tourist.Dos guitarras y semi-batería, desnudando desde Boss Hog hasta Stooges.El espectáculo está en marcha. Una colección extrañísimade caras conocidas por metro cuadrado hace del concierto una cita anormal.Aplausos a la carne descarada. El lugar se ha transformado en cualquieragujero del Nueva York más canalla. Sale Jon Spencer, comienza la batalla. “You Got the Flavour”,no hay pausa entre las canciones, la fiera es hija de Sister Ray y de Elvis.”Soul Typecast”, no hay pogo, gracias. Hay quien baila rock androll y quien no se atreve a moverse. Un día fueron REM, Pixies oSonic Youth; ahora la Jon Spencer Blues Explosion es la mejor banda de rockand roll del mundo y la más evidente, no hay ningún elementonuevo en su sonido. ¿No se os había ocurrido antes?. Jon,Judah y Russell, maquinaria, miedo y apisonadora. Spencer se mete el micrófonohasta la garganta y regurgita encadenados sus últimos tres discos.Flash impertinente, oscuridad, acerca las manos al theremin y el sonidose dispara, sus dedos tiemblan. Spencer ya es el predicador más negro,el pastor renegado. Sin un respiro hasta el primer bis. Cuando escupe “Chicken Dog”, aquello ya es una fiesta histórica. The Blues is Number One!. ¿Qué?, “Rocketship”, la simpleza de estructuras elevada al mejor rock del mundo. “Bellbottoms”, el públicoes feliz. Un corte, el único, el último, sonora pitada. ¿No hay más?. El nervio de la realidad está dormido, aquello debió ser un sueño de puro bueno. La calle, un hilillo de sangre en eloído, gracias.