Joe Crepúsculo, para la presentación oficial de “Disco Duro” en Barcelona, prometía una fiesta por todo lo alto con la actuación de Diploide, la participación de Tomasito e Hidrogenesse y Luis Troquel como Dj’s, entre tantos otros. Pero toda expectativa se quedó corta, ya que lo que pudo verse hace apenas unas horas en la Sala Apolo fue uno de esos conciertos que estarán muy presentes en la memoria cuando toque hacer balance de lo mejor del año antes del empacho de turrones. Al principio todo apuntaba a un concierto al uso del Crepus (aunque ahora no es Sergio Pérez de SVPER quien le hace de escudero en los teclados y programaciones, sino Aaron Rux); una excusa para estrenar por primera vez ante el público canciones de su último largo como “Te Voy a Pinchar”, “Familia y Cigarros” o “Rosas en el Mar”, aparte de algún que otro número de su anterior “Nuevos Misterios” como “El Reino de la Nuez” o aquella “Reina del Locutorio” con la que se atrevió con el trap.

Y así fue, pero la cosa fue de menos a más de una forma vertiginosa con el paso de los minutos. De las nuevas el público coreó como si fueran hits consolidados “Pisciburguer” y “Un Demonio con Piel de Cordero”. No obstante, tan pronto los invitados de Joe Crepúsculo empezaron a hacer acto de presencia sobre el escenario los momentos impagables no pararon de cesar. Sobre todo porque la segunda parte encadenó una tras otra todas las canciones más memorables de su repertorio. Y aquí, sin duda, tenemos que detenernos, más que nada porque, guste o no, el catalán a lo largo de estos nueve años de carrera en solitario se ha consolidado como uno de los compositores patrios que más y mejores himnos ha recopilado disco tras disco.

La versión de “Gabriela” con la participación a las guitarras de Sergio Pérez y Daniel Granados (uno de sus antiguos compañeros en Tarántula) fue una de las primeras gratas sorpresas de la velada, del mismo modo que rescatar “El Día de las Medusas”. Sin embargo, desde que Tomasito empezó a marcarse unas palmas en “Ritmo Mágico” y Alacrán, detrás de quien se escondía realmente el director de cine Nacho Vigalondo, empezó a ejercer de gogó pasado de vueltas en el escenario, el público entendió porque se había vendido realmente este concierto como una fiesta. Por mucho que Vigalondo hubiera abusado del agua con misterio entre bambalinas, su sola presencia fue todo un acierto.

Con el público ya entregadísimo a la causa, el final fue todo un regalo para todos aquellos que han seguido al Crepus entrega tras entrega. Un show que encadena “Ritmo Mágico”, “Tus Cosas Buenas”, “La Canción de Tu Vida”, “Suena Brillante”, la versión poligonera del “Maricas” de Los Punsetes, “A Fuego” y “La Verdad” deja con un maravilloso sabor de boca a cualquiera. Pero si a eso le sumamos un bis con “Música Para Adultos” y “Mi Fábrica de Baile” como broche definitivo, momento en el que el público invadió el escenario desesperando a un pobre miembro de seguridad que intentó evitarlo en vano, la noche sólo puede calificarse de épica y divertidísima a partes iguales. Ver a Tomasito despelotado antes de que se encendieran las luces luciendo tan sólo sus calzoncillos no tiene precio. Y aún más haber podido disfrutar durante hora y media de un arsenal de éxitos de ayer, hoy y siempre que ya muchos quisieran para sí mismos.