Jacobo Serra es una de esas jóvenes promesas, con hechuras ya de realidad, surgidas en el actual panorama musical. Su propuesta, con todo merecimiento reconocida, supone una elegante e íntima conjunción entre el espíritu pop y la música de raíces norteamericanas. Rasgos estilísticos de los que ha dado excelentes muestras a través de dos EPs, uno de ellos, “Icebergs”, publicado durante este año, y un disco largo como “Don’t Give Up”.

El albaceteño recalaba por primera vez en Bilbao dentro de una gira, que dio sus primeros pasos en Gran Bretaña, en la que viene acompañado de los alumnos del Liverpool Institute for Performing Arts (LIPA), escuela artística creada por Paul McCartney y que desde hace años mantiene una colaboración en forma de intercambio con la Sociedad de Artistas y Ejecutantes (AIE). Consecuencia de ese trabajo común en suelo inglés el autor español ha decidido contar con el talento de esos estudiantes, y uno de sus profesores, para añadirlo a su repertorio propio y mostrar dicho resultado a lo largo de unos pocos conciertos, uno de ellos en La Ribera de la capital bizkaina.

Dando por buena siempre este tipo de iniciativas dedicadas a incorporar visiones exógenas a una serie de composiciones, en el caso de Jacobo Serra hay elementos apriorísticos que juegan a su favor a la hora de embarcarse en este proyecto. Básicamente se trata de la propia idiosincrasia que desprenden sus canciones, ya que partiendo de una mirada introspectiva tienen por norma común un desarrollo más recargado, situándole en la estela de nombres como Josh Rouse o Rufus Wainwright e incluso bajo la influencia, sobre todo en cuestión de arreglos, de los mismos Beatles.

En un escenario abarrotado por los diez integrantes de la banda, el folk amable de “There’s a Sign” fue el encargado de abrir el concierto. La incorporación de los coros al tema dejaron su rastro a la hora de ambientarlo de manera más envolvente, esos mismos que consiguieron dibujar de manera excelente la sobria “26”. “What I Was Told” se presentó como una de las manifestaciones más íntimas y emocionantes, al estilo de Glen Hansard. Bajo estas coordenadas otro nombre que iba a aparecer recurrentemente toda la noche entre las composiciones del albaceteño, por la propia esencia de las mismas pero implementada por el tipo de representación en este formato, no es otro que el de Ron Sexsmith. Esa mezcla de serenidad y melancolía que tiene el canadiense se vio excelentemente reflejada en temas como “Don’t Give Up”, “Let It Go” o “The Word I Never Say”.

Pero la música de Jacobo Serra está repleta de pequeños detalles, los que despuntan todavía más con la presencia de sus acompañantes ingleses, por lo que pudimos descubrir los aires luminosos de “Snapshots of My Heart”, más presentes con la incorporación de las nuevas voces, o el tono contagioso, bajo esta interpretación más acuciado, de “The Party”. Un caso parecido sucedió con “Icebergs”, única canción en castellano del repertorio, transformada en un rotundo rock con metales. No pudieron faltar tampoco las influencias negras, ya sea para articular bases rítmicas casi funks en “On & On”, filtrar soul en maravillas como “Fly Away” o los fraseos de herencia country-gospel que se intuían en “Long Ago”. Mención aparte merece la exquisita versión del standard jazzístico“I Fall in Love Too Easily”, solventada por él mismo con la única compañía de la trompeta.

Jacobo Serra, dentro del intimismo del que surge su música, se mostró comunicativo, risueño, buscó la complicidad del público, al que se unió en varias ocasiones, pero sobre todo se confirmó como todo un experto en el buen manejo de unas melodías en las que todavía se vislumbran más sus colores bajo este suculento acompañamiento de los jóvenes alumnos de la LIPA. La perfecta comunión entre todos ellos dio como resultado una de esas actuaciones que dejan impregnado en los asistentes el poderoso espíritu de la música.