Un paso fronterizo es un excelente lugar para descubrir extrañas tiendas de souvenir, hoteles con discutible reputación y bares donde pueden pasar cosas inverosímiles. Justo antes de llegar al río Bidasoa -que divide la muga (frontera)- se palpa un ambiente añejo, como a naftalina, como a los tiempos en los que el contrabando era una recurrente forma de vida. Desprende un atractivo decadente y peculiar. El mastodóntico palacio de Congresos de Ficoba rompe ese microcosmos fronterizo con su gris y maciza personalidad. El festival Irun Rock también tiene una sólida y coherente puesta en escena, a caballo entre grupos emergentes y otros más consolidados. Lástima que a los iruneses les tire más la Sagardo eguna (Día de la sidra) en la plaza Urdanibia, aunque caigan chuzos de punta, que un buen festival indie.

Abrió el trío de garaje catalán de la escuela Burger Records y guitarras altísimas The Saurs, que en privado confesarían que se morían de ganas por ver a Triángulo de Amor Bizarro (foto superior). Estos chicos tienen potencia, sentido del espectáculo (Engi es un showman) y estupendas canciones para reventar tímpanos en directo. Nos fijamos en bandas californianas, pero a veces no hay que irse tan lejos. TAB, por su parte, son muchas cosas: punk, noise, melodía y oscuridad. El gancho entre el shoegaze y el genuino pop independiente. La furia del indie nacional. Y un martillo pilón en el escenario. Su música abrasa con la violencia de un feroz incendio, el batería cabalga sudoroso bajo un chaparrón de ruidismo y las voces quedan sepultadas. Además, saben reservarse sus mejores cartas. Al final cayeron sus hits, con el cierre triunfal, cómo era de esperar, de “De la monarquía a la criptocracia”.

Aunque la cosa se puso seria con Joe La Reina -había un puñado de amigos y fans entregadísimos en las primeras filas- tocamos el cielo -al menos uno que se parece mucho al mío- con la actuación de Stay (foto inferior). Te llevan a Manchester, al Britpop ortodoxo, a ramalazos psicodélicos y a los sesenta. Y salen airosos, campeones como sus paisanos del Barça unas horas antes en su partido con el Granada. Versionaron a los Fairytale (“Guess I Was Dreaming”) y bordaron el “Where have all the good time gone” de los Kinks. Con su nuevo disco, “The mean solar times”, han ganado punch (“Smiling Faces” es puro Charlatans) aunque en los medios tiempos (“Always Here”) también canten victoria.

Stay-concierto

El festival se puso en modo festivo con Rural Zombies a partir de las tres de la mañana, pero había un especial interés en ver cómo se las apañaba el donostiarra Havoc. Es curioso, pero ahora que tiene la vista puesta en el nuevo disco, le salió un concierto redondo, sin mácula, con un set-list orientado a explotar los hits de “Lo saben los narvales” y que terminó muy arriba, pasando de la melodramática “Te negaré tres veces” a una eufórica “Lo nuestro”. Por último, las salmantinas Estrogenuinas tienen chispa punk-pop, una lengua afilada y sentido del humor político, como en “Islas Caimanes”, una canción sobre paraísos fiscales. No han descubierto nada, pero tampoco lo pretenden. Y se despidieron homenajeando a las Runaways, que nunca está de más.