Da igual que los dos últimos discos de In Flames no sean todo lo redondos que debieran. Su anterior “Come Clarity”, probablemente su mejor trabajo desde “Reroute To Remain”, dejó el listón bien alto. Da lo mismo. La popularidad del grupo, a juzgar por la entusiasta reacción del público de Razzmatazz, parece intacta. Y un detalle nada trivial: había bastantes chavales en la sala que aún no estaban ni en proyecto cuando se editó “Lunar Strain” en 1994. Algo claramente positivo. Unos cuantos sintetizadores, coqueteos con el nu-metal, guiños al mercado norteamericano y abrazos a las melodías más accesibles después, los suecos reaparecieron para abrir con los tres primeros temas –los mejores- de su último disco, “Sounds Of A Playground Fading”. Y el público enloqueció y cantó casi todas las letras. Algo que contrasta con las numerosas críticas oídas y leídas por ahí. De hecho, el tema título y “Deliver Us” crecen enteros en directo. Eso sí: el sonido, demasiado alto y confuso, no acompañó en ningún momento, aunque el grupo, con el nuevo guitarrista Niklas Engelin aparentemente integrado, se mostró más entero y competente que en su decepcionante visita anterior. El baño de masas continuó con “Trigger”, vociferada por la pista entera, y empezaron los altibajos, con “Alias” y “The Quiet Place” como salvavidas. La cosa mejoró en el desenlace, en el que algunos singles del último lustro (“Cloud Connected”, “The Mirror’s Truth”, la final “Take This Life”) fueron empleados –y funcionaron- como clásicos al lado de “Only For The Weak”. Un fan, invitado por el propio grupo, grabó esta última con su cámara desde el escenario. Y para terminar, una escena resumen: gritos de ‘In Flames, In Flames’. Y el cantante Anders Fridén: “Gracias por ser parte de mi sueño”.