El caso de Havalina es el típico ejemplo de banda veterana que, finalmente y tras no desfallecer en épocas más desagradecidas, ha conseguido esa respuesta del público que en realidad siempre mereció por calidad. El respeto en círculos selectos se ha visto así trasformado en palpable repercusión, derivando en el mejor momento de un grupo que en esta ocasión consiguió completar el aforo del local zamorano. En tal logro seguramente influyó el excelente recuerdo que la formación dejó en sus tres visitas previas (y ya lejanas) a la ciudad, todas ellas acontecidas en la ya desaparecida Sala Berlin y todavía bajo la denominación de Havalina Blu.

En esta ocasión y con motivo de la presentación de las canciones de su último álbum, “Islas de Cemento” (Origami, 15), los madrileños ofrecieron casi dos horas con las que certificaron (una vez más) estatus. Tiempo suficiente para evidenciar unas amplias influencias que van desde el post-punk de Gang of Four, Wire o The Jesus & Mary Chain hasta los 90 de Sunny Day Real Estate, The Smashing Pumpkins o Rage Against The Machine, sin descuidar figuras más actuales como Muse, Royal Blood o Editors. Y es que Manuel Cabezalí es, además de un vivaz asimilador de la obra ajena, un erudito del sonido en sus diferentes versiones y posibilidades. El músico (también productor) es capaz de exprimir todos los medios a su alcance, hasta alumbrar una amplia variedad de poderoso impacto en el público, siempre excelentemente secundado por sus compañeros de cruzada, Javier Couceiro a la batería y Jaime Olmedo al bajo.

Un conglomerado de descomunal intensidad (y generoso volumen) plagado de amplísimos desarrollos en los que efectos, pedales y ruidismo copan el protagonismo a partes iguales, y donde el realismo visceral y la pasión son sin duda más importantes que las cualidades vocales de Cabezalí. Una propuesta que lleva más de diez años luciendo como una de las más fiables y contundentes del país al contacto con el escenario, y el paso del tiempo no ha hecho sin acrecentar esa sensación, al tiempo de encrudecer preferencias y oscurecer su aspecto definitivo.