Un simple vistazo a la repleta Sala Apolo bastaba para confirmar que el grupo ha traspasado ya el límite de lo que significan los compartimentos estanco en el mundo de la música. En su universo hay mucho más que reggae, roots y dancehall, de ahí que su público sea tan variopinto (aunque en general bastante joven y en su mayoría formado por chicas). Pero ahí todo el mundo cantaba a gritos y en espíritu de comunión cada uno de los positivos mensajes de sus letras.

Andan presentando su último trabajo, “Ahora”, y ciudad que pisan, ciudad en la que cuelgan un sold out. De momento han pasado por Santiago de Compostela, Valencia, Alicante y Madrid (dos noches), y todo han sido conciertos exitosos.

Green Valley han tenido la suerte de plantar una semilla que poco a poco ha ido dando sus frutos, aunque lo importante es que ellos han sabido trabajarla con cariño. Y aunque son muchos los grupos que lo hacen, no a todos les funciona. Quizás sea porque han conseguido una destacable soltura en escena que se extiende desde la salida triunfal, tras una intro de su alma mater, cantante y principal compositor Ander Valverde hasta la sencilla comunicación que consiguen con su entregado público desde el primer segundo. Valverde les hizo bailar, corear jugando con el nombre del grupo, cantar o saltar (creando ese sorprendente efecto de cama elástica en el suelo del Apolo), pasándoselo igual de bien que la propia audiencia.

Repasaron casi diez canciones de este último disco, pero también tocaron una decena de “Hijos de la tierra” (14), además de picotear del resto de su discografía a lo largo de casi dos horas de concierto. Sus cantos a los sueños, al amor, al barrio, contra el maltrato animal o la violencia de género llegan con facilidad a una audiencia joven pero consciente. No faltaron las sorpresas. Macaco, en plena forma y emocionando al público, les acompañó en el tema “Hijos de la tierra” y un vibrante Rapsusklei lo hizo en “Bailando al son del mar” y en “Alas rotas”. A destacar también el buen sonido de la banda a manos del experto Chalart 58.

Ya en los bises y con un alargado y celebrado “Estamos ready” y con los invitados improvisando, se le unió ese valor emergente que es “Adala” Simó. Al final, fue una gran noche en la que todos juntos participamos en la gran fiesta de Green Valley.