Aunque eso es lo de menos. De cara a sus actuaciones, no importa que Green Day publiquen un disco brillante o uno sencillamente correcto, porque sobre un escenario siempre contentan. Y lo hacen porque su fuerza resulta inusual, porque saben ejercer de entertainers y porque ofrecen exactamente lo que llevan ofreciendo desde sus inicios. Ni más ni menos. Ni engañan a nadie, ni lo pretenden. Por ello, “2000 Light Years Away”, “Welcome To Paradise” –con ella abrieron-, “When I Come Around” o “Basket Case” siguen sonando con tanta fuerza, como si fuesen cinco y no tres –aunque en esta ocasión se dejasen acompañar, puntualmente, por un guitarrista de soporte-, consiguiendo incluso que las nuevas piezas presentadas sonasen casi a clásicos -“Blood, Sex And Booze”, “Church On Sunday” o ese “Warning” que recuerda irremediablemente a Petula Clark (¡)-. Para acabar de animar la velada –ya saben filmaban el show-, invitaron a algunos fans a interpretar con ellos piezas propias y ese omnipresente “Blitzkrieg Bop” de Ramones, destrozaron batería, bajo y pantallas, y se fueron por la puerta grande. Como de costumbre y sin engañar a nadie.