Tras la apertura del dúo instrumental de culto Zombi, con sus ritmos hipnóticos y sus melodías evocadoras de la mejor serie B, perfectas para abrir la noche, los suecos visitaban de nuevo Barcelona en plena polémica. ¿El motivo? La demanda de cuatro ex miembros de la banda expulsados por su cantante, a quien acusan de querer apropiarse de la marca Ghost. Un indicativo del ascenso meteórico que el grupo, nacido del underground metálico de los Países Nórdicos, ha experimentado en tan solo seis años y tres discos de éxito ascendente. Vivimos en la era de la presunción de culpabilidad, la información rápida y sin contrastar, y el cotilleo exacerbado vía redes sociales, pero supongamos que la acusación fuera cierta; ¿tiraría ello por la borda la calidad de una propuesta como la suya? Un servidor opina que no: muchos grupos han funcionado antes como proyecto personal de alineación cambiante y de otros muchos no conoceremos nunca sus miserias internas.

En cuanto a su música, Ghost siguen combinando como nadie las guitarras heavies y retro con melodías rabiosamente luminosas y pegadizas -su país es la cuna del death metal sueco, pero también de iconos pop como ABBA-. En lo que a su directo se refiere, cualquiera que haya asistido a muchos conciertos –a cuantos más mejor- sabrá apreciar el punto diferencial: no solo por una imagen poderosa y con un toque fascinante de shock rock que bebe tanto del cine de terror como de la decadencia circense y que entronca con la tradición de King Diamond, por poner tan solo un ejemplo. También por una puesta en escena cuidada y, pese a todo, sobria; por unos músicos entregados y más interactivos que los anteriores; y por un sonido contundente y bien calibrado que robusteció la nitidez e incluso el minimalismo de su propia versión de estudio.

Aunque lo más importante, cabe recordarlo, son sus canciones. Sin ellas todo lo demás sería un envoltorio vacío y estéril, y si algo tiene Ghost son buenos temas, como la mayoría de los que sonaron esta noche: de las ya clásicas “Con Clavi Con Dio”, “Ritual”, “Year Zero”, “Ghuleh/Zombie Queen” o una recuperada “Secular Haze”, hasta las más recientes “From The Pinacle To The Pit”, “He Is”, “Absolution” o la nueva “Square Hammer”, única representación de su último EP “Popestar”. Papa Emeritus ejerció, como de costumbre, de ejemplar maestro de ceremonias -nunca mejor dicho­, aunque quizás habló demasiado en un par de ocasiones, rompiendo innecesariamente el buen ritmo general. Eso sí, fue gracioso observar a dos niños a hombros de sus padres aplaudiendo, sin saberlo, las palabras del frontman sobre satanismo o a favor del orgasmo femenino. Un ejemplo que ilustra el contraste entre lo incorrecto de su blasfemo e irreverente discurso y el tono accesible de su popular propuesta. En caso de necesitarlo, ¿no sería éste el vehículo perfecto del Anticristo para llegar a las masas?