La premisa de unir rock y motor en un festival no es exclusivamente nueva. Buenos ejemplos del presente son el Heroika Fest en Valencia, que hizo en mayo su cuarta edición, o el Motorbeach Festival en Asturias, con su quinta edición en 2017. O la también cuarta aventura de Rockin’ Fest, por parte de la Federación Española de Harley Riders, y que acaba de ser anunciada hoy mismo para septiembre, en Leganés. Por no hablar del Mercado de Motores, en el madrileño Museo del Ferrocarril, un antecedente consolidado desde 2012.

Quizá por eso, porque si ya tenemos una importante burbuja festivalera, la suma de vatios y caballos es una fórmula atractiva pero cada vez más frecuente, este primer Garage Sound Fest, no ha contado con una asistencia justa. No se cumplen las expectativas de un público que sin duda merecían. Aún con los deberes bien hechos de promoción, o incluso con ofertas especiales, (como ese descuento del 20% para los vecinos ripenses), el público no pareció por la labor de sufrir los casi cuarenta grados al sol que se vivieron en el recinto del Auditorio Miguel Ríos de Rivas-Vaciamadrid. Y es una pena, porque mucha más gente debió vivir las actuaciones de veteranos y míticos como Extreme o Thunder; o ver a grandes iconos de los noventa en adelante, como The Darkness o Ugly Kid Joe, o bandas emergentes de gran calibre como Mustach o Shawn James, más próximas a los años 2000.

Esta coctelera de hard rock gozó además de una gran coordinación, puntualidad y calidad en la producción en todos los aspectos (destacando el trabajo de la organización José Villar o Ramón Fernández; a la gente de booking (Roberto Villandiego) o al equipo de prensa (Ana Laballo, Alberto Marín), o la producción audiovisual (Roberto Peromingo), entre otros. Un equipo de trabajo que ya nos ha confirmado que repetirán el año que viene por las mismas fechas. Ahora debemos intentar explicar el por qué de todo…

Viernes

Arrancaron la tarde los madrileños Neon Delta, que están presentando desde hace un tiempo su primer disco: “Imparable”. Una actuación memorable aunque con algún desánimo en los músicos, quizá ante el primer aforo tan reducido. Se podía bromear afirmando que había “tanto público como espacio de sombra”. Y es que el factor del sol pareció una de las pocas asignaturas suspensas del festival. O del público, quién sabe. Lo que no les quita que Neon Delta demostraran que son una de las bandas de hard rock con letras en español más atractivas del momento. La organización no consideró incluir más que dos bandas nacionales (Neon Delta y Los Brazos), sin embargo, el próximo año la situación cambiará.

Les siguieron Tax The Heat, el gran desconocido del festival, que venían a presentar su primer disco desde Bristol: “Fed the Lions”; de aspecto moderno pero sonido setentero, la calidad se hizo patente en esta banda de semejanzas con Stones o Black Keys. Su baterista, Jack Taylor, nos dejó anonadados.

Con Shawn James And The Shapeshifter ya caía una hermosa tarde en Rivas, que nos permitió disfrutar con un componente lumínico apropiado para la nostalgia contundente desprendida por esta increíble banda, con temas “Flow” o “Throught The Shadows”. Es ya lejano su disco “The Bear” (2013), y desde entonces les siguieron un trabajo de covers y otro de estilo gospel. De su directo destacó la reconocida versión de “The Number Of The Beast” de Iron Maiden, y las increíbles ganas con las que salieron al escenario (especial mención para Sage Cornelius al violín más rockero que se ha visto jamás), dado que llevaban una temporada sin actuar, tras esta esperada vuelta en junio, con gira europea de primerísima categoría, incluyendo festivales como Wacken Open Air.

Los irlandeses The Answer, fieles aspirantes al trono dejado por Rush, capitaneados por Cormac Neeson a la voz, vienen de haberse vinculado a nombres como AC/DC. Tuvieron un comienzo algo flojo, mejorado luego con las reconocidas “Under The Sky” o “Nowhere Freeway” y se despidieron con la contundente “Raise a Little Hell” que cerraba aquel disco homónimo suyo de 2015. Paul Mahon a la Guitarra, Micky Waters al bajo, James Heatley a la batería, y sus estribillos coreados, sonaron todos a una.

Los dos días pudimos disfrutar de actuaciones y eventos entre los cambios de grupos en el escenario; espectáculos como el de Free Style de saltos de motocross que realizaron Marc Pinyol, Rocky Florensa y Antonio Navas, o el show pirotécnico de las Fuel Girls (quizás este, mucho menos atractivo de lo que se esperaba). El miedo se hacía presente durante sus actuaciones, incrementado aún más, si cabe, por el fantasma del aún reciente Mad Cool y el trágico fallecimiento de Pedro Aunión el pasado 7 de julio. La adrenalina fue, por ello, más bien agridulce, pero las actuaciones de los motoristas resultaron ser impecables.

Como su propio nombre indica, The Darkness trajo la noche a Rivas y las luces más centelleantes al escenario. Quizás no fue la mayor estrategia comercial el que apenas días antes se anunciasen nuevas fechas para The Darkness en Barcelona, Madrid y Bilbao en noviembre de este mismo año y ya con nuevo disco; pero igualmente lo de Justin Hawkins fue propio de una deidad; su estela, su presencia y fuerte personalidad marcaban el ambiente, ya desde las firmas del grupo, un rato antes de actuar. Llegó con sus apretadas prendas de chillón azul, encarnando la más pura esencia de un rockstar de los ochenta. Su actuación fue un verdadero “ticket al infierno de ida y vuelta”. Presentaron temas inéditos del próximo disco como “Solid Gold” y “Japanese Prisoner Of Love”, a sumar a sus hitos como “Growing On Me” de arranque, o el espléndido cierre con “I Believe in a Thing Called Love” o “Love on the Rocks With No Ice”.

Con la noche ya cerrada, Dios Salve A La Reina, llamados por muchos a ser el mejor tributo a Queen del momento (afirmación difícilmente verificable, dado que existen sólo en España tres o cuatro tributos de semejante mimetismo y calidad), venían de Argentina para dejarnos boquiabiertos, y con la sensación de estar teletransportado a uno de los míticos conciertos de los londinenses. Buena prueba de ello era el simple hecho de que mucha gente en el público parecía venir exclusivamente por ellos. De llenar estadios en su país, vienen a traernos todos los himnos que hicieron de Queen la mayor banda de rock de la historia. Los parecidos eran una ilusión incluso frustrante; Pablo Padín es la reencarnación, versión hispana, de Freddie Mercury, que ha estudiado al milímetro todos los movimientos del artista de origen indio. Salvo por las pelucas, poca broma tampoco en la ejecución de sus músicos; como las guitarras de Brian May sonando en las de Francisco Calgaro.

Como anécdota, la casuística hizo que todo girase un poco en torno al legado de Queen; el baterista de The Darkness es Rufus Taylor, hijo de Roger Taylor (baterista de Queen). Asimismo, Gary Cherone, vocalista de Extreme fue uno de los cantantes invitados en aquel mítico concierto tributo a Freddie Mercury que se celebró en el estadio de Wembley (Londres) el 20 de abril de 1992.

Acabaron la noche Mustach, una institución en Suecia, ya desde su época dorada en la Gotemburgo de finales del siglo XX, dominada por los sonidos del avand-garde y el metal extremo, donde ellos en su lugar prefirieron plasmar la esencia de esta escena de prestigio mundial en sonidos hard-rockeros. Quizá la única banda que no gozó de un sonido impecable, pero que dejó abierta la curiosidad de los neófitos que pudieron escuchar piezas como “Down to Earth” o “Be Like a Man”.


Sábado

Los eventos secundarios seguían siendo de muy buen recibo: la exposición de American Cars, de Motos Custom, Hot Rods o Muscle Car, American Trucks pero sobre todo destacó la american party con música country (Folsom Prisonband, primera actuación del día) y una barbacoa gigante.

El arranque oficial de esta segunda jornada fue con los bilbaínos Los Brazos, que ya llevan una puesta de largo de su “Gas”, desde que lo lanzasen en 2015. Will Gutiérrez demostró el carisma que tiene como showman, animando al público hasta tal punto que hizo suyo el festival desde primera hora, alabando la voluntad de la gente para acudir a horas calurosas. Si no son ya la mejor banda de rock and roll de tintes clásicos del país, poco les debe faltar. “Fearless Woman”, “Not My Kind”, o el single solidario “Magic” ganan enteros en directo, y su puesta en escena en festivales como Azkena Rock, entre otros, es cada vez más habitual.

A continuación aparecieron en el escenario Barbe-Q-Barbies. La primera sorpresa era el más que evidente embarazo de su vocalista, Niki Tuskassa, pues actuó con la gestación a punto de concluir; todo un ejemplo de fuerza y valentía. Las finlandesas son hipnóticas en su show y su actitud, encarnada en himnos como ese “shut the fuck up” que corean en “STFU” y la puesta en escena de su último álbum, “Driven” (2015). Estuvieron muy correctas y supusieron el necesario punto femenino; tema siempre tan en boga, ante la escasez de mujeres en los escenarios de grandes festivales.

Terrorvision es una banda que vino a terminar de sembrar el buen rollo entre la gente. La verdad, si no fuera por este festival, ya nos habríamos olvidado de estos míticos ingleses. Después de diez años de su último disco, el 24 de febrero de 2011 sacaron su último trabajo hasta la fecha, “Super Deluxe”. La banda nos dejaba con la incógnita de si el nombre de debe a las pintas tan incoherentes que muestran, llevando ropas distintas, si no opuestas, su vocalista, guitarrista y bajista. Todo un juego de contrastes, lo de estos veteranos hacen, con su alocado vocalista, Tony Wright.

Hace poco, por el 20 aniversario de la banda, giraron para interpretar en directo el mítico álbum “Regular Urban Survivors” (1996) al completo. Su setlist aquí fue más variado, demostrando que no son un one hit wonder con el muy explotado “Oblivion” del 94. “Josephine”, “American TV” o “Demolition Song”, que cerraba aquél “Super Deluxe”.

La actuación de Ugly Kid Joe fue de las más sonadas, y la única, junto con Shawn James & the Shapeshifter que podía ser disfrutada al día siguiente en Barcelona; ambas bandas de regreso al epicentro de Europa, para proseguir con sus giras. Lo de Ugly Kid Joe era de fastidio; no pasaban por España desde el año 1995, cuando lo hicieron junto a Bon Jovi y Van Halen. Desde que se separasen en 1997 y tras su vuelta en 2010, era un sueño para muchos verles en nuestras tierras, y quizá por eso, Whitfield Crane y los suyos se dejaron ver incluso entre las filas del público.

Entramos en la recta final del festival. Cuando llegó el momento de Extreme, se sentía de nuevo, como ocurrió el día anterior con The Darkness, el verdadero ambiente de un festival, con un público mucho más multitudinario, apelotonado, coreando canciones y alabando a su eternamente joven guitarrista, Nuno Bettencourt. Si ya las apariciones de Terrorvision y Ugly Kid Joe nos llenaban de nostalgia, Extreme generaba el clímax, no sólo con su eterno “More than Words”, sino con la marchosa “Get the Funk Out”, revolviendo el ambiente con mini-showcase en acústico para “Hole Hearted”, las incursiones de Nuno al público, rendido ante sus solo “Flight of the Wounded Bumblebee” e incluso con los covers de “Kashmir” de Led Zeppelin y “We Are the Champions” de Queen. Sólo Extreme podía hacer algo así. Quizá una actuación demasiado larga, tanto para los músicos como para el público; quizá fue cosa mía.

Pero después llegaban Thunder los más veteranos del festival, que sin embargo, nos dejaron por los suelos y agotados para ver el cierre de Nashville Pussy. Vaya tres bandas para acabar una noche; a esto lo llamo yo una cuesta final apurada.

Thunder arrasó en las firmas y en el escenario. Tan queridos como cariñosos, vinieron para presentarnos su nuevo disco, “Rip it Up”, el número 17 de su carrera. Los legendarios rockeros con Danny Bowes y Luke Morley al mando, sólo relajaron cuando llegaba el turno de cortes más bluseros, como “Serpentine”. Varios discos de oro y platino en todo el mundo no parecían inmerecidos, como tampoco hicimos ascos a su inevitable regreso, en 2014, con “Wonder Days”, quizá su mejor disco en décadas. Tan en forma los vimos que esperamos que regresen pronto con esta misma gira, a una gran sala de la capital. Quien sabe, por pedir…

Y como colofón, lo bordaron los de Atlanta, Nashville Pussy con sus joyas “Piece of Ass”, “Good Night For A Heart Attack”, el cover “Can’t You See” de The Marshall Tucker Band, y despidiéndose amablemente ya de todos con “Go Motherfucker Go”. Ruyter Suys y su marido Blaine Cartwright y sus más recientes socios desde 2013: Ben Thomas a la batería y Bonnie Buitrago al bajo pusieron la guinda “cowpunk”, bajo esta gira llamada “Ten Years of Pussy”; el paraíso en forma de concierto. Los autobuses gratuitos que dispuso el festival debieron llevar de vuelta a Madrid muchos “cadáveres”.

En resumen, un festival de diez y un público en la capital que merece el suspenso o si acaso, un aprobado raspado, porque no había excusas para perderse estos días sin oferta musical que se le parezca.