En la memoria de algunos pocos aún quedaba el recuerdo de unos Foo Fighters que diez años atrás aterrizaron por aquí para actuar en la extinta sala Canciller y en la inauguración de una tienda de discos de la céntrica calle Fuencarral. Ni el propio Dave Grohl recordaba anoche con exactitud aquellas fechas. Estaba claro que nos debían un concierto y a su manera cumplieron con ello. Tras atacar del tirón con “Bridge burning”, “Rope” y “The pretender” llegó el momento de pedir perdón y reconciliarse con la audiencia española como mejor saben hacer, que es tocando grandes canciones de rock. Aunque no nos engañemos, un concierto de estadio es lo que es, un teatro del rocanrol donde miles de personas le siguen el rollo a su banda favorita ya sea porque se apoya en aspectos lejanos a los musicales, como por ejemplo pantallas de video de última generación, fuegos artificiales, coreografías, etc. o como es el caso, porque disfruta haciendo lo que más le gusta que es tocar, tocar y tocar hasta completar casi tres horas de directo, que se dice pronto. Únicamente una pasarela de veinte metros de largo que arrancaba del centro del escenario y seis módulos principales de luces que se movían y hacían de mini-pantallas fueron el total del montaje escénico. El set-list de FF para un concierto de este tipo y más a estas alturas de carrera era bastante previsible, de esta forma al tiempo que sonaban las recientes “White limo”, “Dear Rosemary” o “Walk” se intercalaban piezas clave como “My hero”, “Learn to fly”, “Monkey wrench” o “Long road to ruin”. Casi todas las canciones llevaron sus interlocuciones y florituras, esos momentos en los que Dave juega con el público para ver quien grita más o en comprobar si más de diez mil personas pueden aguantar un arranque de canción como “Breakout”. En mi opinión la mayor parte de estas cosas sobran, igual que perder el tiempo en presentaciones o hacer una aburrida competición de solos de guitarra en “Stacked actors”, donde un flipadísimo Chris Shiflett se tiró de espaldas al público mientras hacía un punteo. Pero en fin, está visto que a la masa que acude a un macro-concierto pues estas cosas le van. Aunque afortunadamente lo que de verdad puso las cosas en su sitio fue el poder disfrutar en vivo canciones como “Let it die”, “Best of you”, “Skin and bones” o “All my life” de una vez por todas. Cuando se retiraron al bis hicieron una coña para ver si el público quería tres o cuatro canciones más o qué, y tras mucho gritar y aplaudir los Foo se marcaron un final con seis temas extras donde encajarían las grandes “Wheels”, “This is a call”, el “Tie your mother down” de Queen y “Everlong” como broche final. Por su parte los grupos invitados hicieron su papel. Los madrileños Dinero encendieron sus amplis cuando eran las siete de la tarde y aún la muchachada se arremolinaba en los aledaños del Palacio para tomar algo antes de entrar. Tras ellos The Gaslight Anthem hacían lo propio para presentarse también ante el gran público con su particular modo de entender el rock con tintes emo. Muchos nervios, agradecimientos y energía para desarrollar canciones como “Bring it on” o “American slang” que les sirven a día de hoy como tarjeta de presentación.