Como una diosa de la felicidad o un duendecillo del bosque, corriendo de punta a punta del escenario, girando, saltando y con una enorme sonrisa en la boca. Florence Welch volvió a demostrar en Madrid su capacidad para construir un espectáculo inolvidable para sus fans -ataviados con flores en la cabeza, una gran masa de público británico-.

La estrella no dejó en toda la noche de dar las gracias por haber conseguido llenar un recinto tan grande. Sus seguidores gritaban y entregaban sus cuerpos por completo a la artista canción tras canción. Jugó con ellos, les besó y hasta hizo que se abrazaran entre sí. Está claro que para Florence es importante conectar con el público, tocarles y lograr transmitir cada uno de los sentimientos que afloran por su piel en una noche tan intensa como esta sea como sea el aforo.

Entre la colección de temas, pocas sorpresas, un gran protagonismo de “How Big, How Blue, How Beautiful” y una estupenda cover del “Sweet Nothing” de Calvin Harris que pierde la electrónica por completo. Florence no necesita grandes artificios para brillar y es ahí cuando se demuestra que una figura tan grande para la industria musical es puro talento.