Dice Ivan Moody, mientras se dirige al público, que Five Finger Death Punch decidió que sus fans serían conocidos como “mala compañía”, haciendo un guiño a su versión de “Bad Company”. Es esa compañía, esos fans que noche tras noche llenan las salas los que han mantenido firmes los cimientos de la banda cuando se han tambaleado. Five Finger Death Punch toman el relevo de bandas como Avenged Sevenfold y exportan ese metal con sabor americano que parece incombustible. Y volviendo a las compañías, los abanderados del nuevo Groove metal han sabido rodearse de dos grandes bandas para esta gira como son In Flames y Of mice And Men.

Era su segundo concierto en España. Of Mice And Men defendieron su ultimo álbum Cold War (2016), sin su cantante principal Austin Carlile después de que abandonara la formación, a finales del año pasado. Con la vista puesta en su próximo álbum “Defy” y ya adaptados a su nuevo formato, la banda demostró que el metalcore aún capea el temporal con fuerza.

El cambio de dirección de In Flames ya no es algo que sorprenda a nadie, de hecho cuesta imaginar a aquellos In flames más cercanos a At The Gates tocando en un cartel como el de anoche. Con una escenografía que recordaba a las torres de muse en su gira The Resistance (la comparación no es casual) In flames se mostraron más solventes que en pasadas ocasiones.

La vista se nos va en cuanto aparece la escenificación del artwork de “sense of purpose”, con una enorme figura de ojos rojos que se clavan sobre el público. Nosotros, como buenos millenials en nuestra mayoría, no paramos de hacer fotos a ese despliegue de medios. Es ahí cuando Anders Fridén podría haber entonado la consigna de guardar el móvil y disfrutar del show, pero en vez de eso anima a seguir para que “enseñemos las fotos a nuestros amigos y así los traemos la próxima vez”. Siempre con su humor e ironía. La trayectoria de In Flames es indiscutible y pasean tanto sus últimos temas de Battles (2016) como sus himnos “Trigger” o “Alias”. Un espectáculo audiovisual digno de una banda consolidada que cada vez más apunta al rock de estadio sin renunciar a sus raíces de death metal.

Son fechas para hacer el típico repaso a lo ocurrido durante el año y el de Five Finger Death Punch es algo agridulce. Muchos auguraban este verano el final de la banda, después de un lamentable concierto en Holanda en el que los problemas de la formación eran evidentes. Ese show en el que el cantante Ivan Moody aparecía y desaparecía del escenario fue el detonante que lo apartó temporalmente de la banda para recuperarse de sus adicciones. Pero si algo caracteriza las letras y el carácter del grupo es esa capacidad de resiliencia, así lo demostraron con Moody de vuelta en esta gira. Moody recordó este episodio pidiendo disculpas a los fans antes de empezar “I apologize” en acústico con energías renovadas.

Los americanos toman influencias de los clásicos del metal de los ochenta como demuestra un virtuoso Jason Hook a la guitarra de dos mástiles, mientras el público reconoce, entre otras, acordes de “Enter Sandman”.

Five Finger Death Punch no se libran de esa pomposidad propia con rayos láser, cambios de vestuario y sorpresas controladas. Ya es un clásico esperado la invasión de fans con mano roja pintada en la cara como insignia durante “Burn”. En esta ocasión, eso sí, también les acompañaba Tommy Vext de Bad Wolves, sustituto de Moody en su anterior gira. Con una ejecución precisa y contundente como la de los de Nevada, todos los accesorios refuerzan el mensaje para ofrecer un espectáculo sin fisuras y disfrutable.

El nuevo material de la banda parece aún muy lejano, de momento habrá que conformarse con su próximo recopilatorio “A Decade Of Destruction”, una trayectoria que repasaron en directo y que, a este ritmo, puede seguir creciendo de forma exponencial.