La edición más difusa y con más incertidumbres del FIB ha terminado. También es cierto que ha habido dificultades en algunas de las anteriores dieciocho ediciones: un diluvio que hizo caer el escenario, vientos huracanados que suspendieron varios conciertos, un incendio en los aledaños del recinto… Pero el festival ha sabido siempre remontar el vuelo, incluso con más fuerza, para consolidarse como uno de los festivales más importantes del territorio. Solo que lo que hace años era una cita obligada para el aficionado español ha pasado a tener un público mayoritariamente británico, al que se le presenta un cartel a medida, con sus gustos, sus ofertas de vuelo + camping + abono a precios reducidos, con ofertas de última hora para salvar el aforo. Con eso se consigue atraer a una masa de gente que, realmente, no tengo muy claro que vayan a acercarse al festival exclusivamente por la música. El perfil de edad se rebaja y también se trata de gente con menos libras en los bolsillos, según se han quejado los comerciantes de Benicàssim, que no han hecho la caja que hacían otros años, pero a los que, si desapareciera el FIB, se les haría un daño terrible.
De momento, Vince Power, que seguirá tres años más como director, asegura que la continuidad está más que garantizada.

El festival empezó la temporada a lo grande, apostando por la electrónica y grandes cabezas de cartel. La Roux fue la encargada de abrir el escenario Maravillas a base de esos beats británicos que están tan de moda, aunque sin apenas material inédito ya que segundo álbum está a la espera de lanzarse. Por el escenario Trident llegaron desde Londres, Rudimental dejando un agradable sabor de boca con su drum’n’bass bailable, contagioso y superventas (algunos de sus singles han alcanzado las primeras posiciones en el Reino Unido). La sorpresa local pisaría el escenario Trident desde Castellón con Pleasant Dreams y su versión de la canción popular “La Panderola”, que Juanjo Clausell, su cantante, nunca pensó que sonaría en el festival. Para completar el terreno nacional John Talabot junto a su Pional firmó la electrónica de la tierra. Pero esto solo fue un aperitivo, el festival tomó su verdadera forma cuando Beach House aparecieron sobre el escenario. La belleza estética (y estática) de su interpretación, llenando de estrellas el fondo del escenario Maravillas, consiguió que temas como “Myth” o algunas canciones de su “Teen Dream” crecieran hasta desbordarse.
Tras ellos Queens Of The Stone Age supieron llegar al público y sumergirlos en un viaje por la estética tétrica y atrayente que domina su último lanzamiento. Como inicio del espectáculo, la gran pantalla central proyectó un enorme cristal que se rompía al ritmo de la música y era desgarrado por una mano gigante. La historia había comenzado y los particulares cuervos del grupo alzaban el vuelo entre sus proyecciones. La selección de temas fue la correcta, el público se mostró muy agradecido incluso con los temas más sobrios de “…Like Clockwork”, se engancharon a sus personajes y querían llegar hasta el final.

El viernes era más claramente enfocado al público británico, más mayoritario que nunca en esta edición del FIB y que a modo de preámbulo presenciaron dos conciertos de puro rock’n’roll a cargo de Hanni el Khatib y Guadalupe Plata. Estos pusieron los pelos de punta al personal con un blues pantanoso y real en el que cabe destacar la labor de su batería con escayola en la mano izquierda aporreando los parches sin descanso.
El cabeza de cartel más singular de esta edición del FIB, el rapero Dizzee Rascal, llegaría a continuación para hacer saltar a la gente al ritmo de un rap comercial, enérgico y que todos los británicos del lugar conocían bien. Tras ver la acogida de éste en el festival, se puede decir que Rascal es adía de hoy el rapero “mimado” de Gran Bretaña. Su puesta en escena se caracterizó por su total interacción con el público, al que consiguió incluso dividir en dos bandos para realizar una autentica batalla rapera.
Con la visita de Liam se produjo el primer lleno en lo que llevábamos de festival. Beady Eye son un aliciente para las hordas británicas, y sí, hubo un par de versiones de Oasis -“(What’s The Story) Morning Glory” y “Rock And Roll Star”. La anécdota del concierto surgió cuando Gallagher permaneció unos minutos de silencio como protesta a un desnudo integral de un joven en el público. Sabiendo como se las gasta el ex Oasis, seguro que no le hizo mucha gracia la broma.
Johnny Marr,
dio toda una lección enfocando su concierto ahacia los temas de su etapa gloriosa en The Smits: “Big Mouth Strikes Again”, “There Is A Light That Never Goes Out”, “How Soon Is Now” o versiones como “I Fought The Law” de Bobby Fuller, aunque más cercana a la adaptación de The Clash. Por último llegaron los ya “clásicos” Primal Scream, un poco más apagados que en anteriores visitas al festival. Abrieron con un tema nuevo y luego pasaron a su mítico “Movin’ On Up” que les llevó a seguir enlazando con una serie de clásicos infalibles, desde “Swastika Eyes”, “Jailbird” a “Country Girl”, provocando el delirio colectivo.

Y por fin llegó el sábado, el día más esperado por el sector femenino que acudía a esta edición del FIB. Toda la agresividad que soltaron los mocetones ingleses en el concierto de QOTSA, la expulsaron las británicas con los Arctic Monkeys. El escenario estaba decorado únicamente con una A y una M gigantes a cada lado. El repertorio de temas fue bastante correcto y el bis llevó a un cierre inmenso en el que invitaron a Miles Kane a subir al escenario. Por otro lado, el concierto en solitario de Miles Kane sirvió para consolidar al músico dentro de toda esta escena “rockanrolera” por la que se mueve. Con los temas de “Don’t Forget Who You Are” supo hacerse un hueco entre el gran nivel de artistas británicos de la noche.
Kaiser Chiefs coincidían en hora con Bastille. La división fue clara, el público español y el sector masculino en general apostó por el concierto de los Chiefs que continúan explotando sus grandes éxitos hasta la saciedad sin aportar nada nuevo. Los asistentes más jóvenes, parejitas de enamorados y féminas enloquecidas se lanzaron sin pensarlo al escenario Trident en busca del fenómeno Bastille. Agrupación liderada por Dan Smith, que se atrevió incluso a realizar un cover de “The Rhythm Of The Night”. El sábado se cerró con una macro fiesta para los amantes de la electrónica en el escenario Maravillas dominada por el productor Benny Benassi. Los altavoces explotaban al ritmo de electrónica machacona, comercial, combinada con clásicos e intercalando algunos temas vocales.

Y comenzó a oler a despedida, los fibers se arrastraban por las instalaciones del festival asimilando que aún les quedaba la batalla final. La cancelación del concierto de Azealia Banks en el último momento supuso una serie de cambios en el cartel que desplazó a Grupo Salvaje y a AlunaGeorge como sustitutos de la rapera. La razón de esta ausencia se supone que fue una infección de garganta, aún así muchos no la creyeron ya que días anteriores había actuado en Alemania. Durante el concierto de AlunaGeorge se llegó a ver incluso carteles que constaban: “Azealia está de resaca”.
Al principio del día las americanas Deap Vally fueron las que pronunciaron más palabras en castellano, al tiempo que ofrecían un concierto breve e intenso que debería haber sido programado más tarde y en un escenario más pequeño para que su sonido gamberro de guitarra y batería fuera mejor degustado. Sonaron tremendas. AlunaGeorge son todo un fenómeno en UK, el lanzamiento de su álbum se realizará a finales de mes y por esta razón posiblemente el público solo disfrutó los temas que ya son singles. La puesta en escena se limitó a una Aluna en pantalones cortos y zapatillas de deporte que se recorría el escenario de un lado para otro mientras George se mantenía semi-ausente con sus teclados en un lateral del escenario. Pero pocos se quedaron a ver terminar el concierto del dúo ya que parte de este se pisaba con el postre del festival, la gran despedida junto a The Killers.
Con un despliegue de luces, fuegos artificiales y confeti en forma de rayos, al más puro estilo Las Vegas y haciendo referencia a su último álbum, consiguieron ser unos fantásticos maestros de ceremonia. Están hartos de que se les tache por sus últimos álbumes y el grupo apostó en el directo por una selección de grandes éxitos que en ocasiones no dejaron ni respirar. Para suplir la escasez de algunos temas de “Battle Born” recurrieron al terreno visual, al juego de luces y láser, para crear otro tipo de espectáculo. En esta edición del festival se vio a un Brandon Flowers muy cercano con su público y que supo liderar de manera airosa la despedida. Al final del concierto luciendo una camiseta en la que se leía “VINCE”, que aunque sea una marca de ropa, suena a peloteo y a querer continuidad en la contratación por los festivales de Mr. Power.
Por su parte, Black Rebel Motorcycle Club tampoco hicieron su mejor concierto en el FIB, pero sonaron más contundentes y apropiados para un escenario que se le quedó grande a Jake Bugg, una de las grandes revelaciones británicas de la temporada anterior. A esa misma hora y sin casi público el holandés Jacco Gardner deleitaba y desentumecía los oídos con su sonido psicodélico de teclados del siglo pasado y válvulas. Woodkid, cuyo directo nos dejó a todos con la boca abierta y los oídos derretidos, se subió al escenario de Tridents. Proyecciones de arcadas góticas en blanco y negro, tambores, vientos y una puesta en escena fantástica, con Yoann Lemoine ejerciendo a la perfección su papel de Mesías del Apocalipsis gracias a una presencia sólida y una voz de lo más penetrante. Espectaculares.
El escenario Maravillas se despidió, después de Madeon, con el clásico vals de cierre de escenario, acompañado esta vez por “My Way“ de Frank Sinatra, en una edición en la que no salieron por las pantallas, como otros años, el agradecimiento del festival y el “nos vemos en el FIB 2014”.