Jueves 14

Una nueva y exitosa edición del FIB con el aforo completo, en la que destacan los cabezas de cartel sobre una segunda fila en ocasiones pobre o conocidos “hypes” del público británico. El jueves pasó por ser el día más flojo del festival, aunque siempre se pudo escuchar alguna propuesta de calidad, como la de Russian Red, presentando nuevo álbum con una banda competente, vestidos con traje de chaqueta que recordaba una orquesta de club nocturno, y la vocalista al frente. Lourdes Hernández ha madurado artísticamente con “Fuerteventura”, añadiendo al folk característico algunas pinceladas country en el sonido de las guitarras. Otra banda nacional, Grupo Salvaje, no contó con tanta audiencia a pesar de la indiscutible calidad musical de su propuesta, entre el rock y la americana, alcanzando cotas de intensidad eléctrica en “Tormento” con añadidos de mandolina que dan un toque especial a los temas. La apuesta arriesgada de la jornada fue la de Congotronics vs Rockers, música tradicional del Congo versus rock, con miembros de diversas formaciones como Konono Nº1, Deerhoof o Wildbirds & Peacedrums. El resultado, una jam session en la que los momentos tropicalistas son mejor recibidos, aunque tras dos horas resulte algo excesivamente largo por repetitivo. Tras la World Music, un rato de baile desintoxicante con Crystal Fighters, quienes pusieron patas arriba el FIB Club, y temas no les faltan, desde “I Love London”, momento txalaparta incluido, a “Xtatic Truth” con el que cerraron su actuación. La curiosidad de la noche fue ver a Gasteiz Gang, o lo que es lo mismo, la unión de Mendieta, Juan Vitoria y su hija pinchando sus temas favoritos, Ramones, The Jam o Los Nikis entraron en su lista particular. De Pendulum poco podemos decir, una copia mediocre de Prodigy, de los que soportamos apenas quince minutos. Aunque en Gran Bretaña posean un status elevado, y el público se divirtió de lo lindo, no busquen mucho más allá de la electrónica garrafonera mezclada con el rock de estadio.

Viernes 15

Comenzamos la segunda jornada con uno de los mejores grupos nacionales de esta edición, Nudozurdo, que volvían tras su paso en el FIB 2009, esta vez ocupando el Maravillas. Un directo intenso en el que las guitarras saturan el ambiente, con temas como “Ha sido divertido” o la genial “El Hijo de Dios” con la que pusieron punto final. Unos veteranos The Undertones ofrecieron un brillante concierto con multitud de temas conocidos que hicieron las delicias de jóvenes y menos jóvenes. “Jimmy Jimmy”, “You´ve Got My Number” o la infalible “Teenage Kicks” sonaron frescas para disfrute del público. Algunos conocen a Herman Dune por la canción del anuncio de la cerveza, “I Wish That I Could See You Soon”, pero tiraron en un principio del disco nuevo “Strange Moosic” hasta sonar la famosa tonada. Además de rescatar emocionantes temas como “My Home Is Nowhere Without You”, los maestros de The Wave Pictures dieron toda una lección musical arropados por devotos seguidores. Otros veteranos, The Stranglers, se mantienen en un excelente estado de forma en la actualidad a pesar de los cambios en la formación, sonando de manera contundente temas añejos como “Golden Brown”, “Skin Deep” o ese himno punk que es “No More Heroes”, a pesar que el público se redució a la mitad para no perderse a The Strokes. Comenzaron fuerte con “NY City Cops” y los mejores temas de sus primeros discos como “Reptilia”, pero hacia la mitad se escucharon las nuevas canciones de “Angles”, con lo que fue perdiendo gas además de no ayudar la actitud pasota de Julián Casablancas, con un resultado irregular que nos deja un sabor amargo de lo que pudo haber sido un gran concierto. Durante media hora nos acercamos a escuchar al líder de LCD Soundsystem, James Murphy, que realizó una sesión en la que predominaron los ritmos negros del funk y la música disco.. Para cerrar la noche, el concierto de Friendly Fires fue un soplo de aire fresco a pesar de las altas horas de la noche. Y es que esta banda británica puso toda la carne en el asador sorprendiendo la frescura de sus temas bailables, con el vocalista Ed Macfarlane sudando la camiseta pero de verdad con sus bailoteos durante todo el concierto. Lo cierto es que canciones como “Jump In The Pool” o “Paris” son un aliciente, pero lo es más cuando la banda se entrega y te contagia del optimismo de sus temas, con añadidos como percusiones o sección de viento, finalizando con un enorme “Kiss Of Life”.  Texto: Carlos Ciurana

Sábado 16
En los tiempos que corren, en los que una buena actuación en un festival veraniego permite que una banda pueda vivir de rentas durante tres o cuatro veranos más, los setlist y puestas en escena están orientadas a atrapar la atención de un tipo de público cada vez menos dado a permanecer quieto ante las docenas de alternativas que pugnan por su atención. El público está ahí para quien tiene los huevos de ir a por ellos y retenerlos hora y media. De ahí que durante este fin de semana se hayan visto conciertos intensos y enérgicos mientras, por otro lado, algunos en los que sólo los incondicionales se quedaron hasta el final. Por ejemplo, Astrud y el Colectivo Brossa, fueron uno de estos últimos. Y es raro, por ser conocidos por su especial cuidado con el que planean todo lo que gira a su alrededor. Su concierto, presentando lo que será su nuevo disco en Noviembre, está más pensado para un teatro o un auditorio que para una carpa a media tarde. Tampoco se vieron beneficiados del sonido plano y mazacote con que se distinguió la carpa fiberfib. Interesantes, pero demasiada emoción contenida demasiado pronto. Tampoco fueron los únicos, es verdad. Bombay Bicycle Club no anduvieron tampoco muy finos, enredados en un rock difuso y complejo de seguir. Mientras, en el escenario principal, ya entrada la noche, asistimos a uno de esos extraños fenómenos inexplicables por los que una banda correcta sin más como Mumford & Sons lograban el rendido entusiasmo de la fracción británica del público. Dieron un concierto movido, alegre y simpático. Pero no son nada del otro jueves, así que supongo que se puede decir que resultó un triunfo para ellos. Casi a la misma hora, Beirut mostraba dificultades para levantar el vuelo. Decidieron dejar para casi el final sus temas más conocidos, empeñados en presentar su nuevo disco, y gracias a ello el público abandonó para tomar posiciones ante uno de los grandes de la noche.
Porque se puede decir lo que sea de los Arctic Monkeys, pero no se puede negar el olfato de Alex Turner para entender a la generación que le ha tocado. Y para saber qué quieren recibir por el dinero de su entrada. Durante hora y media los Arctic Monkeys manejaron al público a su antojo, alargando frases y paradas, jugando con los tiempos y sonando compactos y pletóricos como pocos. Repasaron sus cuatro discos como si haber creado tantos himnos generacionales fuese algo sencillo de hacer. Varios miles de británicos podrían decir al día siguiente que habían visto a alguien que les habla de tú a tú sobre lo que les importa: chicas, cerveza y peleas de sábado noche.
Lo que dejó la pista para gente algo más crecida con ganas de revisitar sus días de gloria. Primal Scream no defraudaron repasando “Screamadelica”, su involuntaria obra maestra. Los tiempos han cambiado y llenar casi un cuarto de hora con largos desarrollos instrumentales en “Movin’ on up” pudo resultar algo arriesgado. Sin embargo, teniendo temas como “Loaded” o “Come together” es difícil fallar. Como relleno y para terminar dominando la plaza, colaron varios temas de su disco posterior. Pero dudo que nadie pueda quejarse de que unos Primal Scream entusiasmados tocasen “Jailbird” o “Rocks”.

Domingo 17

El domingo, con las fuerzas justitas, se pudo ver a unos Antonia Font a quienes, reitero, el sonido de su carpa convirtió en un mejunje plano sin demasiada gracia. Una pena, porque su set estaba plagado de buenos momentos. Pudieron aguantar el tipo, sin embargo, escogiendo sus temas más festivos para el final, cuando el sol bajaba y el calor dejó de apretar. Otros locales, Catpeople, llenaron con dignidad el escenario principal frente a un número importante de fans entregados y la sutil indiferencia de aquellos que no les conocían. En general, se ha notado un claro divorcio entre el público extranjero y el local. Y, por muchas ganas que uno le ponga para entenderlo, sigue sin comprender qué le han visto por esas islas a cosas como Noah & The Whale. No digo que no hayan conseguido varias canciones afortunadas o que no tengan solvencia encima de un escenario. Sólo es que como ellos salen cinco todos los meses, banda arriba, banda abajo. Pero son ellos quienes han tenido suerte y los que están teniendo su momento de gloria. Aunque visto lo visto, mucho tendrán que esforzarse en un futuro cercano para mantener el status de banda cool. Otra cosa fueron Veronica Falls, banda que, aunque técnicamente pésimos, mostraron el júbilo de saberse en un festival donde no cuadraban pero en el que pensaban disfrutar. Con un sonido más cercano al anorak pop y bastante timidez, se ganaron el corazoncito de la escasa parroquia que se acercó a verlos.
Y, entrando en materia, poco antes de la medianoche aparecieron los serios candidatos a convertirse en el momento estelar del fin de semana. Portishead, aún sin conectar con la media de edad del público, ofrecieron una noche exquisita y elegante. Poco pródigos en conciertos y discos, la curiosidad de observar si estaban oxidados en directo pronto quedó resuelta. No hay, actualmente, banda que pueda crear atmósferas tan tenebrosas con unos planteamientos aparentemente tan poco agresivos, por mucho que el término “trip-hop” se haya convertido en un cliché sobre-explotado. La pareja formada por Geoff Barrow y Beth Gibbons mostró durante hora y media que fueron ellos quienes crearon todo y quienes han dado las mejores gemas del estilo. Enmarcables.
Y huberan sido el mejor concierto del fin de semana de no haber aparecido más tarde Arcade Fire. Mucho se ha rumoreado sobre el coste real de traerlos a cerrar su gira, pero en términos de calidad, cualquier cosa palidece. La banda canadiense ofreció EL CONCIERTO perfecto. Comenzando con la conexión con el público, ganado de antemano, desde el inicio cayeron himnos como losas. Pocos, o quizá nadie, puede presumir de una trayectoria tan corta plagada de más de una veintena de grandes temas. Con unas proyecciones cuidadas hasta el extremo, pero con la holgura necesaria para que el resultado no pareciese estudiado, Arcade Fire dieron uno de esos conciertos que se recuerdan lustros más tarde tomando una cerveza con los amigos y preguntándose qué ha pasado con la pasión encima de un escenario. Fue una demostración de por qué, muy de vez en cuando aparece alguien que pone a todo el mundo de acuerdo porque es imposible ponerles pegas. Texto: Israel Sánchez

Si quieres leer la crónica de Don Disturbios sobre el Festival pincha aqui (Y sí, él escribe sobre el magnífico concierto de Lori Meyers)