Abrieron las tardes en el escenario grande Niños Mutantes, Orlando o Satellites, demostrando que mantienen el nivel y que -especialmente los mallorquines- su propuesta puede mantener el pulso entre tanto nombre internacional. Fernando Alfaro y sus Chucho convencieron sobradamente, aunque su actuación fuese algo desigual. Ash se desenvolvieron como de costumbre, aportando la carga más rock del festival y permitiéndose incluso versionear a Weezer. Aún así, gracias a hit singles como “Goldfinger” o “Girls From Mars” consiguieron ser una de las formaciones más coreadas. Los Divine Comedy de Neil Hannon nos hicieron vivir la que posiblemente fuese una de sus peores actuaciones en años. Y es que mal funcionan cuando se olvidan de sus pinceladas más croonerescas. Por suerte, los Flaming Lips supieron reavivar la llama festivalera con una actuación inusualmente breve, pero con toda esa parafernalia que ha convertido sus conciertos en algo extraterrestre. Brillantes, desenfadados y con mucho sentido del humor, no permitieron que ni siquiera su elaborada puesta en escena se les comiese como intérpretes. Queremos más. James contentaron a algunos y aburrieron a otros, aunque supieron hacer gala de una veteranía que les honra con una actuación colmada de éxitos (“Come Home”, “Sit Down”, “Sometimes”…) y con un Tim Booth que sigue teniendo ese carisma que muchos vocalistas británicos deberían pedir a gritos. Cerraron esa noche en el escenario grande Hooverphonic con su trip hop oscuro que tan pronto susurra como se lanza contra un muro de guitarras rasposas, aunque ni siquiera así levantan demasiado el vuelo. El sábado, Alison Goldfrapp se mostró brillante como vocalista, solemne, certera y eficaz, dejando al descubierto no solamente la magia de algunas de sus canciones, sino también el gran potencial de su registro vocal. Sí, también versionearon el “Physical” de Olivia Newton-John que ya han publicado en single. La Habitación Roja dejaron claro que las dimensiones del escenario principal del festival les iba como anillo al dedo. Y es que se mueven como peces en el agua hasta el punto de que, un año de estos, tampoco se les vería nada mal cerrando una noche. A continuación, Mogwai volvieron a ofrecer una actuación sorprendente, de una intensidad desmesurada y que únicamente se vio afectada por la imposibilidad de abofetearnos con el cambio de volúmenes. Aún así, sus crescendos siguen siendo mitológicos y los veinte extenuantes minutos de “My Father My Kingdom (Jewish)” bastaron para que dejasen huella -por segunda vez- en el festival de la costa valenciana. Mal lo tuvieron Mercury Rev para siquiera pretender superar a los de Glasgow, especialmente teniendo el cuenta que el suyo fue un concierto desangelado, gris y que pecó de una monotonía que jamás les hubiéramos supuesto. De ahí que muchos se agarrasen a la actuación de Manic Street Preachers como a un clavo ardiendo (“Tsunami” fue coreada hasta en los puestos de cus-cus). Salvaron el tipo, aunque volvieron a ofrecer esa actuación que hemos visto una y mil veces y que solamente convence a sus habituales. Por suerte, Stereo Mc´s revolucionaron el festival ofreciendo muchos de los mejores momentos del festival hasta el momento. Sonó lo mejor de ahora y lo mejor de ayer, aunque “Fade Away”, “Step It Up” y otras joyas de “Connected” siguen siendo lo mejor de su legado. Pero que muy bien. Al día siguiente, tras unos indolentes Sneaker Pimps, Cooper dieron una lección de cómo facturar artesanalmente un efectivo pop de guitarras, pese a que las referencias de los muchachos de Alejandro Díez sean archiconocidas. Lo de Big Star, bien mirado fue un suspenso en toda regla (por mucho que Auer y Stringfellow fuesen secundarios de lujo), aunque su alargada y mítica figura estén por encima de cualquier apreciación. No se lucieron, pero muchos se estremecieron al escuchar canciones como “Thirteen” o “Ballad Of El Goodo”. Deuda saldada con la historia y poco más. En cambio, Pj Harvey salió a por todas y acabó regresando a casa con el premio gordo del festival. Aguerrida y provocativa, repasó ampliamente su último disco, aunque hubiese grandes momentos para el pasado con “Down In The Water” o “Man Size”. De todos modos, fue con ese “Rid Of Me” acompañada únicamente por su guitarra con la que se comió a la audiencia. Jarvis Cocker y sus Pulp ofrecieron una actuación breve, pero efectiva. Y no solamente porque buena parte estuviese en manos de piezas ya inapelables como “Common People” o “This Is Hardcore”, sino porque las nuevas canciones sonaron a gloria, especialmente aquella de los pajarillos en el jardín. Cerraron Orbital (en la foto), demostrando por enésima vez que, aunque su nuevo disco flojee, su destreza en el directo es tal que cuando clavan un “Satan” no hay quien les pare. Pese a quien pese, unos clásicos. Continuación…