Con cada nueva edición el festival Gigante de Guadalajara se va consolidando como una cita de referencia en el circuito musical indie veraniego gracias a una buena organización, un precio asequible, un recinto cómodo para los asistentes (todo un acierto ofrecer zona infantil vigilada) y un público heterogéneo e intergeneracional.

En esta edición pudimos disfrutar de un cartel que, sin grandes riesgos, contenía propuestas más que interesantes, como la de Julián Maeso, que en la primera jornada del festival ofreció una apabullante muestra de clase y buen gusto a base de soul añejo y rock setentero con un pie en Black Crowes y otro en el mismísimo Joe Cocker: espectacular. De añejos se puede clasificar también a Los Coronas que, como siempre, ofrecieron una descarga de surf con aires fronterizos, versión del Corazón Contento de Marisol incluida, que confirmó una vez más que, en lo suyo, no hay quién les haga sombra. Depedro es una apuesta ganadora siempre, a Jairo Zavala le sobran tablas y solvencia y su pop de aires latinos gana enteros en directo. Se le notó cómodo en su concierto, comunicativo y perfectamente arropado por una banda impecable. A quien también se les vio cómodos fue a Niños Mutantes, en un concierto en el que repasaron su extensa discografía, haciendo especial hincapié en su último disco Diez y terminando con su revisión del Te Amo de Rocío Jurado.

Tras ellos, los indiscutibles cabezas de cartel de la primera jornada del festival: Love of Lesbian y su luna de miel perenne con un público entusiasta que en Guadalajara no les falló. La gira de “El poeta Halley” ha ido viendo como ese público crece exponencialmente, de la misma manera que la banda ha crecido en muchos sentidos: han crecido como músicos, han convertido el espectáculo audiovisual que les acompaña en directo en algo espectacular y, sobretodo, cuentan con un cancionero incuestionable. Así, desde las primeras notas de “Cuando no me ves” hasta los acordes finales de “Planeador” casi dos horas después, lo que se vio en el escenario principal del festival durante su concierto fue a una banda en estado de gracia y a un público que responde con auténtica devoción. Por el camino, momentos de alta intensidad con “Incendios de nieve” o “1999”, karaokes masivos con “Nadie por las calles” o “Bajo el volcán” y momentos de euforia festiva con “El Yin y el Yen” o un “Manifiesto delirista” dedicado para la ocasión a la clase política de este país.

Uno de los platos fuertes de la segunda jornada del festival y uno de los mejores conciertos de todo el fin de semana fue el de León Benavente, en su versión más punk y desatada. Cuando tienen un buen día son una verdadera apisonadora en directo, y parece que últimamente todos los días son buenos para ellos. Lo suyo fue una demostración de cómo se levanta un festival, con un derroche de energía y potencia que convence al más escéptico: muestra de ello es la locura que se desató entre el público con cañonazos como “Gloria” o “Ser brigada” o cuando bajaron velocidad sin restar intensidad en “Habitación 615”, “Aún no ha salido el sol” o “Maestros antiguos. Están en un momento dulce y esperemos que les dure para rato. Como contrapunto perfecto a la animalada de León Benavente, Coque Malla ofreció un concierto sobrio y elegante de rock de raíces stonianas con el que puso punto final a la larga gira de “El último hombre en la tierra”, con visitas a lo más destacado (y coreado) de su discografía, como una “Hasta el final” que sonó enorme o la inevitable “No puedo vivir sin ti”. El del festival Gigante era el último concierto del año para Nada Surf, y los de Nueva York se dedicaron a hacer lo que mejor saben: power pop de manual, ejecutado con la veteranía que da llevar más de treinta años sobre los escenarios. Convertidos en cuarteto para la ocasión, repasaron tanto su discografía más reciente (el más que notable “You Know Who You Are”) como clásicos como “80 windows” o “Popular”.

Otro que parece vivir en una luna de miel constante con su público es Iván Ferreiro, y a tenor del cariño que dicho público le brinda en cada concierto la cosa va para largo. Enfrascado en la extensa gira de “Casa”, con una banda que suena enorme y envuelto en el imaginario alienígena de unas espectaculares proyecciones el gallego ofreció un concierto en el que temas de su último trabajo como “Tupolev”, “La otra mitad” o “El pensamiento circular” fueron tan coreados como clásicos de su repertorio: de “Extrema pobreza” a “NYC”, de “El dormilón” a “El viaje de Chihiro”, de “Cómo conocí a vuestra madre” a un catártico final con la obligada “Turnedo”. Una muestra de veteranía y clase a partes iguales.