El sonido electropical está en expansión y se alimenta de bases de música electrónica aderezada con varios componentes: por un lado, con sonidos de raíz y folklore tradicional latinoamericano y, por otro lado, según el artista, con temas comerciales de décadas pasadas que adquieren un ritmo muy caribeño tropical. El festival ha viajado entre un selecto Drum&Bass, Dubstep o temas de la cultura Rave mezclados con cumbias, champetas, carnavalitos y bullerengues que se entrelazaban con reminders variados de temas de las recientes épocas pasadas.

Después del éxito obtenido en la primera edición, el Festival Electropical alargó a tres días las actuaciones y a dos el número de escenarios para abarcar una lista de artistas pioneros y precursores del sonido electropical en territorio estatal e internacional junto con varios exponentes locales.

Jueves 24 de agosto

Antes de sumergirnos en los ritmos del festival, preguntamos a los miembros de la organización por los detalles de la producción, contratación, permisos, etc. Ellos están al frente de los bares Peso Neto y Dando La Brasa. Según nos contó César “Kunta” Escudero, uno de los tres responsables, la iniciativa del festival surge entre amigos y «lo hacen» entre amigos. Nacho Apeceche remarca que con el tema municipal, no hay ordenanza que valga, «los vecinos son peores que las normas municipales». No había casi empezado el festival y ya habían tenido que cambiar mobiliario por quejas de los propietarios de las casas contiguas. El tema de ordenanzas traería más cola en el transcurrir del evento.

La primera parada se encontraba en la terraza del mítico bar Marzana. Desde el Puente de La Ribera se observaban grupos de personas y se intuía la música. A las 18:00h, en la mesa que hacía de escenario en el mismo Marzana, pinchaban 2 Many Chicken. Desde el Mac y la mesa de mezclas sonaban temas calentitos y mushups (canción creada a partir de la mezcla o pedazos de otras canciones) que movían al público, pero el ambiente todavía estaba frío y los asistentes atendían más a los katxis que a la música. Todo fue cuestión de tiempo y temas.

A las 20:30 en la plaza Tres Pilares se preparaba el espectáculo. Como actividades paralelas, el festival contaba con puestos de ropa, artesanía y maquillaje que dinamizaron al público. Entre ellos se encontraba May, de Tropicalia. Ella crea un género singular y muy tropical de turbantes, complementos y ropa con un gusto muy acertado para el evento. Otro de los puestos, Truca, vendía artículos reciclados de ropa de segunda mano. Las chicas de SkunkFunk maquillaron gratuitamente durante la noche del jueves a los asistentes al festival y Mara de “Art Seed” vendió su ropa de segunda mano durante los tres días.

Eran las 20:30 y en Marzana King Coya pinchaba temas sublimes. Él era uno de los grandes reclamos del cartel del festival. El productor y compositor argentino Gaby Kerpel se define en la mezcla de la música indígena andina de la Argentina con cadencias electrónicas, flauta dulce, tarka y otros sonidos del folclore. Es uno de los precursores de la cumbia digital. La actuación del Marzana sería la precuela de su segunda actuación en el escenario principal. Paralelamente, Chavezito pinchaba en Tres Pilares. Los mushups animaban muchísimo a los primeros visitantes,  algunos tímidos, pero gracias al movimiento de los valientes y del propio músico, la sesión fluyó gratamente y la pista de baile empezó a calentarse.

El ambiente se agitaba y llegó el turno del grupo local Mazmorra (foto inferior) Con un vestuario inquietante, los tres componentes se encargaron de presentar sus creaciones con un buen número de medios técnicos e instrumentos entre los que reinaban algunos como la mesa de mezclas, un bajo, una melódica y la voz. El que se hacía cargo de la mayoría de los utensilios era Mimoloco, nombre artístico de Borja Serra, otro de los organizadores del festival. Comenzaron con “La tierra le llama” y el público respondió con bastante fuerza. Según algunos asistentes, la vocalista tiene una voz hipnótica y según mi opinión, el bajista adquiere un peso muy especial en la formación. Los tres hacen un gran conjunto. Se acercaba el final del concierto y tocaron “Que todos estén muy lejos”, tema para el que había gran expectación aunque tuvieron que empezar dos veces por problemas técnicos y acoples. Salvando algunos problemillas, demostraron ser un grupo original. Ellos arrancaron el primer aplauso y griterío al público.

A las 00:30 comienza el segundo espectáculo de King Coya, esta vez acompañado de las bailarinas argentinas Queen Cholas. La raíz andina argentina brilló en Tres Pilares. Los artistas lucían un vestuario típico del folclore de su país. Las chicas llevaban gorros de cabeza de llamas con ojos iluminados. Gaby Kerpel se mimetizó con su alter ego con una máscara de aires chamánicos, un chullo y otros adornos en el pecho.

La línea de los argentinos eran los ritmos electrónicos enérgicos con reminiscencias folclóricas muy arraigadas. Un sonido elegante. No faltaron temas como “Linda flor” del disco “Tira Torito” que junto con la danza de las chicas y la participación del público, hicieron que la plaza se sumergiera en la multiculturalidad y el baile. Queen Cholas mostraron su destreza y desparpajo contagiando a todos y cada uno de los asistentes. Bailes profundos, coreografías sencillas y sorpresas aeróbicas de lo más sugerentes. Gaby también se marcó unos pasos de break dance en el escenario. En el espectáculo de los argentinos, nadie se quedó sin bailar y sentir. Cuando sonaron los últimos temas, las Cholas insertaron los gorros de cabezas de llama en un palo con cintas y lo sacaron al público. Esta danza tradicional sudamericana encandiló a los asistentes que luchaban por coger alguna de las tiras de colores para bailar alrededor del palo.

El siguiente espectáculo era de otro de los precursores de la cumbia digital: Villa Diamante (foto inferior), productor, emprendedor, Dj y, como él mismo se autodenomina, “agitador musical”. Su playlist viajaba en forma de mushups entre el hip-Hop, la cumbia, el global bass, el trap o el dancehall con temazos comerciales de los 90 y el 2000. El público estaba entregado. Parecía que la primera noche del jueves se clausuraría por todo lo alto. Craso error.

Desde mi ubicación observé a un señor de pelo cano y mochila que sujetaba un medidor de sonido en la mano. Después de unos minutos de conversación con la organización, la música se bajó antes del final del espectáculo, la adrenalina descendió y el jueves se cerró con este indeseable percance. A las 2:45 Villa Diamante acabó el espectáculo aunque hay que decir que con incidente o sin él, gozamos con su música. La primera jornada de la segunda edición del Festival Electropical recogió la buena onda y la interesante esencia en la que se asienta este evento.

Viernes 25 de agosto

El primer turno del segundo día de festival era para el tercer organizador, Mimoloco. Pero no fue así. En su puesto pinchó Meneo, musicólogo, performer y productor guatemalteco que fue el encargado de acuñar el término “electropical”. Su sesión en el Marzana estuvo animada (como siempre) y tuvimos la oportunidad de escuchar creaciones que quizás no hubiera pensado que casarían con ritmos tropicales, pero si. Nunca olvidaré el tema de Radiohead “Creep” con base de cumbia.

En el escenario de la plaza de los Tres Pilares, a las 20:20 se encontraba Sanchesqui sentado en el suelo junto a Mike Falls a la guitarra tocando un repertorio muy experimental (foto inferior). Mientras los músicos se expresaban con punteos de guitarra y programas electrónicos, volvieron a aparecer dos funcionarios por el tema del sonido. Sacaron papeles y hablaron con técnicos. Uno de ellos me explicó que el Festival estaba fuera de la zona común de fiestas y tenía que acogerse a otras normas de sonorización. Al tener que restringir decibelios parecía que el mundo se acababa pero las actuaciones siguieron su curso sin ningún otro altercado. Es curioso que a la hora de repartir las licencias no pensaran en la restricción de decibelios de las zonas residenciales y luego se quejaran.

El Dj On&On relevó a Sanchesqui y preparó sus platos para la siguiente actuación. Eran los primeros vinilos que veía en el Festival, siempre de agradecer. La sesión fue tranquila y sin sobresaltos. La terraza del Marzana por su lado estaba ardiendo, eran las 21:05 y el dúo colombiano Guacamayo Tropical lo estaba dando todo en su primer bolo. ¡La música está a todo trapo! Más de hora y media de versiones mezcladas y temas tropicales que hacían que el público no pudiera parar de bailar.

Comenzó el espectáculo de Candeleros  en el escenario principal con riffs de guitarras sintetizadas al estilo “Dick Dale” mezclados con compases sabrosos y calentitos. La fila instrumental contaba con congas, bajo, guitarra, sintetizador KORG, caja acústica y electrónica, unas maracas y demás percusión variada y por supuesto, el alma de cualquier formación tropical: el cencerro y el güiro. Tenían micrófonos repartidos por el escenario y uno de ellos modulaba la voz con sonidos digitalizados. Muy divertido. De repente, la pista de baile se abarrotó y después de una excelente intro de casi diez minutos, regalaron un peculiar espectáculo con temas como “Chicha y Wanton” y “Candeleros de Zodiaco” con toda la guasa y la buena calidad que ofrece este grupo. Sonaron champetas y cumbias con toques de psicodelia, todo un regalo para los oídos más curiosos. El Candelero que se encargaba de las maracas, el güiro y más elementos de percusión era Andrés Ramírez que junto a David Echevarría forman Guacamayo Tropical.

La última actuación del viernes fue el segundo bolo de Guacamayo Tropical esta vez, en el escenario principal de la plaza Tres Pilares. Estos colombianos promueven el sonido electropical con sus directos en Madrid y están traspasando fronteras gracias al éxito cosechado. Una nueva colección de mezclas de piezas con temas más o menos conocidos y ritmos tropicales invaden la pista. La gente estaba muy animada y el incidente del sonido no impidió que siguiera la fiesta. Al público parecía que le gusta el “Mueve, mueve” y se sucedían clasicazos dignos de las grandes verbenas como el glorioso “Mambo n. 5” de Lou Bega o el “Bongo bong” de Manu Chao a ritmo tropical. También sonaron piezas de artistas punteros del género como Skip&Die. Eran las 2:22 de la madrugada, el público lo vivía muchísimo con el ritmo y se sucedieron coreografías y bailes extravagantes por todos los grupitos de personas. El espacio se empiezó a llenar de máscaras cúbicas de animales de cartón. “Electropi-psicodelia” en estado puro. Un éxito.

Sábado 26 de Agosto

Desde el puente de La Ribera se visualizaban a las 18:20 alrededor de 200 personas (o más) en la terraza del bar Marzana y On&On repetía en Festival Electropical con sus vinilos. El ambiente del último sábado de fiestas era singular, había más gente que el día anterior y no faltó mucho para que alguien se levantara y se marcara unos buenos pasos de baile. Parecía que se animaba la fiesta con la electrónica de matices tropicales, cubanos e incluso africanos en este caso. La contraprogramación del Marzana aparece. Un grupo de personas empiezan una batucada africana al lado de la terraza del bar. El sonido no se mezcla y cada una de las performances sigue su ritmo por independiente. Viva la multiculturalidad.

Eran las 20:11 y Chavezito (foto inferior) pinchaba en el Marzana. Los monitores estaban orientados a ambos lados de la terraza y la música fluía en todas direcciones. La gente llevaba varios días de fiesta y los cuerpos seguían bailando como si nada ocurriese porque las jaias son las jaias. La línea musical seguía su ritmo y esta vez la electrónica se juntó con sonidos enigmáticos de flautas del Perú. En Tres Pilares a las 22:22 el donostiarra A Toda Madre y Rafael Aragón compartían el escenario y caldeaban el ambiente de la ubicación principal del Electropical.

A las 23:30 Mad Muasel meets Big Boy Sound ya pisaban la tarima. La calidad del sonido era muy buena al igual que la calidad vocal de la artista bilbaína. Mucha fuerza para unificar a un público que bailó y coreó sus canciones sin importar el género. La cantante definió bien su estilo hip hopreggae con inmersiones en el dancehall o el raggamuffin e hizo que el público se animara bastante. Sonaron temas como “A ella le gusta bailar” o “Woman Power” que tejieron poco a poco un ambiente fraternal entre todos y todas. No hay que decir (bueno, si) que no existió, o al menos no se detectó, ningún incidente de acoso, violencia o malestar en todo el transcurrir del festival y eso es un plus para este tipo de eventos. Mad Muasel y Big Boy Sound levantaron al público con calidad, fuerza y contenido. ¿Qué más se puede pedir?

Estábamos en el ecuador del último día de festival y los Dj no tenían problemas para pinchar juntos, compartir temas o hacer el pino si hacía falta. El buen rollo había inundado el pequeño festival de la parte vieja de Bilbao. Mimoloco heredó el escenario para pinchar su música en solitario y se notó que tiene tablas en el asunto por su agilidad en el movimiento. Escuchamos temazos mezclados con el “All that she wants” de Ace of Base o con los sudafricanos Die Antwood. A eso de las 1:15, A Toda Madre (foto inferior y encabezado) vuelve a subir a la tarima, esta vez con sombrerito de paja y atuendo tropical. Sus sesionen encajaban muy bien y el baile las acompañaba e hizo que el público se enraizara en la plaza Tres Pilares. Hubo repetidores y habituales de los tres días, de allí no les echaban ni con agua caliente.

Eran así como las 02:15 de la madrugada y el escenario ya estaba monopolizado por Rafael Aragón. La cultura Rave se apoderó del público que  no podía parar de bailar. El ambiente se caldeó con temas mezclados con el “Fuego” de Bomba Estéreo pero el verdadero movimiento estuvo exento de patrones comerciales. El ritmo se absorbía de tal manera que la coordinación corporal se perfeccionaba hasta lo sublime. Hubo verdaderas exhibiciones de baile en la pista que hacían que las sonrisas se contaran por decenas entre el público, incluso en el artista.

Llegamos al final del Festival Electropical con una conclusión clara. No es necesario montar un acontecimiento masivo para disfrutar del verdadero espíritu de la música, la fiesta y el baile. Gracias a esta segunda edición se ha dado cabida a nuevos ritmos que están en auge, a nuevos artistas y a nuevas sensaciones y maneras de vivir la fiesta. Ni ordenanzas municipales ni acoples de sonido ni quejas vecinales han podido con el verdadero espíritu electropical. El año que viene esperamos tercera edición, ha sido un auténtico placer… con piña.