Aprovechemos la entradilla para poneros en contexto. ¿Qué es Doble Check? Un frenético festival con actuaciones de media hora en dos escenarios paralelos sin pruebas de sonido y con grupos de estilos variados ¿Quién hace esta locura? La sala Dabadaba de Donostia, de hecho, ésta es la segunda edición. ¿Cómo lo consigue llevar a cabo? Gracias al gran trabajo de los profesionales de la sala y, sobre todo, gracias a la complicidad que han logrado tanto con público como con bandas. El anterior Doble Check fue un éxito y éste también. A continuación os repasamos cada una de sus actuaciones.

La primera banda de la tarde tenía el mejor nombre, no solo del cartel sino de todos los grupos que van a pasar por el Dabadaba de aquí al final de los tiempos: Lo entiendo pero a ver (foto inferior). Y si el nombre molaba, ellos sobre el escenario mucho más. Eran tres jóvenes zaragozanos que decían llegar a los 18 años y, aunque claramente les faltaban horas ensayos, lo suplían con una actitud simpar que mezclaba timidez con desparpajo. Con su humor, ironía y pseudo-performances (¿preparadas?) rápidamente lograron la complicidad de los que estábamos. Si alguna vez tengo un hijo, no quiero que juegue al fútbol, quiero que monte una banda como ‘Lo entiendo pero a ver’.

Y casi sin tiempo para respirar, a los propios componentes de Oki Moki (foto inferior) les pilló de sorpresa tener que tocar tan de seguido, comenzaba el segundo concierto de la tarde. Quizá entraba demasiado sol por las ventanas del Dabadaba para su música pop-punk pero el dúo de Getaria demostró que en poco tiempo han logrado un sonido maduro y muy sugerente. Como punto original, llama la atención que realicen su show con una batería pregrabada que se empasta a la perfección con sus voces e instrumentos.

El tercer grupo de la tarde era Nizuri Tazuneri. Otro nombre muy bueno cuando descubres que se trata de la primera banda que realiza trap en euskera. Bueno, en realidad una apropiada y coherente mezcla de rimas en euskera y castellano. Una propuesta hipervaliente que encajaba como anillo al dedo en el espíritu de Doble Check. Sin entender mucho de trap la verdad, me pareció que sus rimas eran acertadas y que las bases estaban curradas. Sea como fuere, fue uno de los conciertos que más disfruté del Festival.

Después las chicas de Cecilia Payne (foto inferior) tardaron algo más de la cuenta en afinar sus guitarras pero la espera mereció la pena. Para mí lo mejor de la noche. Con su concierto dejaron claro que son una banda con mayúsculas. Lo suyo es el pop-noise y lo defienden con clarividencia. Tienen personalidad, actitud y, sobre todo, mucho talento. No deben realizar muchos directos y es una pena porque pueden dar muchas alegrías a las salas musicales vascas. Una prueba de ello es que fue a partir de su actuación cuando el Dabadaba cogió color a nivel de público.

En la siguiente hora, la música experimental fue la protagonista de la mano de Lehior y Killerkume (foto inferior). El primero, dj y productor donostiarra muy conocido en las noches electrónicas del Dabadaba, optó por una hipnótica pinchada. Killerkume, por su parte, son un dúo de noise rock en cuyas actuaciones predomina la improvisación. Su show en Doble Check fue dinámico y muy pero que muy intenso. Sin embargo, al tratarse de propuestas arriesgadas y para un público minoritario, fueron muchos los asistentes que aprovecharon estos conciertos para reponer fuerzas con los bocatas que vendían en la terraza.

Programadas conscientemente para descongestionar la noche, la siguiente banda en actuar fue Melenas. Melodías pop, letras pegadizas y sonidos psicodélicos. Son de Pamplona y, aunque llevan poco tiempo, su single “Volaremos” ya ha sonado en distintos programas de Radio 3. Su concierto no estuvo mal pero tengo la impresión de que las volveremos a ver en el Dabadaba en otro formato y con algo más de carretera a las espaldas y las disfrutaremos muchísimo más. Estaremos atentos.

El grupo de post-punk Arrotzak fueron los penúltimos en actuar. Los guipuzcoanos estuvieron impetuosos y bravos, vamos que dieron bastante zapatilla. Sin embargo, para que su show fuera redondo faltó cierta sintonía con el público, vamos que no hubo gente dando botes en las primeras filas. Algo por otro lado normal al tratarse de un festival de tantos estilos y al que acudió público tan diverso. De todos modos, bravo por su atronadora actuación. 

Y para terminar la noche, Pet Fennec (foto encabezado), la propuesta liderada por el veterano (pese a su juventud) músico donostiarra Urko Eizmendi cuya voz y talento al componer ya querrían para sí grandes artistas de primera fila. Acostumbrado a verle en solitario, fue gratificante comprobar que ha montado una banda con mucho ‘flow’, (perdón por el palabro en inglés pero tenía que escribirla). Urko jugaba en casa y enseguida se metió a gran parte del público en el bolsillo. Sin lugar a dudas, su actuación fue un excelente final de fiesta a más de cinco horas de música.