La propuesta de Revis, de la que solo pude presenciar la inofensiva última canción, arrancó efusivos aplausos de los asistentes. Claro que ello no es garantía de nada, ya que esa noche fue de aquellas en las que se aplaude todo y a menudo de un modo exagerado. Entre el público más “adulto” comentarios como “esto sí es el fenónemo fan” o “seguro que es su primer concierto”. Puede ser. Sobre lo que no hay dudas es que Finger Eleven salieron a comerse el mundo. Con un James Black a la guitarra poseído a la vez por Angus Young y Scott Ian y un a ratos excesivo Sean -Janick Gers- Anderson al bajo, los canadienses repasaron fugazmente sus tres discos ante una audiencia que mayoritariamente oía por primera vez sus canciones. Destacar las buenas maneras de Scott Anderson al micro -quizás algo demasiado estático- y la concluyente y efectiva “Good Times”. Y finalmente llegó el momento de Evanescence, quienes abrieron en medio de una enorme ovación con “The Hatered” y una coreada “Going Under” para repasar un set-list idéntico al de sus dos anteriores visitas este mismo año, versión de Smashing Pumpkins -“Zero”- incluída. Potencia, buena ejecución y una correcta Amy Lee que demostró poseer unas estudiadas aunque muy válidas dotes como frontwoman. A fin de cuentas, da igual que recordara más a Avril Lavigne que a Cristina Scabbia, que su aportación a la música sea más bien escasa o que dentro de tres años los autores de “Bring Me To Life” hayan pasado a mejor vida. Si su existencia ha servido al menos para que algunos de sus incontables seguidores hayan descubierto bandas como The Gathering o Lacuna Coil, probablemente habrá valido la pena.