• El FIB, tras un par de ediciones recuperando aire después de cuestionarse su continuidad,  confirma el éxito de una estrategia que sin prejuicios apuesta por las grandes masas.

JUEVES

Tras algunos años en los que la jornada del jueves era evidentemente más floja que el resto, el primer día del FIB 2017 tenía tanto o más atractivo que las demás; un cabeza de cartel muy de moda, dos leyendas con nuevo disco y un puñado de buenas bandas españolas, además de alguna interesante serie media, tenían la culpa.

Debido al evidente aumento de público de este año y las incomodidades producidas por embotellamientos, colas y retrasos, no llegamos a ver a Gener, actualmente la banda más destacada del indie cantado en valenciano, por lo que nuestro primer punto de atención se centró en Belako. El cuarteto de Mungía ha estrenado recientemente dos canciones de lo que será su nuevo trabajo, “Render Me Numb, Trivial Violence”, que verá la luz en septiembre, y con ellas y con el sonido con el que vistieron su concierto en el Escenario Las Palmas, se prevé un disco de post punk musculoso y mucha garra; con ese envoltorio tocaron los temas nuevos, pero también el popurrí con lo mejor de su repertorio anterior. Esta banda, siempre se ha caracterizado por tener una gran actitud en directo, pero es evidente que el tiempo les ha dotado de seguridad y confianza. Suyo fue uno de los mejores directos nacionales de esta edición del FIB.

Ya conocíamos como se las gasta la banda de Chicago Twin Peaks, porque visitó Madrid y Barcelona hace unos meses para acompañar a Cage the Elephant, por eso les teníamos ganas. Lo suyo se inscribe en el garage rock de nueva hornada, pero lo adornan con pinceladas clásicas de buen gusto, que pueden ir del rock americano de los 70 al power pop. En directo, volvieron a demostrar que pueden ser músicos solventes además de tener una actitud destartaladamente divertida.

La vuelta a la actividad de Ride hace tres años podía haber sido el enésimo retorno de grupo que necesita hacer caja, toca en unos cuantos festivales sus grandes éxitos – como en el Primavera Sound de 2015y vuelve a la tumba con los bolsillos llenos, pero ellos han decidido retomar su carrera con todas las de la ley, sacando un nuevo disco del que cayeron algunas canciones en esta edición del FIB. Realmente decir que “Weather Diaries” emparenta con su discografía anterior, sería demasiado benévolo, porque solamente “Charm Assault” adquiere un valor significativo cuando se las coloca juntas en el repertorio. Igualmente, esas pocas nuevas canciones sonaron más orgánicas que en disco y no hicieron de menos una actuación magnífica, de sonido grandioso y con unos Andy Bell y Mark Gardener que nos devolvieron a aquellos primeros 90 de guitarras y voces perfectamente empastadas –hay que recordar que Ride fueron uno de los principales reclamos del primer FIB en 1995– con temas como “Vapour Trail” o “Leave Them All Behind”.

El blues rock de Kaleo fue la sorpresa de la jornada. La voz de JJ Julius Son, vocalista y guitarrista de este conjunto islandes, es impresionante y el conjunto tiene hechuras de gran banda. Su propuesta es muy potente, pero no puede evitar sonar transversal por no decir comercial. Están conquistando Estados Unidos a base de meter canciones en series –ya llevan un par de años instalados en Austin–, pero viendo como los británicos corean sus canciones parece ser que en las islas también han caído en sus redes.

Fue una pena comprobar como la Carpa Radio 3 no había resuelto los problemas de sonido de años anteriores, porque ver a Tórtel en formato sexteto lo merecía. Sus canciones son frescas y rezuman aroma mediterráneo, y en cada disco, Jorge Pérez se esfuerza por pulir todavía más la brillantez innata de sus composiciones. Aun así, disfrutamos mucho de la presentación de “Transparente” y del ramillete de lo mejor de sus anteriores discos, aunque pronto buscaremos la manera de disfrutarles en mejores condiciones.

The Weeknd es el ejemplo perfecto de la transformación de los cabeza de cartel de este nuevo FIB; un artista joven, de carrera todavía corta pero de gran éxito comercial y que puede poner a bailar a unas docenas de miles de personas. El canadiense, enmarcado en la gira mundial de presentación de su tercer largo “Starboy”, nos convenció de su posición en el cartel, por decirlo sin ambages, gracias a un espectáculo sólido de modernísimo R’N’B. Repasando un buen puñado de hits que recogen los mejores sonidos de la actualidad, no pudimos evitar acordarnos de algunos de los magos del pop de las últimas décadas, como el mismísimo Michael Jackson.

Al igual que Ride, Jesus and Mary Chain también son una leyenda de regreso que traía nuevo disco –y que también estuvieron en el cartel en la primera edición del festival, aunque cancelaron y actuaron por primera vez en Benicàssim al año siguiente-, pero a pesar de esto, la banda de los hermanos Reid también optó por formar un atractivo popurrí que amalgamó diferentes piezas clave de su magnífica carrera. A pesar de que en algunos de sus recientes conciertos –también ocurría en su época dorada-  la falta de actitud o el dejarse llevar habían sido frecuentes, en este FIB nos encontramos una banda con ímpetu y garra, cohesionada e impactante. Entre brumas, los escoceses nos regalaron un set list impecable que alternó lo rescatable de su reciente “Damage & Joy” y puso de nuevo en valor hits como  “April Skies”, “Head On”, “Just Like Honey” o un “I Hate Rock ‘n’ Roll” con el que cerraron su set.

El DJ y compositor británico Bonobo, acudía a Benicàssim en formato live con la intención de presentar “Migration”, uno de los discos de electrónica más interesantes del curso pasado. La verdad es que el espectáculo valió la pena y lo defendió de manera impecable acompañado de músicos y vocalistas, estos temas de base electrónica, envoltorio pop y alma negra.

VIERNES

The Sherlocks son la enésima esperanza blanca del indie rock anglosajón, Los nuevos “…” –cada pocos años cambia el referente- y la verdad es que estos chavales demostraron tener los ingredientes necesarios para poder llegar a serlo. Son muy jóvenes, tienen una destreza sobervia –algo que por otro lado es normal en los grupos británicos- y la gente ya les adora antes de sacar su primer disco –corearon todos los singles de adelanto del mismo que tocaron-. A nosotros nos sonaron refrescantes y animados, pero poco más, todavía tienen que convencernos de que no son otra banda más que aúna influencias que pueden ir desde The Jam, hasta The Libertines o Arctic Monkeys.

Sin embargo, otro grupo muy joven y además nuestro, Mourn, sí que nos demostró mucha más personalidad. Con “Ha, Ha, He”, un segundo álbum que ha recorrido un auténtico viacrucis hasta que hemos podido disfrutarlo, han dado un salto de madurez en cuanto a sonido, sumándole complejidad y profundidad, aun a riesgo de perder la frescura de singles tan pegadizos como los de su debut. La mezcla que resulta de ambos es perfecta. El directo que disfrutamos fue visceralidad y contundente, impecable e inapelable.

En el Escenario VISA, tocaba el turno de dos bandas británicas que comparten generación aunque se encuentran a diferente nivel de cocción: Childhood y Temples. Los primeros, son de Nottingham, y están a punto de darle continuidad a su debut en largo de 2014, que fue esperanzador pero no redondo. Con este inminente “Universal High”, del que pudimos escuchar algunos temas, pretenden confirmarse como una banda importante recogiendo atractivas pinceladas de garage pop clásico, psicodelia muy ligera de herencia setentera e imprimiéndole a todo un aroma soul muy elegante. Nosotros no sabemos si lograrán su propósito, pero esperamos que obtengan la suficiente repercusión para que sigan creciendo y acercándose a visitarnos. Temples ya habían estado en Benicàssim antes de publicar su primer disco, y ahora vuelven como banda totalmente consagrada tras el segundo. Su propuesta dulcificada de pop psicodélico, de melodías ligeras pero exquisitas y su imagen retro impoluta, ha fascinado al público indie pop, aunque la misma respuesta no haya sido unánime por parte de la crítica. En España ya se conocen al dedillo sus directos, limpios y funcionales, pero muy poco o nada dados a la sorpresa, lo que a pesar de tener bonitos temas, los hace poco excitantes.

Hace un par de ediciones, Joe Crepúsculo dio el concierto más sorprendente y gamberro de la edición sobre un Autobús de Red Bull, lo que le ha valido para ganarse un escenario grande para él y su pandilla. A pesar de empezar en formato trío, pronto fueron apareciendo todos los personajes que esperábamos: el coctelero de la Calle Pez preparando pisco sour, Tomasito para darle brío con sus palmas y taconeos –como hace un par de años, acabó en calzoncillos y con las botas en la mano-, Nacho “El Alacrán” Vigalondo o Luciana de Svper a los coros. No solo de hits vive Crepúsculo, porque suyo es el mejor tecno pop nacional desde hace unos años, pero escuchar “Te voy a pinchar”, “Pisci burguer”, “Maricas” o “A fuego”, convirtió aquello en una juerga. Los muchos españoles allí congregados llegaron al éxtasis con el tema estrella del catalán, “Mi máquina de baile”, momento final en el que sumaron en el escenario un montón de amigos del artista, entre los que estaban Belén Chanes de L-Kan, Camilo Lara de Instituto Mexicano del Sonido, Gerardo Carón o el propio Fernando Alfaro. Joe Crepúsculo le dio otra vuelta de tuerca a su espectáculo y volvió a triunfar en el FIB.

Se esperaba mucho de Los Planetas, de nuevo en el Escenario Las Palmas tras su excelente concierto de 2015 y las buenas críticas de los conciertos de presentación de “Zona Temporalmente Autónoma”. Pero esta vez, los granadinos no nos dejaron tan buen sabor de boca como en aquella ocasión. A pesar de empezar con “Islamabad”, posiblemente su mejor canción en mucho tiempo – gracias a Yung Beef-, la primera parte del set list, compuesta por temas de su nuevo disco como “Seguiriya de los 107 Faunos”, “Hierro y Niquel” o “Porque me lo digas tú”, evidenció la irregularidad del mismo. Tampoco el sonido acompaño mucho y las escuchamos más bajo apagados de lo acostumbrado en el escenario principal, haciendo que no llegáramos a meternos en temas que deberían habernos atrapado como “Segundo Premio”, “Un buen día” o “Pesadilla en el Parque de Atracciones”. Los Planetas ya no dan conciertos malos porque interpretan de forma académica y funcional un cancionero adorado por miles de fans, pero si los elementos necesarios no son propicios, por las mismas razones su espectáculo se deshincha. Algo que también ayudó a dejarnos con una sensación extraña, fue que al acabar abruptamente, el técnico no interpretara que venían los bises y pusiera música de ambiente, la cual cortó cuando los músicos volvieron rápidamente al escenario pero tardó bastante en darles paso de nuevo a ellos y empezáramos a escuchar “Alegrías de un Incendio” cuando ya llevaba un ratito empezada.

Foals

El concierto principal del día era el de Foals, banda que se ha ganado la condición de cabeza de cartel con una trayectoria intachable, que engloba discos repletos de hits bailables que contienen desde ritmos sintéticos a sonidos africanos hasta indie rock de alta voltaje, como en su último trabajo “What Went Down”. Sus directos tienen mucha fuerza y son tremendamente adictivos, Yannis Philippakis es un gran frontman y la banda es una apisonadora. Ante la repetición de fórmulas imperante en el indie, Foals son de las bandas grandes más excitantes que puede pueden verse ahora mismo. Este concierto fue el único en el que se apreció un recinto lleno, puesto que esta jornada fue claramente la que menos público congregó de esta edición.

La velada estaba preparada para que el mediático DJ Deadmau5 se diera un baño de masas, pero a pesar de una puesta en escena espectacular y un público con ganas de juerga –muchos venían previamente calientes por 2ManyDjs en el Escenario VISA-, el canadiense fue una auténtica decepción. Los mejores comentarios recogidos a nuestro alrededor eran los que se remitían a una vulgaridad comercial indigna de un cierre en Escenario Principal. Pero bueno, tampoco nadie esperaba que esto de repente fuera el Sónar.

Deadmau5

SÁBADO

El sábado era el día grande de este FIB, el del sold out, el de los conciertos record de asistencia, pero el público para las ver a Las Kellies no era abundante – como todos los que los británicos no tienen muy controlados, o son megaéxitos nacionales como La Mala o Love of Lesbian -. La banda femenina de rock underground argentina dio una lección para aquellos que todavía piensan que hay pocas bandas de mujeres con guitarras, o que no son suficientemente fieras, las hay y buenas. Con un repertorio que va del post punk aspero al garage psicodélico con toques dub, incluso el punk más punk como en “Perro rompebolas”, nos dejaron un muy buen sabor de boca.

The Strypes ya no son unos desconocidos y son poseedores de unas buenas maneras apabullantes, por lo que nos sorprendió que tocaran tan pronto. Estos chavales irlandeses, herederos directos de Dr Feelgood, tienen estilo y carisma, y lo demostraron con temas como “Behind Closed Doors”, “What a Shame”, una versión de “Psycho Killer” o la magnífica “Scumbag City”, con la que cerraron un magnífico concierto.

Dinosaur Jr, son ya realmente unos dinosaurios pero no les queda nada de junior; esto solamente es referente a su veteranía, nada tiene que ver con su sonido o su actitud. Para verles había muchísima gente, pero muchos jóvenes esperaban a Liam Gallagher e incluso a Red Hot Chili Peppers, produciéndose casos de desconcierto por el ruido que aquellos dos abuelos sacaban de sus instrumentos; cosas de la brecha generacional. Igualmente, muchos también fuimos los que disfrutamos de una nueva demostración de Mascis, Barlow & Murph, solo había que girar el cuello y ver grupos de veteranos por todas partes agitando sus cabezas. Dinosaur Jr, incluso tras su retorno, han demostrado que les cuesta sacar discos malos –cosas de importarles un pimiento cambiar de registro-, por lo que pueden descargarnos “Tiny”, “The Wagon”, “Freak Scene”, “Little Fury Things”, “Feel the Pain” o “Start Choppin” y quedarse tan panchos, quedando todo tan empastado y dejándose fuera tantos buenos temas. Los tres estuvieron en su línea: Murph aporreando como un poseso, J Mascis atronándonos como el grandísimo guitar hero que es delante de sus torres de amplis Marshall y Lou Barlow saltando con el bajo por las rodillas o cantando sus temas como si el hardcore le arrebatara el alma.

Dinosaur Jr

En el Escenario VISA, La Mala Rodriguez se llevó el honor de ser el concierto español que más llamó la atención al público foráneo, pero es que su espectáculo no era para menos. La rapera sevillana vino acompañada por cuatro hiperactivas bailarinas que sumaban una fuerza visual enorme a un concierto forjado con los mejores ritmos urbanos que se pueden escuchar por aquí. En modo ametralladora de hits, pudimos escuchar desde “La Niña” a “Tengo un Trato”, pasando por su numerosa colección de singles. Bravo por La Mala, ¿Cómo es posible que no hubiera actuado todavía en el FIB?

Mala Rodríguez

Liam Gallagher depende de su legado en Oasis – nada que objetar- y bien conocedor de ello empezó ensamblando “Fuckin’ in the Brushes”, “Rock’n’roll Star” y “Morning Glory”, lo que enloqueció a las hordas británicas. Con la euforia del momento introdujo las canciones del que será el primer álbum con su nombre, “As You Were”, que se publicará en septiembre, pero nada de aquello aguantaba el peso de su apellido – a pesar de dos singles decentes como “Wall of Glass” o “Chinatown”-, por lo que intercalar otro tema de Oasis como “D’You Know What I Mean?” o el karaoke final con “Wonderwall” fue lo que sostuvo realmente el tinglado.

Surfin’ Bichos están de vuelta con motivo del aniversario de “Hermanos Carnales”, y a pesar de que la edad te hace perder frescura, la destreza atesorada por estos veteranos del protoindie y las ganas que le están poniendo, convierte sus conciertos en momentos memorables, como fue el caso. El suyo no fue un concierto de record, porque allí estuvimos los fans, bastantes pero no tantos para las cifras que se manejaron a lo largo del día. La coincidencia con Liam Gallagher –segunda actuación en afluencia de público en la historia del FIB–  y que tampoco nunca fueron un grupo de masas, lo hacía prever, eso sí, con la traca final de “Hermano Carnal” y “Fuerte” culminaron un concierto magnífico.

Surfin Bichos

Además del díscolo hermano pequeño de los Gallagher, el gran reclamo de la jornada eran Red Hot Chili Peppers, una banda que es de estadio desde más de dos décadas. La inclusión de RHCP en el cartel, supuso un aluvión de críticas de aquellos puristas de la música independiente que consideraban que los californianos, en su posición de grupo comercial de grandes masas, desvirtuaban la esencia del festival. Habría que preguntarse si los años en los que la poca afluencia de público estuvo a punto de hacer desaparecer el festival ellos estuvieron allí.

Red Hot Chili Peppers

Para tener una buena posición para ver a los Red Hot hubiera sido necesario mantener los pies clavados al suelo por lo menos tres horas antes –antes del concierto de Liam Gallagher-, por lo que tuvimos que verles de lejos – como la mayoría de gente- , aunque les escuchamos bastante bien –es increíble que escucháramos peor conciertos más cercanos-. En lo meramente musical, empezar diciendo que tanto Flea como Chad Smith están en una forma envidiable, que Anthony Kiedis se conserva suficientemente bien y que Josh Klinghoffer es un digno sustituto de John Frusciante, elementos todos imprescindibles para dar un grandísimo show como el que dieron. Gracias a Dios no se centraron en sus tres últimos trabajos, aunque tuvimos que escuchar hits blandengues como “Dani California” y un puñadito de temas de “The Getaway”, y repartieron buenas cartas como “Around the World”, “Californication” o “Under the bridge”, además de magníficas versiones de “I wanna be your dog” de The Stooges o  “Higher Ground” de Stevie Wonder. Para los bises, “Goodbye Angels” y un incendio final empezado con “Fire” de Jimi Hendrix y terminado en lo alto con “Give it Away”. Cumplieron las expectativas, aunque muchos esperaban verles más tiempo o más cómodos, pero esto es un festival, amigos.

Red Hot Chili Peppers

Tras el baño de masas, el Escenario Radio 3 era el refugio más cómodo –desgraciadamente- y tocaba Nudozurdo. El sonido de esta carpa no fue bueno en todo el festival, pero estos tipos consiguieron domarlo y hacernos disfrutar de la presentación de “Voyeur Amateur”, disco con el que, en formato trío, vuelven a las guitarras cortantes y las punzadas al corazón; emoción tensa de post punk de kilates y pulsiones de post rock emotivo.

Con prácticamente la repetición del concierto del año pasado de Biffy Clyro, cuando vinieron a presentarnos “Ellipsis”, terminamos nuestro recorrido. Entre canciones de este trabajo y del anterior “Opposites” se fue la mitad del set list, y es que esta nueva etapa más dulficada, es la que el público reclama y que ha llevado al éxito a esta banda de hard rock escocesa. Puede que esta deriva comercial provoque úlceras a sus seguidores más antiguos, pero todavía tienen una maestría instrumental indudable y es lícito querer alcanzar el éxito.

Biffy Clyro

DOMINGO

El brioso space rock de los gaditanos The Magic Mor, abría la última jornada de este FIB 2017 en el Escenario VISA, una propuesta interesante que por las horas y porque mucho público solamente se acerca a lo que conoce, no tuvo demasiado público. Ron Gallo ha sido una de las  agradables sorpresas de este FIB, este joven norteamericano y su banda dieron un tremendo concierto de garage y psicodelia sucia, apoyada en el fuzz y en los ritmos frenéticos; The Stooges, Ty Segall o Thee Oh Sees, podrían usarse como referencia para explicar su música. Disfrutamos mucho desde el primer segundo, pero la recta final con “All Punks Are Domesticated”, la versión de “You Gotta Be” de Des’ree y “It’s All Gonna Be OK”, nos pareció colosal.

The View es una banda que, tras una primera época esperanzadora, no llegó a cuajar en absoluto, manteniéndose en un perfil bajo hasta ahora. No obstante, ocasiones como esta, en las que están rodeados de compatriotas – había banderas escocesas por doquier-, es un buen momento para echar el resto y rescatar sus canciones antiguas más coreables. Eso hicieron y contra pronóstico fue un triunfo total. Ellos se lo pasaron bien, nosotros nos lo pasamos bien.

En el mismo sitio iba a tener lugar otro concierto mucho más esperado pero con un discurso mucho menos amable, el de Slaves. Estos tipos son agresivos y fieros, pero se llevan de calle a la juventud sedienta de letras del barrio con las que identificarse y ritmos y riffs potentes que les arrastren a lo físico. Isaac Holman cantando, tocando la batería y saltando y bailando como un demonio alrededor del fuego, y Laurie Vincent acuchillando riffs sobre los ritmos pesados de su compañero, son la mejor cara del punk del siglo XXI. Su directo fue de lo mejor de todo el festival, intenso de principio a fin, con pogos multitudinarios y momentos emocionantes como el público coreando a Jeremy Corbyn al estilo Glastonbury o Holman declarando que ellos son europeos.

Love of Lesbian se han convertido en maestros de festivales y grandes audiencias, por momentos, aquello parecía cualquier otro festival indie nacional menos el FIB por la cantidad de público joven español que coreando todas las letras; si los logos del Escenario VISA fueran los de cualquier otro de la docena que los catalanes acuden cada año, la foto hubiera sido la misma. El show de Santi Balmes y compañía – Ricky Faulkner sustituyó a Juanra Planell al bajo -, está rodado y estudiado al milímetro, e intercalar las nuevas canciones de “El Poeta Halley” con temas como “Allí donde solíamos gritar”, “Algunas plantas”, “Club de fans de John Boy” o “Los toros en la Wii (Fantástico)”, les lleva irremediablemente al triunfo seguro. En lo suyo son buenos, no hay duda, pero tiene que gustarte lo suyo.

En el Escenario Las Palmas ya empezaban los grupos encargados del fin de fiesta para disfrute de jóvenes británicos. Los primeros Years & Years, trío londinense que lleva casi cuatro años adueñándose de las pistas de baile pop electrónico. Tienen un rollito pegadizo, desprejuiciado y fresco que hace inevitable seguirles el ritmo, más cuando un Olly Alexander, de aspecto enclenque y frágil, te atrapa con su voz y su inverosímil madera de frontman.

Kasabian se han ganado ser cabeza de cartel a base de perseverancia – muchas bandas coetáneas han desaparecido o se arrastran – y porque está más que demostrado que la gente pide hits. Cuando parecían agotados, se pasaron a la electrónica del anterior “48:13”, ahora han vuelto al rock con “For Crying Out Loud”, así que con ese batiburrillo nos deleitaron la banda de un Tom Meighan a punto de morir por sarampión –actuó con abrigo- y Sergio Pizzorno. De estos dos últimos trabajos fue el grueso de las canciones del concierto, de las que salvamos “III Ray (The King)” o “Eez-he”, porque la distancia de los temas de estos discos a “Club Foot”, “LSF”, “Shoot the Runner”, “Vlad the Impaler” o “Fire”, con la que cerraron, es tremenda. En este concierto, el sonido fue un auténtico lastre – como en el de Los Planetas, o más todavía por el estilo de música – ya que no tuvo ningún tipo de punch, desluciéndolo por completo. Eso sí, la gente se lo pasó en grande, para eso había venido.

Lo mismo pasó con Crystal Fighters, se lo pasaron en grande a pesar de que alguien debería decirles que ya basta con esto del hippie rave. Lo indudable es que el público lo goza siempre con ellos y ellos explotan su espectáculo buenrollista hasta el límite de lo esperpéntico.

Crystal Fighters

En formato macrofiesta terminaba el FIB más multitudinario de la historia, un FIB que ha recuperado su músculo reinventándose hacia unos carteles mucho más comerciales y enfocados a lo que pide el actual público mayoritario joven. Está muy bien eso de recordar maravillosos viejos tiempos, pero la mayoría de los que lo hacen ya no van al FIB, o si lo hacen es en un número insuficiente como para hacerlo viable.