La comodidad y el espíritu hogareño son algunas de las señas de identidad de un Ebrovisión que tras diecisiete ediciones es una de los festivales referencia para los últimos coletazos del estío. Aparcamiento de sobra, cercanía de escenarios, ambiente y música en Miranda, método de pago tradicional con fichas (qué pocos festivales de estos nos quedan ya)… Aspectos extramusicales que hacen que uno se sienta cómodo en un festival que siempre logra superar en los escenarios su buen hacer.

Esta edición, encabezada por Ty Segall, Nada Surf y Love of Lesbian, también contó, como suele ser habitual, con una propuesta de letra pequeña igual de ambiciosa y heterogénea. En su primera jornada con unos Wolf y Julieta 21, que hicieron las delicias de los más madrugadores en la carpa del Bayas. Los primeros por medio de un concierto intimista que estuvo capitaneado por la magnífica voz de Elena Cortes; y los segundos, a través de un directo enérgico con un gran despliegue instrumental, en el que las guitarras fueron protagonistas en temas como “Antiestática” o su versión de “Algo que sirva como luz” de los baezanos Supersubmarina. Tras ellos, el rock adquiriría un protagonismo especial, por medio de la sobresaliente actuación de Franela, la banda de Ángel Carmona, y unos Biznaga (foto inferior) que son sinónimo de puro derroche sobre el escenario con temas como “Las brigadas enfadadas” o “Mediocridad y confort”. Tanto fue así que el propio Carmona tuvo que cederles su guitarra tras reventar la cuerda de una al poco de iniciar su concierto.

Lo propio harían el viernes bandas jóvenes como Loud, con un espíritu pop-punk noventero excesivamente marcado pero con todo un futuro por delante; The Limboos, que jugaron con la hora en contra pero desplegaron un setlist muy atractivo para el baile con temas como “Space mambo” o “Crazy rumba”; o Champagne y My Expansive Awareness que tuvieron que lidiar con una hora excesivamente temprana para contar con un aforo en condiciones. Otra cosa fue Luis Brea y El Miedo, que recientemente presentaba su nuevo trabajo en Sonorama, y en el que canciones como “Automáticamente” o su hit “Nueva generación” revelaron a una pequeña legión de fans en aumento. No hubo tiempo, por motivos de movilidad, de poder ver a Gold Lake. Disculpas.

Ya el sábado los más madrugadores pudieron presenciar a una de las revelaciones de este 2017, los catalanes Cala Vento. Con retraso desembarcaron en La Fábrica de Tornillos para ofrecer uno de esos directos incansables con “En cueros”, “Fetén” o “Isla desierta” como protagonistas de un ‘Fruto Panorama’ que es lo más fresco de este año. La demostración de que, con cierta maestría, a veces basta con guitarra y batería sobre el escenario. Igual de destacables fueron los shows de los vascos Havoc y Señores (foto inferior). Los donostiarras repasaron su último álbum con temas épicos como “Las cosas” o “La chica del tiempo”, que demuestran la evolución de una de las bandas con más empeño de los últimos tiempos en la zona norte; y los bilbaínos hicieron lo propio con temas nuevos “Margaritas” y algunos ya tradicionales como esa “Verbena en la plaza del pueblo” de anteriores trabajos, que tuvieron su cierre en “Carta de amor futura”. Pet Fennec y Kuve se encontraron de nuevo, ya en la carpa del Bayas, con poca afluencia de público pero brindaron directos de nivel como el derroche de estos últimos en canciones como “3.0”.

Ya en el terreno de las grandes apuestas del festival, tanto Ty Segall (foto encabezado) como Rufus T. Firefly, convencieron en la puesta de largo del jueves. Los primeros, en su única fecha en España, por medio de un show demoledor, en algunos tramos excesivamente psicodélico, y en el que repasaron buena parte de su carrera. Canciones como “In your car” del ‘Lemons’, “Caesar” del ‘Melted’ o “The drag” de ‘Horn the unicorn’ levantaron a una masa de fieles que sucumbieron al pogo en las primeras filas. Aunque quizás la hora para Rufus no era la más adecuada tras un show tan garagero, los de Aranjuez ofrecieron un directo intimista y ensoñador como viene siendo habitual por medio de temas como “Pulp Fiction” o “El halcón milenario” que tuvieron su colofón en “Río Wolf”, una de esas canciones que ya son eternas.

Arrolladores sonaron también León Benavente (foto superior) en la jornada del viernes con un show de lo mejorcito del panorama independiente nacional. Sonido atronador para canciones que fueron coreadas hasta la extenuación. Especial mención merecen “Tipo D”, que dio inicio, junto con los estribillos de “Aún no ha salido el sol” o “Gloria”. Tras el frenesí con León Benavente pasamos a una de las actuaciones más esperadas de la cita mirandesa, Nada Surf (foto inferior). Los neoyorkinos ofrecieron un directo íntimo a la par que bailable en el que hicieron un repaso a lo mejor de toda su discografía. “Whose authority”, “Weightless”, “Rushing”, dedicada a la “perfección física”, “80 windows” o “Always love” comandaron un setlist en el que no faltaron éxitos como “Popular” o esa “Blankest year” seguida a coro por el público. Los americanos, unos asiduos a nuestro país, no quisieron marcharse sin anunciar nueva gira para 2018 como homenaje a uno de sus grandes discos, ‘Let go’. También efectistas estuvieron Sidonie con un respetable en éxtasis pero con un setlist más preocupado del espectáculo que de las canciones. Entre tanta parafernalia, sobresalieron temas como “Siglo XX”, “El incendio” o el cierre con “Estáis aquí”. La jornada se cerró con The Whip, donde los más valientes pudieron desatarse con canciones como “Sister siam” o “The secret weapon”.

Ya en la última jornada, Corizonas deleitaron a los presentes con uno más de sus magníficos directos en el que “Falcon sleeps tonight”, “Piangi con me”, “Run to the river” o la más reciente “Luces azules” tuvieron la culpa. Tras ellos, unos División Minúscula que a pesar de regalar éxitos de siempre como “Sognare”, “Humanos como tú” o “Veneno es antídoto” se vieron demasiado perjudicados por no jugar en casa y por batallar previamente a los cabeza de la jornada. No podían ser otros que unos Love of Lesbian, apuesta y éxito asegurado por allá donde pasan. Aunque “Bajo el volcán” o “Cuando no me ves” sonaron como un tiro, no fue hasta canciones como “Allí donde solíamos gritar”, “Club de fans”, “Algunas plantas” y “Toros en la Wii” que el público brindó su mejor versión de saltos y coros. Y como no hay festival sin cierre a lo grande, el encargado de dar por finalizada la cita mirandesa fue Joe Crepúsculo con su show festivo y machacón en el que las recientes “Pisciburguer”, “Te voy a pinchar” o “Música para adultos” sirvieron de antesala para el colofón triunfal de “Mi fábrica de baile”.

Y por si alguno se pregunta quién era el “Grupo sorpresa” que anunciaba el cartel de Ebrovisión y que a tantas conjeturas llevó en los días previos. Diremos que ofrecieron un show en el que versiones como “Heroes”, “Boys don’t cry” o “Don’t look back in anger” se encontraron con las melodías de “Ayer” o “Indestructibles”. Tan de estar por casa se debieron sentir los chicos de La Habitación Roja en La Fábrica de Tornillos que llegaron a confundir incluso el nombre del festival por otra cita castellana como es el Sonorama, que al igual que Ebrovisión, consiguen situar a Burgos en el top geográfico de la música nacional en directo.