Ayo Silver! ha exhibido más ambición que nunca en la cuarta edición de Lurrazpiko Festa, que comenzó el viernes en la sala Dabadaba. Los powerpoperos valencianos Star Trip defendieron muy bien, y a tres voces, su discazo homónimo; el madrileño (Hugo) Sierra impuso una oscuridad deudora de los Cure; sus paisanos Tigres Leones (en foto inferior) animaron el cotarro con su pop garajero repleto de urgentes e infalibles melodías, y la propuesta densa e impactante de las portuguesas Pega Monstro mereció mejor suerte.

El Coleta (en foto inferior) llegó escoltado por dos agentes de la Benemérita recibidos al grito de “Alde hemendik” (fuera de aquí). Su rap macarra de Moratalaz sedujo incluso a quienes reniegan de ese estilo, pero disfrutan con las referencias ochenteras que colapsan sus versos –Curro Jiménez, El Jero, Sito Miñanco, El Torete…–. José Antonio de la Loma y Eloy de la Iglesia, próceres del cine quinqui, estarían orgullosos de un tipo que tras el chándal, la riñonera y las gafas de espejo atesora un discurso crítico y muy serio.

La merendola del sábado incluyó dos actuaciones en el Dabadaba: en su parte más lúdica, el techno-pop de Betacam recordó a Milkyway y en la más lírica, a Perales o Aute, mientras que el garaje psicodélico de los texanos Heaters fue un trallazo que a media tarde entró mejor que un emparedado de nocilla con chorizo de Pamplona.

El sarao se mudó a Gazteszena, que rozó el lleno con 600 asistentes. La sala pequeña se quedó ídem para recibir a artistas deudores del espíritu ecléctico y desacomplejado de Ayo Silver!: la calidad y el underground son las únicas líneas rojas. Hubo electrónica vintage con el asturiano Diego García, hardcore y math con los valencianos Betunizer y R&B peligroso con los gabachos Les Grys-Grys, cuyo frontman se jugó el gaznate encaramado a un bafle. No faltaron el rap contagioso del madrileño C Tangana, el kraut tenebroso y timbalero de los valencianos Siesta! ni el punk de tintes experimentales de los ingleses Sauna Youth: los tapados del festi desataron la euforia y el pogo más salvaje en el concierto más sorprendente de la noche.

El-Coleta-Lurrazpiko

El escenario grande lo inauguró el rock dislocado de Joseba Irazoki, chamán beratarra que debería ser declarado patrimonio nacional de la música euskaldun. Single jugó en casa ante una legión de seguidores que fibrilaron con ‘El chotis de la mujer’ y ‘Amor… amar’, irresistibles versiones de Vainica Doble y Camilo Sesto, y con himnos propios como ‘Posponías’, ‘Me enamoré’ o ‘Mr. Shoji’, interpretados con su habitual elegancia por la diva Teresa Iturrioz y el talentoso Ibon Errazkin, ambos de riguroso blanco –vestido grecolatino ella, traje y turbante él–. Después volverían para cantar con Hidrogenesse ‘No hay nada más triste que lo tuyo’, dedicada a los ponis jubilados de Igeldo: antes, los catalanes había repasado su novísimo disco, ‘Roma’, en una divertida sesión para superfans del pop petardo y los estilismos imposibles.

Las chicas yeyé de Juniore gustaron a unos por su refinado ‘savoir faire’ pero dejaron fríos a quienes pedían más ‘charme’ sonoro. El portentoso trío estadounidense Night Beats tiró de fuzz en su aquelarre picodélico y al final Kokoshca (foto superior) avanzó piezas de su próximo álbum: deberá ser excelente para superar pepinazos como ‘Directo a tu corazón’, ‘La fuerza’ o ‘No volveré’, que provocaron la invasión del escenario por parte de decenas de espectadores que cantaron y bailaron en feliz comunión con los navarros. Fue el enésimo instante de júbilo de un festival redondo que ha dado un salto de gigante en cuanto a público y cartel artístico; y ello con un presupuesto exiguo y sin ayuda institucional ni de Donostia 2016. Gora Ayo Silver!

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