El viernes 21 de julio amaneció radiante para recibir los primeros trallazos nacionales de Zombi Zú, Stormy Mondays y Meteosat, pero no fueron estos, ni tampoco Urusei Yatsura, los auténticos protagonistas de estos primeros compases. Tuvieron que llegar los tres componentes de Muse para que empezáramos a calentar nuestros motores internos. Duros, emocionales e intensos lograron superar la losa Radiohead con creces. Tras los ingleses nos acercábamos por primera vez al enorme escenario, habilitado al aire libre, para ver a una Ani DiFranco que, como consecuencia de su último álbum -“To The Teeth”-, se nos mostró demasiado ornamentada. A Sólo Los Solo les tocó bailar con la más fea al coincidir con un Beck que solamente sorprendió a quienes no le habían visto en su reciente gira por nuestro país. Presentó su nuevo “Midnite Vultures”, vertiendo una buena dosis de funk desbocado y soul sideral, pero con un acabado algo descafeinado. En cambio los escandinavos Gluecifer demostraron con su hard-punk-rock repleto de guiños que son la mejor respuesta europea a los americanos Supersuckers. Más tarde con Pet Shop Boys nos pasó lo que con Beck. Protagonizaron un show que nos resultó demasiado familiar, eso sí, se dejaron los bailarines en casa y su única presencia sobre el escenario le restó vistosidad. Tras el baño nostálgico, corrimos a ver a un Henry Rollins que, bajo el influjo de su “Get Some Go Again”, nos sorprendió al combinar la misma imagen, actitud y fiereza de siempre con una banda de rock duro de puro cuero que desgranaba canciones repletas de salvajes riffs de apenas unos minutos. La noche estaba servida, pero todavía pudimos escuchar cómo los franceses Rinoçerose nos encandilaron con su multitud de texturas, los mexicanos Titan nos abrumaban con su enchilada electrorock y David Holmes nos decepcionaba por no utilizar su extensa colección discos y ofrecer una sesión algo lineal.

El segundo día del festival tenía como actuación mañanera más interesante a los ingleses Hefner, quienes ofrecieron un concierto en el que pesó más su actitud de “pasaba por aquí y me he subido al escenario” que las ganas de hilvanar el show a su altura habitual. Las letras de Zebda son simples, sus coreografías también, su música es resultona, pero la unión de todos los personajes de la banda conforma un cauce de energía positiva que inundó a toda la audiencia. A partir de ahí, pocas sorpresas. Molotov atronaron en exceso, La Habitación Roja volaron a gran altura, 7 Notas 7 Colores en su habitual línea y Paul Weller presentó el más previsible de sus álbumes con una actitud de demasiada soberbia y poca entrega. Manta Ray, perfectos como de costumbre, y Sandy Dillon protagonizó la marcianada del día con su extraña combinación de imagen punk y su country-rock emocional. Pasadas las doce de la noche, Biohazard y Tindersticks coincidían separando al festival en dos bandos. Los últimos rayaron lo sublime en un show intenso. Finalmente, la actuación de los británicos Manchild se convertiría en otra de las grandes sorpresas del festival. Big beat, funk, dance y rock en la coctelera y un resultado realmente esperanzador para un grupo novel. La intermitente lluvia del domingo respetó las actuaciones, aunque obligó a ciertos retrasos. Sin embargo, su siempre molesta presencia azuzó hasta lo inimaginable al maestro, lo cual no impidió que Lou Reed arrasara. Su histórica actuación, junto a las de Gómez y Leftfield, fueron motivos más que suficientes para no perderse el tercer día. El neoyorquino pervirtió su “Vicious”, apabulló con “Dirty Boulevard”, descendió a los infiernos con “Sweet Jane” y cerró con el broche dorado de “Perfect Day”, todo ello con una actitud tan salvajemente roquera que algunos todavía intentamos recuperarnos. De la representación estatal de ese día destacaron unos Macaco que siguen en alza, unos Hamlet que presentaban el flamante “El Inferno”, unos M-Clan todavía en lucha por acomodar en su repertorio las nuevas y las viejas canciones y, especialmente, Freak XXI. Su directo y brutal metal electrónico demostró tener nivel internacional. Por su parte, Dover y Fangoria estuvieron a su altura habitual, completando un cartel más efectivo de lo que parecía a priori.