Una noche bastante desapacible meteorológicamente hablando pero que no minó el entusiasmo de lo asistentes que disfrutaron de dos propuestas conceptualmente distintas. Abrieron Fantini, banda formada por Manu Quintanal y Carlos García Cortázar miembros de los Clientes de la Noche o los extintos Algunos Hombres Buenos. Optan por el formato trío, con las percusiones disparadas mediante un portátil, lo que les permite un mayor control sobre las cuidadas texturas que desarrollan encima del escenario y que sirven de manto para su planteamiento intimista. No faltaron “Balín”, “Destino Woodstock”, o “Psico”, tema este último que transmite con acierto esa asfixiante y entrópica atmósfera de la imaginería Lynchiana de la que dicen beber. No en vano, tras pronunciar “las Lechuzas no son lo que parecen”, prosiguieron con un interludio que no sumergió de lleno en el universo Twin Peaks para enlazar con “Laserquest”, corte que pondría final a su primera incursión en Santander.

A continuación subió Depedro, Jairo Zavala, sin banda, sólo una guitarra y su voz para defender los temas de la forma más desnuda y más pura posible. Está claro que Jairo siempre ha sido, en el mejor de los sentidos, un “Chico listo” con más tablas que una carpintería, y ha sabido conjugar en su música elementos que gustan a un público de dispar perfil, lo que unido a una honestidad y una ética de trabajo encomiable hace que tenga una entregada y fiel parroquia que se hace cientos de kilómetros para asistir a esta ceremonia en la que se festeja no sólo la música sino el trabajo bien hecho.
Tras una tríada infalible formada por “Como el viento”, “Valiente” y “¿Hay alguien ahí?”, cambió de tercio contando con la colaboración de Jordi Montero al violín para una memorable “Nubes de papel”. A estas alturas ya tenía a la audiencia comiendo de su mano, manejando las dinámicas a su antojo y creando silencios sepulcrales cuando la liturgia de sus composiciones así lo requería. Durante su actuación desgranó un total de dieciocho canciones abarcando toda su discografía, incluida la desgarradora “Con toda palabra”, su sentido homenaje a la malograda artista canadiense Lhasa de Sela, que aparece en la versión en vinilo de “Pasajero” y en su reciente EP “Acuérdate”. No faltaron clásicos de su repertorio como “Diciembre”, “La memoria”, o “Llorona” con la que se retiró unos instantes para dar paso a los bises compuestos por tres temas, y dando por finalizada su actuación al ritmo de la muy solicitada “Comanche”.
En definitiva, un derroche de talento y saber hacer por parte de un músico con oficio y un artista en mayúsculas.