“Como el viento” nos arrastra Jairo Zavala AKA Depedro en cuanto pisa el escenario, provisto de guitarra, ojos de aguas internacionales y patillas transfronterizas. Su doblete en Bilbao se anuncia como “solo y en acústico”, y la premisa puede parecer un tanto abrumadora. La desnudez de una guitarra y letras que calan. Entre el público, abundan féminas en grupo y parejitas. Uf. Una mujer con un churumbel colgado tipo mochila me pregunta, según me aproximo al Satélite-T, a ver dónde está “la sala T o algo así, que hay un concierto”. Una que es buena samaritana venida a menos duda en desviarla en dirección contraria, pero allí nos juntamos todos, en familia.

Depedro no está solo en absoluto. La sala atestada le corea todos los oes y ues que hagan falta y algunos/as se atreven a desafinar sin complejos. El sonido impoluto de la sala también acompaña, y viste. La cercanía de este trotamundos afable nos hace sonreír y volver a confiar -un poco- en esta humanidad trasnochada.

Presenta su último y exquisito trabajo, “El Pasajero” (Warner, 2016), cuyas letras tarareamos ante la sonrisa cómplice del músico. Sobrecogedora coda improvisada con el público en “Valiente”. Deja caer el ya clásico chiste a mitad de canción en “¿Hay algo ahí?”: “Aquí la banda hace maravillas, pero claro…”, bromea. Cubrimos ese hueco con unos chasquidos de dedos al unísono (más o menos).

En verdad, él solo se basta para encandilar a los presentes. Casi no se echa en falta a la gran banda de la que es parte, Calexico, ni a sus colaboradores, léase Amparanoia, Fuel Fandango y Bunbury, entre otros ilustres. Sí que hay un invitado esta noche de jueves “que parece sábado”, según Depedro. Se le une Lucas Álvarez de Toledo, también conocido como Pez Mago, en la onírica y alentadora “Nubes de papel” y la dulce “Te sigo soñando”. Una foto de un paragüas en Instagram llevó a Depedro a deducir que su colega se encontraba en Bilbao. El xirimiri les unió, pues. Generoso, da pie al artista invitado a hacer promo de su concierto en la Villa e incluso le invita a tocar uno de sus temas. “Borrar los mapas viajando solo”, canta en uno de sus versos, muy apropiado para describir a su anfitrión.

De nuevo a solas, brutal la fuerza creativa que desprende en “DF”, dedicada a México: “Mucha energía para allá”; tras dudar un segundo, añade, “y para aquí también”. Cuenta con un colaborador de lujo en el álbum, Bunbury, a quien, sobra decirlo, el tema le viene como anillo al dedo. Depedro aprovecha un cambio de guitarras a mitad de canción para entonar a capela sus letras que, cuando se funden con las cuerdas vocales del público entregado y las de su guitarra, llenan de energía nuestras mentes vacías.

La aparente sencillez de las melodías de “El Pasajero” que tan bien nos sientan son el resultado de más de tres años de minucioso –que no manufacturado- trabajo. Y se nota. Tras unas sublimes “Déjalo ir” y “El Pescador”, una pareja que se reía de sus propios chistes en Dolby Surround decide salir a fumar. Dios bendiga la ley antitabaco, por una vez. Les deseo lo mejor, pero no quiero verlo (padecerlo). Sobre todo si delante, sobre el escenario, Depedro le canta a “La Memoria”: “He oído que hay mucha gente que está cansada de pan y circo…”.

Conciliador, hace un llamamiento a derribar muros y a conectar culturas en “Panamericana”, e invita al diálogo en la versión “Con Toda Palabra” de Lhasa de Sela, incluida en su reciente EP “de colaboraciones y tributos” “Acuérdate”.
Se despide no sin antes cumplir con las peticiones de los fans: “Levanta”, “La Casa de Sal” y “Llorona”. Vuelve para los bises y se interesa en si tendremos transporte público para regresar a casa. “¡Vamos andando!”, responde un espontáneo.

“¡Y el cielo reviente!”, canta enérgico en la guerrillera “Chilla, que tiemble”, que dedica a Barcelona, gesto que recibe una gran ovación. Exultante y empapado en sudor, el espalda mojada sufre un lapsus en “Equivocado” (ironías del destino). “¡Se me ha olvidado (la letra)!”. Pide el comodín del público y aquí no ha pasado nada.

Pez Mago vuelve de su pecera para despedir la velada con la pegadiza “Comanche”. “Tío, ¿has visto ya mi documental?”, se interesa Jairo, en alusión a “Casamance”, que narra su periplo por Senegal junto al periodista musical Ángel Carmona. Tras hacerse un poco el loco (“¿Está en Netflix?”), Lucas toca los primeros acordes de “Blister In The Sun” de Violent Femmes. “¡Esta es de mi época!”, entra al trapo enseguida Depedro, viajero incansable y autostopista esencial. Si se le encuentran en alguna carretera perdida, paren el coche y llévenle donde les diga. No se arrepentirán.