En los últimos años la fecha de Madrid ha venido siendo el acto central de todas las Fiestas Demoscópicas, el concierto en el que los firmantes del disco del año para nuestra publicación le dan la alternativa a una serie de bandas que se encuentran dando los primeros pasos de su carrera. En esta ocasión el evento tenía además un carácter especial por varios motivos, pero por uno muy especialmente: la edición 2017 inevitablemente ha estado marcada por el enorme vacío que ha dejado el fallecimiento de Gata Cattana el pasado jueves 2 de marzo.

Si la vida no fuera tan injusta y caprichosa en algunas ocasiones Ana Isabel García habría estado con nosotros sobre las tablas, celebrando la música en general y más concretamente el inicio de una carrera artística que prometía apasionante. Ana nos ha dejado, y esa es una realidad a la que por desgracia nos tenemos que acostumbrar. Pero ayer ella estuvo más presente que nunca en los corazones de todos los que acudimos al Teatro Barceló, donde se le rindió un homenaje con un minuto de silencio y la intervención de su amigo Juancho Marqués. Roto por la emoción, el Suite Soprano leyó un poema que le escribió a Gata la misma noche de su fallecimiento y posteriormente interpretó De la tierra, su colaboración con la artista cordobesa. Fue un momento muy duro a la par que mágico, porque desde la mesa se disparó la pista de voz original de Gata Cattana junto a la base del tema, y de esta forma todos los presentes (entre los que se encontraban sus familiares más cercanos y amigos) pudimos sentir como Ana cobraba vida durante unos minutos para acompañarnos a todos.

Aproximadamente treinta minutos antes Esmeraldo habían abierto fuego en la que hasta el momento ha sido una de las escasas apariciones en directo del proyecto de Santi Templeton, acompañado de Eliza “Caliza” a los teclados, Arturo “Juché” a la batería y Luis Fernández al bajo (omnipresente toda la noche: pisó el escenario con los tres grupos). Su versión del Extraños juegos de los Zombies da  pistas de por donde se conduce este proyecto de pop sofisticado que a la hora del directo gana en pegada en detrimento de algunos matices. Algo lógico teniendo en cuenta que las cinco canciones que hasta hoy conocemos de Esmeraldo se grabaron con Santi ejerciendo de hombre orquesta y explorando todas las posibilidades del estudio. Pero ya sea apostando por ese formato banda por el que parece que se van a encaminar sus siguientes pasos o las versiones plagadas de efectos y detalles de producción de Campamento flúor EP, lo que resulta evidente es el impacto inmediato de esos dos hits subterráneos que son Kenji, el robot y Última emoción.

Tras Esmeraldo y ese paréntesis que fue el homenaje a Gata Cattana llegó el momento de Juventud Juché, autores del segundo mejor disco del 2016 para esta publicación y para los que hace tiempo que se han agotado los elogios. En directo el trío es puro músculo y hueso, una máquina perfectamente engrasada a partir de plantamientos estéticos radicales (Massacre, This Heat o la no wave…). Su puesta en escena renuncia a cualquier truco más allá de la cruda exposición de las canciones y ha conseguido el milagro de multiplicar concierto a concierto el número de fieles, que temas como Defensa se coreen con el puño en todo lo alto. Su concierto suponía además una de los últimas oportunidades para verles en un largo periodo de tiempo. La marcha de Javi a otro país por motivos laborales abre una incógnita sobre cuál será el futuro de un grupo que se encuentra en estos momentos en estado de gracia. Lo que no deja de ser una señal, otra más, de su manera de afrontar esta aventura: a tumba abierta.

Contrasta en ese sentido la filosofía como grupo de los madrileños con la de Triángulo de Amor Bizarro, que siempre han trabajado en pos de la profesionalización aunque eso nunca se haya puesto por delante de sus principios éticos y estéticos como banda. Y los resultados, algo más de una década después de su nacimiento, a la vista están. Hace tiempo que los directos de TAB han dejado de ser una masa informe de ruido para convertirse en un ejercicio de demolición controlada con puntos de enganche tan poderosos como Baila Sumeria o Estrellas místicas. Con las primeras filas entregadas al pogo y un ambiente definitivamente festivo la banda convirtió la recta final en una verdadera celebración, invitando a dos Juventud Juché a sumárseles en El crimen: cómo ocurre, cómo remediarlo e Isa proponiendo a varias mujeres que la acompañasen sobre el escenario para contrarrestar el exceso de testosterona a su alrededor. En otro contexto y de otra forma, un comentario como el suyo hasta podría sonar desafiante. En su caso el detalle se convirtió en motivo de celebración, otro más, porque el verdadero desafío se centra en algo mucho más importante: llevar su música siempre unos cuantos pasos más allá, hasta el límite de lo imposible.