El Dcode es un festival con un tipo de público que acude a la cita del Complejo Deportivo Cantarranas para pasar un fin de semana de música y diversión con una actitud muy relajada hacia todo lo que le rodea si lo comparamos con el típico público de festival independiente. Mucho Erasmus, mucho universitario y poca pose moderna. Se trata de un paisaje seguramente potenciado por la inclusión en el cartel de grupos para el gran público como The Killers y por el hecho de que el festival se haya trasladado al mes de septiembre y se celebre en el corazón de la Universidad Complutense. Todo un acierto, la democratización de los festivales de música.

Abrieron la tarde Le Traste, Niños Mutantes, Napoleón Solo, Dinero, unos reivindicativos Dorian (leyeron un manifiesto contra la subida del IVA en el ecuador de su actuación) y los preciosistas Kings Of Convenience (en un escenario que, a ratos, se hacía inmenso para una propuesta tan íntima, que ellos fallidamente se empeñaron en convertir en una fiesta de campamento), fueron el preámbulo de la primera actuación multitudinaria de la noche. dEUS se dieron un baño de masas. Propuesta macarra y hasta cierto punto trasnochada, pero que el público disfrutó de lo lindo gracias a la excepcional pegada de los belgas y con la actitud chulesca de Tom Barman mientras se sucedían canciones de su nuevo disco, “Following Sea” (sonaron “Girls Keep Drinking” o “Sirens”), alternadas con éxitos pasados como “Suds & Soda”. Su actuación se pisó durante más de la mitad del show de The Shoes, quienes divirtieron al personal con facilidad, aunque la reinterpretación de su disco en directo busca algo que no acaban de conseguir. Vamos, que no son LCD Soundsystem aunque quede claro que les gustaría.
Acto seguido, en el escenario pequeño daba comienzo la actuación de la neozelandesa Kimbra, superventas en Australia con su disco de debut, “Vows”, y conocida en España por poner voz en la onmipresente canción de Gotye “Somebody That I Used To Know”. Echando mano de buenas canciones (destacaron “Two Way Street” o “Something In The Way You Are”) y una gran interpretación vocal, Kimbra se metió al público en el bolsillo con sus constantes intervenciones en castellano y con una actitud hipermotivada y bailona, apoyada por un grupo de escrupulosa factura profesional. Divertida y prometedora, pero con demasiadas ganas de agradar con todo lo que no es primordial, en contraste absoluto con la ceremoniosidad y el recogimiento con que Sigur Rós (en la foto) saltaron acto seguido al escenario grande. Quizá conscientes de que ellos eran el grupo principal de la noche, seguramente preocupados por la mala experiencia vivida la semana anterior en un festival en Isle Of Wight, pudimos ver a unos Sigur Rós especialmente responsables y con aires de grupo grande de verdad. Iluminación escasísima y presencia fantasmagórica y tímida de Jónsi, pero quién necesita armas de otro tipo cuando cuenta con un arsenal sonoro como el de los islandeses, que hicieron un repaso de sus títulos míticos (sonaron majestuosas “Hoppípolla”, “Sæglópur” o el cierre con Popplagið’), dejando de lado las nuevas composiciones menos conocidas (únicamente sonó “Varúð” de su reciente “Valtari”). Maravilla y arrebatamiento onírico que, en el escenario grande, dio paso a la fiesta que no lo fue tanto de Justice (de más a menos, seguramente las intenciones del dúo francés eran las de provocar un desmadre mayor que el que tuvo lugar), quienes ofrecieron una actuación en la línea de la que presentaron en el barcelonés Primavera Sound. En el escenario Heineken, cerraron la noche los gallegos Triángulo de Amor Bizarro, que sonaron con fuerza y presentando nuevo material, y Joan S. Luna a los platos.

La jornada del sábado empezó con fuerza gracias a tres grupos de personalidades muy distintas, pero con propuestas sólidas. Syberia, con sus ambientes pesados, Fira Fem y los siempre efectivos Cápsula. La primera banda internacional fue Django Django, quienes reprodujeron prácticamente su disco de debut al completo con simpatía, solvencia y no demasiadas sorpresas. En el escenario Heineken se sucedieron Lüger y The Right Ons, ambas formaciones con directos sin fisuras que únicamente se resintieron cuando, en el escenario grande, empezaron los conciertos de Supersubmarina y The Kooks. Con los andaluces y los británicos empezó el baño de multitudes. Ambos grupos funcionaron frente a una audiencia que cantó muchos más temas de los que incluso se esperaba en una jornada presidida por The Killers. Supersubmarina no sonaron con mucha fuerza, pero eso no impidió que la gente cantase con ellos, les vitorease y lanzase alaridos cuando anunciaron que volverían a Madrid en pocas semanas. The Kooks han crecido mucho, tanto que su repertorio no quedó para nada eclipsado cuando se atrevieron a versionar a Foster The People con el propio Marc Foster como vocalista invitado. Es decir, que justificaron sobradamente su plaza en la parrilla del sábado. Ahora bien, poco podían hacer frente a The Killers, auténticos cabezas de cartel de todo el evento si atendemos a la respuesta de la audiencia. Y encima esta vez se comportaron como tales. Los primeros conciertos en España de los estadounidenses siempre les mostraron algo apocados y un punto grises, pero el tiempo ha pasado, han ido cargando conciertos y experiencia a las espaldas y la lista de hits ha aumentado. Brandon Flowers ha pasado a convertirse en la estrella que siempre tuvo que ser, manejándose con soltura y captando la atención de la gente en todo momento. Obviamente, “Human” supuso uno de los grandes momentos de histeria colectiva de todo el Dcode 2012.
Tras ellos, Kill The Hipsters en el Heineken y Eme en el escenario principal pusieron a todo el mundo a bailar, los primeros a base de electro bruto y la segunda combinando pop y electrónica.